lunes, 2 de septiembre de 2013

Declaración del III Encuentro Latinoamericano de Fe y Política


Clic para agrandar la imagen

Lunes 2 de septiembre de 2013

A 25 años de resurrección de Monseñor Leonidas Proaño

Pachamama, agua, territorio y territorialidad en contextos de capitalismo global y alternativas desde la fe de los pueblos

Animadas y animados por la fuerza espiritual de nuestros mártires y profetas, por la fortaleza de los pueblos aimara, quichua, quechua, nonam, embera y afroamericanos, en el 25 aniversario de la resurrección de monseñor Leonidas Proaño, nos reunimos en Quito, Ecuador, 52 organizaciones indígenas, afrodescendientes, mestizas, teólogas y teólogos, mujeres y hombres solidarias y solidarios del mundo, provenientes de los pueblos de Bolivia, Ecuador, Perú, España, Costa Rica, Cuba, Panamá y Colombia, a ver, juzgar y acordar líneas de acción en torno a la Pachamama, el territorio y la territorialidad en contextos de capitalismo global.

Vimos, escuchamos, sentimos con indignación, pero también con esperanza, las denuncias y la creativa resistencia de las comunidades de Cajamarca, Perú, de Alto Guayabal en Colombia, que resisten a la voracidad de la minería transnacional en sus territorios.   Escuchamos también con perplejidad el avance en Ecuador de monocultivos de brócoli en territorios indígenas en Cotopaxi, el momocultivo de palma aceitera en Esmeraldas y la profunda preocupación por el anuncio de explotación petrolera que afecta la reserva del Yasuní; la expansión del monocultivo de soya en el área fronteriza de Bolivia con Paraguay; la expropiación de comunidades indígenas en Panamá para la extensión ganadera y, en Colombia, la explotación petrolera en la zona de reserva de la Perla Amazónica, la ocupación de tierras para el puerto de Agua Dulce en Bajo Calima, el avance de la palma aceitera, el banano plátano de exportación y la minería extensiva en territorios de las comunidades negras de Curvaradó y Jiguamiandó, el desarrollo inconsulto de obras de infraestructura vial en el Cacarica, por parte de transnacionales y algunos gobiernos, afectando las fuentes de agua, fracturando los procesos comunitarios, amenazando la soberanía alimentaria.

Tomamos conciencia (gracias al acierto metodológico que combinó los testimonios directos de las víctimas resistentes con los análisis locales y globales) que estos casos no son aislados, sino que ilustran la voracidad del capitalismo, que en los últimos diez años pretende resolver su crisis financiera, ambiental, energética, ecológica, alimentaria adquiriendo tierras en todo el mundo para la extracción minera y de petroleo, la producción de agrocombustibles, alimentos para animales, el negocio de la conservación, la explotación de bosques y el negocio de la alimentación.

Esta etapa del acaparamiento de tierra desplaza con violencia a los propietarios verdaderos de las tierras, destruye con sus maquinas lugares sagrados de las comunidades, contamina fuentes de agua e intensifica el desarraigo de niñas, niños, jóvenes que se ven presionados a abandonar el campo y acrecentar los cinturones de miseria en la ciudades.

Estas inversiones del capital están respaldadas por militares que adelantan políticas de consolidación en los territorios, comprendidas dentro las llamadas Iniciativa Regional Andina, Plan Mérida y ahora la Alianza del Pacífico.  Frente a esta presencia militar, apoyada por los Estados Unidos y la Unión Europea, se fortalecen bloques alternativos de integración continental como el Alba, Celac y Unasur, que deben acercarse cada vez más a las organizaciones y movimientos sociales que resisten en nuestros pueblos.

Constatamos también, que las comunidades, ante esta arremetida del capitalismo acaparador, han denunciado su situación y movilizado la solidaridad del mundo, constituyendo formas creativas de organizar el territorio para resistir a los desplazadores y preservar la diversidad de vidas en ellos contenidas.  Se articulan en agremiaciones con otras organizaciones sociales, salen a la calle a mostrarle a sus ciudadanos el valor de la tierra, la amenaza a la soberanía alimentaria y la destrucción ambiental que provocan los tratados del libre comercio.  Así mismo se movilizan para constituir gobiernos que garanticen la vida, la autodeterminación y la dignidad de los pueblos.

Foto:justiciaypazcolombia
Juzgamos, discernimos, oramos que la espiritualidad de la tierra va mas allá de las religiones específicas y que está a la base de las tradiciones indígenas, afrocolombianas y lo más auténtico de las tradiciones religiosas.  Que todas ven la tierra como una herencia que no puede ser mercantilizada, que pertenece a las divinidades dadoras de la vida, que debe ser consentida como madre que ofrenda vida a sus hijos e hijas y posibilita la reproducción de todas las vidas.

En ella se basa la ley de origen de nuestros pueblos, es Pacha Mama en quechua, Machs Amititg en nonam, y Dayira Papa Drua en embera.   Nuestros pueblos originarios viven en la naturaleza, sus ritos nos comunican con lo profundo, la raíz, con la territorialidad que somos: fuego-sol, agua-sangre, viento-aliento, tierra-cuerpo.

En la Biblia es don de Dios, herencia, por eso Nabot no quiso venderla a al Rey Ajab, quien, como todos los acaparadores, se vale de la ley que mata y del engaño de los corruptos para apropiársela a fuerza de crimen.  En Jesús es lugar del pan, del pescado, del vino, alimentos que el Padre Dios entregó a todas sus hijas e hijos en medio de la tensión por la voracidad de otros reinos expropiadores, como ocurrió en su tiempo con el reino de Roma, al que Jesús opuso el Reino de Dios, aquel orden divino que busca garantizar la comida bendita, repartida y donada para todas en el aquí y en el ahora.

Estas plurales espiritualidades nos mueven, en consecuencia, a avanzar en la recuperación y defensa de la tierra como un derecho común de todos los pueblos.  Acción estratégica que, con tanta fuerza y convicción, adelantan las comunidades presentes en nuestro encuentro pero que las trasciende en la tarea global de garantizar la sobrevivencia de las hijas e hijos de Dios Padre y Madre.  Nos invita a ser valientes, a dejar el miedo y mostrarnos como lo que somos, hijas e hijos suyos, de la Madre Tierra, afirmando nuestra espiritualidad y defendiendo los territorios.

Profetas y profetizas nos han precedido en la defensa de los territorios e interceden y por esta causa.  Palabras de monseñor Leonidas Proaño resuenan en el corazón: “busco en todas partes luchadores por la Paz y por la Vida.  Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la invasión y la locura de unos hombres conviertan a nuestro planeta tierra en un luna muerta, en un cementerio del espacio”.  Junto a él Oscar Romero, Dorothy Day, Luis Espinal, Héctor Gallego, Jorge Gerardy, Yolanda Cerón, Camilo Torres, tantas y tantos que se entregaron hasta el último aliento.  Ellas y ellos caminaron antes que nosotros hacia la construcción de una sociedad en la que la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad, la autodeterminación, la vida y la dignidad de los pueblos sean posibles.

Nos motivamos a la acción, a pasar de los dichos a los hechos, en lo micro, reconociendo el papel de la mujer, recuperando las prácticas agroecológicas, la educación intercultural bilingüe, el reciclaje, la recuperación y siembra de semillas propias como quinua, morocho, chuchica, muyoco o aoca, la recuperación de la vestimenta indígena, las artesanías, la musica originaria, las danzas, los tejidos, las hierbas medicinales, las parteras y los médicos tradicionales.  Todas y todos debemos buscar tener nuestro “pedacito” de tierra, así vivamos en ambientes urbanos.

Asumimos la tarea de articulación con otras redes nacionales e internacionales de defensa de los territorios, que construyen alternativas a la globalización del mercado, al acaparamiento de tierras.  Acordamos motivar la movilización social contra la extranjerización, buscando legislaciones en nuestros países que la impidan en la práctica y para exigir inversión en favor del pequeño productor con acceso, control y uso de la tierra desde la autodeterminación de los pueblos, buscando que se cancelen los tratados de libre comercio donde los hay.

Actuamos desde la convicción de que los territorios son lugar articulador de la exigencia de los derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo, al medio ambiente sano y a un entorno libre de la militarización.  Acompañaremos, también, acciones directas no violentas de recuperación material del derecho a la tierra y haremos alianzas con quienes trabajan por la justicia agraria, laboral y ambiental.

Nos unimos a las construcciones del movimiento social boliviano apoyado por su presidente indígena en la búsqueda del poder del Estado para campesinos, indígenas y afrodescendientes en el que todas y todos quepamos; en el trabajo por una revolución agraria que garantice la posesión y autodeterminación de nuestros pueblos sobre los territorios como lo dice la Cloc-Vía Campesina.

En este encuentro nos hemos solidarizado con la movilización agraria y popular en Colombia, en la que participan indígenas, afrodescendientes y mestizos campesinos y otros movimientos sociales; también con las aspiraciones de sectores del pueblo ecuatoriano de preservar la Reserva Forestal del Yasuní.

Proponemos a las y los creyentes de la España indignada por el capitalismo, víctima, también, de la burbuja inmobiliaria y otras expresiones de la crisis del capital, que celebremos nuestro 4º Encuentro Fe y Política en su resistente país, como un paso más del trabajo en redes para la articulación de las resistencias de los pueblos victimizados por el modelo.

Suscribimos en Quito, en la Universidad Andina Simón Bolívar, a los 31 días del mes de agosto de 2013

Acción Ecológica - Ecuador
Asociación Cristiana Liberación Imbabura - Ecuador
Asociación de Llamingueros INTIÑAN de Chimborazo -Ecuador
Asociación Sembradores de Paz Inzá, Cauca - Colombia
Asociación de Familias de los Consejos Comunitarios de Curvaradó, Jiguamiandó, Pedeguita y Mansilla y Santa Rosa de El Limón - Colombia
Comisión Ecuménica de Derechos Humanos del Ecuador, CEDHU
Centro Evangelio y Liberación - España
Centro de Auto Liberación Luna Sol - Ecuador
Centro de Formación de Misioneras Indígenas de Ecuador - Ecuador
Centro Kichwa Puka Rumi – Arajuno - Ecuador
Comisión Intereclesial “Justicia y Paz” - Colombia
Comunidades Eclesiales de Base de Quinindé - Ecuador
Comunidades Eclesiales de Base de Ecuador - Ecuador
Comunidades Eclesiales de Base - Bolivia
Comunidades Eclesiales de Base de Bogotá - Colombia
Comunidades Eclesiales de Base de Medellín - Colombia
Comunidad de Vida y Trabajo La Balsita de Dabeiba - Colombia
Comunidades de Autodeterminación, Vida, Dignidad del Cacarica, Cavida - Colombia
Comunidad Santo Tomás Madrid - España
Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos Tupac Katari, Rodolfo Machaca - Bolivia
Confederación Pueblos Kichwa Ecuarani - Ecuador
Consejo Comunitario del Río Naya - Colombia
Contexto - Bolivia
Coordinación Popular de Derechos Humanos de Panamá, Copodehupa - Panamá
Corporación Centro Loja de Promoción y Apoyo a la Mujer - Ecuador
Escuela de Formación Permanente Taita Proaño - Ecuador
Estudiantes Indígenas de Yuracruz Imbabura - Ecuador
Fraternidad Carlos de Foucauld
Fundación Pueblo Indio de Ecuador - Ecuador
Fraternidad Carlos de Foucauld - Ecuador
Guadalupanos - Ecuador
Grupo de Mujeres de Tierra Nueva de Imbabura - Ecuador
Grupo Oscar Arnulfo Romero de Cuba - Cuba
Jambi Huasi - Ecuador
José Arregi, Teólogo - País Vasco
Misioneros Claretianos - Ecuador
Misioneros por la vida de Colombia - Colombia
Movimiento de laicos y laicas de Colombia - Colombia
Movimiento Mons.  Proaño de Loja – Ecuador
Organización de Mujeres Juana Azurduy de Padilla - Bolivia
Organización “Guamán Poma” Cotopaxi – Ecuador
Parroquia San Pedro y San Pablo Limones, Esmeraldas – Ecuador
Parroquia Calderón, Quito – Ecuador
Pastoral Penitenciaria Tulcán - Ecuador
Red Ecuménica del Agua – Consejo Mundial de Iglesias
Resguardo Humanitario Nonam Alto Guayacán Bajo Calima - Colombia
Resguardo Humanitario
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad Oscar Romero
Unión de Organizaciones Campesinas Independientes de Ecuador, UECIPE
Universidad Politécnica Salesiana Quito - Ecuador
Universidad Laica Eloy Alfaro - Ecuador
Vicariato Apostólico de Esmeraldas - Ecuador
Zona de Reserva Campesina de la Perla Amazónica, Putumayo - Colombia


Fuente: http://justiciaypazcolombia.com/Declaracion-3er-Encuentro

Ver también:
Tercer encuentro latinoamericano “Fe y Política” y Fe y política latinoamericanas (Crónica, Ecuador)


miércoles, 28 de agosto de 2013

Martin Luther King, el Gandhi afroamericano


Memorial de Martin Luther King en Washington D. C.
Foto:WFU.edu

La década de 1960 fue un tiempo de grandes transformaciones, de sueños hechos realidad, como la llegada del hombre a la Luna, de utopías juveniles como el mayo francés o la primavera de Praga, pero también de pesadillas como el apartheid, la amenaza nuclear y la crisis de los misiles. Fue la década en que surgieron los hippies y el amor libre, la conciencia ecológica y la música de The Beatles, mientras la televisión se convertía en el medio de masas de la aldea global. En este escenario, se produjo esa extraordinaria cruzada a favor de los derechos civiles de los afroamericanos liderados por un pastor baptista que proclamaba la no violencia, y hablaba de sueños y tierras prometidas.

"Desde muy joven decidí dar mi vida por algo eterno y absoluto.  No por los pequeños dioses que están hoy aquí y mañana se han ido, sino por Dios, que es el mismo ayer, hoy y siempre" (Rediscovering lost values, febrero 28 de 1954).

"Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en la realidad.  Por eso creo que el bien, temporalmente derrotado, es más fuerte que la maldad triunfante" (Acceptance speech at the Nobel Prize, diciembre 3 de 1964)

"La discriminación es un perro infernal que ladra a los negros en todos los momentos de su vida para recordarles que la mentira sobre su inferioridad es aceptada como verdad en la sociedad que los domina" (discurso en la Southern Christian Leadership Conference, agosto 16 de 1967)


Martin Luther King (1929-1968) era en cierto modo un predestinado. Había nacido en Atlanta, Georgia, en el interior de una familia cristiana, y estuvo desde muy niño imbuido del espíritu religioso de esa iglesia negra sureña, de cánticos y sermones encendidos; sin embargo, también vivió en carne propia la maquinaria de la discriminación en la sociedad de Estados Unidos, donde el mundo había sido partido en dos, entre blancos y negros, entre privilegiados y excluidos.

En 1954, se hizo cargo de una iglesia baptista en Montgomery, Alabama, y ahí inició su prédica por los derechos civiles. Se puso a la cabeza de miles de afroamericanos que boicotearon el sistema de buses de la ciudad debido a un incidente que marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad: el arresto de una mujer negra, Rosa Parks, quien se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en el autobús, tal como lo mandaba la ley. Durante 382 días, hombres, mujeres y niños afroamericanos caminaron por las calles sin subir al transporte municipal, hasta que la ley segregacionista fue abolida, un triunfo que no estuvo exento de acciones represivas y de atentados contra la casa de Luther King y otros líderes de la resistencia.

A diferencia de personajes como Malcolm X o grupos como las Panteras Negras, que proponían la violencia, el ojo por ojo, como respuesta a la discriminación, Luther King empleó otro tipo de fuerza: la resistencia pacífica. Y lo hizo siguiendo el modelo de Mahatma Gandhi: “Fue la figura que lo inspiró”, dice Mbare Ngom, profesor de la Universidad de Morgan, en Baltimore (Estados Unidos), quien el lunes pasado dio una charla sobre Luther King en el ICPNA de Miraflores (Lima), como parte de las actividades del Mes de la Historia Afroamericana. “Él supo estar ahí y galvanizar toda esa energía, toda esa cólera, llevándola por otro territorio, el de la no violencia. Esto jugó a su favor”, afirma el académico.
Estudiante atacado con perro policía
en Alabama en 1963 (foto:TCC.edu)
“El país se horrorizó cuando vio cómo unos ciudadanos desarmados que solo querían marchar de una ciudad a otra eran golpeados por la policía con una fuerza desproporcionada, perseguidos con gases lacrimógenos y perros”.

“Todo esto despertó a mucha gente que no quería ver el problema de la segregación racial”, agrega Ngom. Un papel trascendental jugó la emergente televisión de los sesenta, que llevó las terribles imágenes a todos los hogares de la clase media estadounidense.

Para 1963, después de numerosos arrestos, atentados y asesinatos contra ciudadanos afroamericanos por parte de la policía y organizaciones extremistas, ya existía plena conciencia en amplios sectores de la sociedad y la política de Estados Unidos de que la discriminación racial debía llegar a su fin.

Fue entonces cuando Luther King encabezó la gran marcha por el trabajo y la libertad a Washington. En las afueras del Capitolio, ante 250 mil personas venidas de distintos estados, pronunció su célebre discurso “Tengo un sueño”. “Era un orfebre de la palabra. Su sueño significaba igualdad, inclusión y eliminación de la pobreza. Él quería ver al hijo del antiguo esclavo y al hijo del antiguo dueño de esclavos sentados juntos en la misma mesa de la hermandad”, afirma Mbare Ngom.

En 1964 le dieron el Premio Nobel de la Paz, pero nunca dejó de ser ese sencillo pastor baptista, hogareño y sensible a los problemas de su comunidad: “Era una persona generosa”.

“El día que lo asesinaron, cuando fue a apoyar a los trabajadores que recogían la basura en Memphis, no tenía que estar ahí, pues estaba enfermo y le habían recomendado quedarse en cama, pero cuando le dijeron que había personas que querían oírlo, se levantó y fue a verlas”, relata Ngom.

Como una premonición, le había dicho a la multitud en el Mason Temple: “He visto la tierra prometida, pero es posible que no llegue ahí con ustedes”.

Horas después, el 4 de abril de 1968, fue asesinado por un francotirador de un disparo en la cabeza. Tenía solo 39 años.

¿Conspiración?

Se ha escrito mucho sobre la muerte de Luther King, sobre si el autor confeso, James Earl Ray, fue el verdadero autor del disparo o si existía detrás una conspiración.

El profesor Ngom señala: “Al principio, hubo sospechas de que el FBI era parte de la conspiración, porque Ray primero confesó y más tarde se desdijo. Hasta ahora no se sabe si fue el acto de un individuo o de alguien que actuaba como parte de una conspiración. A mí no me sorprendería ninguna de las dos posibilidades”.
King por poco no incluye la frase ‘Tengo un sueño’

Clarence Jones, de corbata negra,
detrás de Luther King en 1963 (Foto:NPR)
Clarence Jones estaba a 15 metros de su jefe, Martin Luther King Jr., en un día soleado de 1963 cuando King pronunció el discurso que cambiaría para siempre las relaciones raciales en Estados Unidos. Hoy, 50 años después, Jones recuerda que las palabras “tengo un sueño”, no estaban en el texto que King preparó y comenzó a leer ese día. De repente, King recuperó una frase que había usado antes con poco impacto, según Jones, abogado, confidente y escritor de discursos de King. El discurso fue pronunciado ante 250.000 personas que acudieron a Washington D.C. en una marcha a favor de los derechos civiles, en un momento en que era ilegal que negros y blancos se casaran en muchos estados, y unos meses después de que manifestantes en Alabama fueron atacados con perros de la policía y mangueras de incendios.
Jones contó que los primeros siete párrafos los leyó tal cómo él los escribió y “todo lo que dijo después fue espontáneo”.
Una pieza retórica de poderosos efectos
Uno de los más bellos discursos de la historia lo pronunció aquel líder integracionista negro que desde las gradas del Lincoln Memorial sacudió los cimientos de una nación. Era el 28 de agosto de 1963 y más de 250 mil personas se habían congregado para escuchar las palabras de Martin Luther King. La potente voz de King rugió desde las bases del monumento de Abraham Lincoln: “Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto significó un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia”.
Policías empujan a los manifestantes
en Mississippi, 1966 (Foto:Lipstickalley)
Procuró dar consolación a los asistentes: “Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde, en su búsqueda de libertad, han sido golpeados por la tormenta de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policial”.
La pieza oratoria no hizo concesiones al agotamiento: “Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país”.

No podría ser sino un discurso de reconciliación: “Hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”.

Luego dijo a toda voz: “Hoy les digo a ustedes que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano”.

Se refería al sueño de la libertad y de las oportunidades, aquel que Thomas Jefferson plasmó en la Declaración de Independencia.

De allí la frase de King: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Desgarra, asimismo, el giro que toca en torno al futuro de sus hijos: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”.

Jorge Paredes Laos y Raúl Mendoza
Suplemento El Dominical
EL COMERCIO (Perú) / GDA / REUTERS


Las frases de la presentación de El Tiempo las tomaron de La Tercera (Santiago de Chile)

lunes, 26 de agosto de 2013

Un afro-sacerdote dedicado a promover el respeto por la diferencia

Los valores de Chocó para el mundo

Emigdio Cuesta nació en una región de Colombia donde no existen fronteras. Sólo se debe cruzar el rio Atrato en panga por cinco minutos y se puede pasar de Chocó a Antioquia y viceversa. De padre chocoano y madre antioqueña, Emigdio Cuesta entraña los valores de una región de Colombia en donde los de aquí y los de allá son uno solo: son primos, amigos, hermanos, familia.

Nacido en 1964 en Bojayá (Chocó), Emigdio Cuesta aprendió desde niño que entre ese municipio y Vigía del Fuerte (Antioquia), solo existía hermandad y el rio atrato como avenida fluvial. “En este sector, los chocoanos y los antioqueños compartimos la cultura negra. No hay frontera departamental. Allá todos somos parientes, familiares, conocidos”, afirma él sin vacilar.

Desde su origen, Emigdio Cuesta entraña también los valores de una región en donde la alegría, el trabajo, el respeto por la naturaleza, la solidaridad, el valor de la palabra y el valor del presente hacen parte de una visión de la vida, de una forma de relacionarse con el mundo. “Para mi ser chocoano y atrateño es una cultura, es un modo de ver el mundo, una manera de entenderse con los otros. Hay muchas cosas ahí que me gustan y que no quiero perder”, asegura con orgullo.

Por eso, a pesar de la unidad y la familiaridad con que se vive en esta región de Colombia, al cumplir 18 años, Emigdio decidió pasar en panga desde Vigía, donde sus padres lo llevaron a vivir desde los 7 años, hasta Bojayá para que en su cédula quedara registrado su origen chocoano. “Yo tengo una identidad chocoana arraigada y quería que eso quedara claro en mi cédula”.

Ese origen que lleva con orgullo a donde vaya, lo aprendió de su padre, Don Porfirio, agricultor y pescador que participaba en cuanta reunión comunitaria se hacía en el pueblo. Desde organizaciones de acción comunal, hasta organizaciones de velorios, novenas, entierros y consultas. Hijo de una familia de 10 hermanos, Emigdio aprendió entre Vigía del Fuerte y Bojayá costumbres como la de “Mano Cambiada”, hacer trabajos compartidos entre vecinos, o el trueque de alimentos, el valor de la palabra, el disfrute de la luna llena en una noche en canoa entre Quibdó y su pueblo, a disfrutar de una fiesta entre vecinos sin violencia, el valor de la solidaridad y el pensamiento colectivo por encima del individual. “De niño recuerdo que varias veces una familia quitaba la madera que separa las habitaciones de sus casas, para aportar para hacer la caja de un difunto, no importaba quién fuera, ni de dónde viniera”.

Esos mismos valores los ha ido llevando en su camino por el mundo como sacerdote, religioso y misionero de la comunidad del Verbo Divino, un camino que eligió a los 18 años cuando salió del colegio, en principio por pura curiosidad y no por llamado divino, como él mismo confiesa: “No hubo nada de llamados especiales ni del espíritu andando…sólo sentí curiosidad, entré y me fui quedando”.



Ser afro dentro de la iglesia, ser afro dentro de la sociedad


El padre Emigdio Cuesta no es sacerdote común y corriente. No tiene parroquia, no usa alba ni cleriman, no impone el evangelio. Prefiere “compartir con otros y otras su experiencia de fe” y cuando celebra misas, en lugar de alba usa túnicas de colores vivos, y en lugar de cantos tradicionales, invita grupos afrodescendientes para que bailen cumbias, abozaos o currulaos, ritmos de la región pacífica y de la región atlántica de Colombia. Él mismo participa de los bailes al final de la misa. Desde su ordenación como sacerdote, decidió vestirse diferente para hacer honor a su origen africano y se ordenó con una túnica que mandó a hacer especialmente para esa ocasión.

“A mí me parece que el reconocimiento y la visibilidad del pueblo afro y de sus valores, de su diferencia comienza por ahí…no es simple excentricismo…digamos, ¿por qué no se puede vestir uno como africano?...además, el negro y el gris son colores aburridos, en cambio, los colores africanos son vida, son fuerza, son alegría y los puedes ver de lejos…”, explica el padre sobre su decisión de vestir con colores alegres dentro y fuera de la Eucaristía. Sin embargo, no han faltado los sacerdotes que se niegan a celebrar con él, por sus túnicas de colores.

Desde su papel como sacerdote católico, el padre Emigdio Cuesta Pino siguió construyendo un mundo donde todos seamos iguales, respetando nuestras diferencias, una apuesta que ha tenido alegrías y dificultades. “Al principio no fue fácil para mí. A los tres meses ya quería devolverme para mi casa porque me sentía raro siendo el diferente del seminario, aunque nadie me discriminara yo sentía que me miraban cómo raro, como que ‘¿De dónde sacaron este espécimen?’”, recuerda entre risas, sobre sus primeros días en el Seminario cuando alcanzó a arrepentirse y a creer que sus padres tenían razón cuando le dijeron que “ser cura era solo para blancos”. Llegó a la iglesia católica en un momento de renovación y la congregación del Verbo Divino fue de las primeras en recibir personas afrodescendientes en sus seminarios.

Gracias a un consejero español entendió que ser el único afro que había en ese momento en el seminario podía ser una oportunidad de trabajar por los de su etnia y desde entonces, ese ha sido el fundamento de su trabajo, la razón de ser de su apostolado. De toda su región, él y otro coterráneo, el padre Óscar Córdoba, son los únicos sacerdotes. “Después de esa crisis empecé a reafirmar poco a poco mi ser afro y después me fue gustando…me fueron gustando las dos cosas: por un lado el ser afro y ahora sí gozándome el ser distinto, y por otro lado, el ser afro dentro de la iglesia, y el ser afro dentro de la sociedad”, asegura el padre.

Desde entonces, el padre Emigdio asumió el trabajo por la dignificación de su etnia como una apuesta. Ha estado siempre vinculado con la Pastoral Afrocolombiana, participa en la Comisión de Vida Religiosa Afro y ha promovido la celebración de las eucaristías afrocolombianas, una celebración que se caracteriza por su alegría, su colorido, la participación y su sentido de hermandad.

Como parte de su búsqueda, decidió realizar su experiencia pastoral en África con la intención de encontrarse con sus raíces. Durante dos años, entre 1991 y 1992, compartió con los habitantes de Botswana donde aprendió que son muy distintos a los colombianos pero tienen un origen común, por eso no duda en afirmar que “De esos momentos felices que uno puede hablar en su vida, es el encuentro con un africano en un país extranjero. El encuentro produce algo aquí adentro como que este y yo somos familia, este y yo nos hemos visto en algún lado, este y yo tenemos algo en común…sentimos que hay empatía”.

A finales de los 90’, durante la época más dura del conflicto armado, fue vicario parroquial en su región, en Vigía del Fuerte, entre 1994 y 1999, y con el párroco de Bojayá, el sacerdote Jorge Luis Mazo (Q.e.p.d), lideró el fortalecimiento de las organizaciones juveniles del medio Atrato y la creación de tiendas comunitarias que garantizaran el autoabastecimiento de los pobladores en una época en donde “los únicos que andaban por el río eran los ‘paras’, los guerrilleros, y los misioneros”, como él mismo recuerda. En 1999 regresó a Bogotá por miedo a perder su vida, luego de que su amigo y colega, el padre Jorge Luis Mazo fuera asesinado llegando a la ciudad de Quibdó en un bote donde él mismo iba a viajar el día anterior.

Aunque muchos cuestionan su forma de ejercer el sacerdocio para él “la iglesia tiene un campo de acción que va más allá de una parroquia”, y recuerda que más allá de evangelizar, quiere transformar la vida de los otros a partir de una actitud de alegría y servicio pues uno de sus postulados reza: “Uno tiene que vivir significativamente para alguien, para poder ser recordado. Ese es el verdadero significado de la resurrección”.



Un cura afro en el movimiento de derechos humanos


Al llegar a Bogotá, el padre Emigdio continuó con su apostolado “mostrando que dentro y fuera de la iglesia lo afro es una gran riqueza”. Al llegar a Bogotá después de los días de guerra en el Atrato, emprendió de nuevo la labor del fortalecimiento de la pastoral afrocolombiana y en el 2005 fue delegado por su comunidad religiosa para hacer parte del movimiento afrocolombiano. En el 2005 fue delegado como secretario ejecutivo de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas – CNOA y desde allí promueve junto con las organizaciones afrocolombianas, procesos de construcción participativos, interlocución e incidencia política.

La apuesta desde la CNOA ha sido hacer incidencia política y visibilizar lo afro en distintos espacios políticos: “Muchas veces asistimos a un espacio simplemente para levantar la mano y decir: ‘Aquí estamos los afro’”.

Como Secretario ejecutivo, ha logrado posicionar la Conferencia como un interlocutor válido para hablar de las necesidades, los aportes y los derechos de la población afrocolombiana. Promovió la inclusión de la CNOA en las plataformas de derechos humanos, convocó a las organizaciones a realizar su plan estratégico, busca recursos y promueve espacios construidos entre todos. “No me interesa que nadie diga ‘Esto lo hizo el padre Emigdio’, me interesa que digan: “Esto lo hicimos entre todos, en la CNOA”.

Su llegada al movimiento de derechos humanos, como defensor de los derechos del pueblo afro, ha sido parte del recorrido que inició cuando empezó su vida sacerdotal en comunidades de base. Como integrante de la Mesa de organizaciones afrocolombianas y de otros espacios a los que asiste para llevar la voz de los afrodescendientes, parte de la base de que “siempre hay otra posibilidad de encuentro. Si no nos entendimos hoy, podemos entendernos mañana” y desde ahí, no duda en afirmar que hoy, la CNOA se ha constituido en un espacio de diálogo, concertación y paz.

Al preguntarle si estaría dispuesto a irse para otro país, el padre Emigdio, el padre chocoano, de túnicas de colores y togo (sombrero africano), no duda de afirmar: “Aquí me quedo. Me gusta Colombia a pesar de sus contradicciones. Tengo suficientes razones para amarla. Espero que algún día podamos sentir que es un país de todas y de todos”.

viernes, 12 de julio de 2013

Celebración episcopal de la canonización de la Madre Laura




La Iglesia católica hizo un llamado a la unión nacional y a la paz entre los grupos armados.  Invitó a pedir este don de Dios por intercesión de la Madre Laura Montoya, primera santa colombiana.  En la celebración estaban presentes la mayoría de los obispos de Colombia, un buen número de sacerdotes y misioneras lauritas, además de una gran muchedumbre que llenó la catedral.


La celebración dio espacio a los indígenas y a los afro para que visibilizaran su cultura y su espiritualidad y religiosidad.

 
La Pastoral Afro de Bogotá cantó una adaptación de "Vení a comé" para Santa Laura y le dedicó un alabao junto a sus reliquias.





martes, 9 de julio de 2013

Comunicado de la Diócesis de Quibdó (Colombia) sobre serie de televisión


LOS TRES CAÍNES EN BOJAYÁ
“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32)

La serie Los tres Caínes, que en el mes de junio fue vista por miles de colombianos en el Canal RCN, tiene muchas tergiversaciones y errores históricos inaceptables. La Diócesis de Quibdó quiere hacer aclaraciones para beneficio de la comunidad chocoana y de Colombia en general, para evitar que después de once años se olvide la verdadera historia.

En los capítulos sobre la masacre de Bojayá, que costó la vida a 79 personas –incluidos 44 menores de edad-, esta serie comercial se basa en los testimonios malintencionados de los responsables de los trágicos hechos que enlutaron al Chocó, al tiempo que desconoce el punto de vista y el relato de las víctimas sobre los reales sucesos del 2 de mayo del 2002. Al hacer la serie faltó una investigación más profunda, no se recogieron testimonios de sobrevivientes, se distorsionó el papel profético de la Iglesia y el valor de la comunidad civil en medio de la guerra. El libreto muestra a guerrilleros y paramilitares aguerridos, una Iglesia cobarde, una comunidad débil y unos hechos erróneos.


La verdad es que la Iglesia chocoana fortaleció su trabajo apostólico desde los años 80, impulsó las organizaciones campesinas y la promoción de los Derechos Humanos ante el conflicto armado creciente en la región. Estas organizaciones y el valor civil de los campesinos fueron claves para mitigar el impacto de la guerra. La Iglesia, fiel a su compromiso evangelizador –a pesar de las críticas-, acompañó siempre a las comunidades, animó a sus líderes, acompañó a los resistentes, acogió a sus desplazados, interpeló a las instituciones, apoyó los retornos, denunció los abusos de todos los grupos armados, legales e ilegales, y selló su compromiso con la sangre de varios religiosos martirizados por los paramilitares en el Atrato. Fue este compromiso valiente con los humildes del Chocó lo que le valió el reconocimiento de la sociedad colombiana, que le otorgó el Premio Nacional de Paz en el año 2005.


La Iglesia y las organizaciones comunitarias manifestaron en reiteradas ocasiones su rechazo a la presencia de las guerrillas de las FARC y los paramilitares en la región, denunciaron sus abusos y advirtieron sobre los riesgos de la confrontación armada en medio de la población civil. Unos y otros hicieron caso omiso. Por otro lado, también se hicieron repetidos llamados a las instituciones del Estado para que hicieran presencia efectiva en el lugar. Se denunció la connivencia de la Fuerza Pública con los paramilitares y a finales de abril se dio la alerta temprana sobre el enfrentamiento inminente.

Muchos habitantes de Bellavista decidieron libremente refugiarse en el templo parroquial y en la casa de las Misioneras Agustinas en busca de protección. Los habitantes rechazaron los intentos de los paramilitares de refugiarse también allí y de usarlos como “escudos humanos”. Los misioneros de Bellavista enfrentaron con valor profético –unidos a los líderes del pueblo- los abusos de los actores armados. Ellos llamaron en vano la atención a las FARC sobre el riesgo de usar armas no convencionales al apuntar en dirección a los lugares en donde se refugiaba la población indefensa.


Esta verdad debe brillar ante la manipulación de la memoria histórica, para beneficio del pueblo, de sus organizaciones y para hacerle honor a sus mártires. Ojalá nuevas producciones más comprometidas con la verdad puedan registrar la memoria de las víctimas y hacer claridad para que un capítulo tan doloroso como este no se repita en nuestra historia.

¡Rechazamos la manipulación de la historia del pueblo chocoano!

¡No al olvido y a la pérdida de la memoria histórica de nuestro pueblo!

Que el Dios de la vida siga bendiciendo nuestro compromiso evangelizador.


Quibdó, en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo de 2013.


Templo de Bellavista, Chocó (Colombia)

Fuente: Diócesis de Quibdó en Facebook (implica  estar registrado para ver)


miércoles, 3 de julio de 2013

Taller Bíblico Afro en la Pastoral Afrocaleña




TALLER BÍBLICO:

TEOLOGÍA ESPIRITUAL AFROAMERICANA


Dirigido a grupos parroquiales, Comunidades del SINE, Jóvenes, Catequistas, grupos de oración y sacerdotes, religiosos y religiosas trabajando en sectores con mayor población afro.


SÁBADO 6 DE JULIO DE 2013


LUGAR:  CENTRO DE PASTORAL Y ESPIRITUALIDAD AFROCOLOMBIANA DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CALI

CALLE 44 # 41D- 21 - Barrio Unión de Vivienda Popular

Cali, Colombia


HORA:  2:00 pm - 6:00 pm

Se concluye con la Eucaristía Afro en la parroquia de San Antonio


PONENTE:

P. Neil Alfonso Quejada Mena, delegado nacional de Pastoral Afrocolombiana   P. Neil Alfonso Quejada Mena
Delegado Nacional de Pastoral Afro


INVITA:  Pastoral Afrocolombiana de la Arquidiócesis de Cali


ENTRADA LIBRE - LLEVAR BIBLIA


--

PASTORAL AFROCALEÑA
Centro de Pastoral y Espiritualidad Afrocolombiana
Calle 44 No. 41D-21
Barrio Unión de Vivienda Popular
Tel. 327 14 39
Cali, Valle - Colombia

pastoralafrocali@gmail.com
www.pastoralafrocali.blogspot.com
http://axe-cali.tripod.com/cali/