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lunes, 10 de agosto de 2015

¿Por qué el Papa Francisco envió una carta al Obispo de Buenaventura - Colombia?

El Centro Afro CAEDI, reproduce a continuación la descripción del trabajo pastoral de monseñor Epalza, obispo de Buenavuentura, realizado por el portal elpacifista.co, con ocasión de la carta enviada por el Papa Francisco en día pasados al obispo colombiano.

Monseñor Héctor Epalza de niño quería ser militar. “Mire como el Señor me cambió la cosa, donde terminé. Cuando niño yo era tan tremendo. Cambiaba una oración que me rezaba mi abuela diciendo ‘llama a los demás pero no me llames a mí’ y vea: fruto de mi invento y de mi petición, no solo resulté sacerdote sino obispo”, dice mientras sonríe en su oficina junto a la catedral.
Tomada de pacifista.co
Ese niño tremendo que nació en Convención, Norte de Santander, y que a los 14 años llegó a Cali a estudiar en el seminario mayor, se convirtió en la voz de Buenaventura. La voz de los negros, de los indios, de los pobres, de las víctimas de una violencia que desde hace décadas parece haberse enquistado en el principal puerto del país. Una voz pausada pero fuerte. Un hombre de 1,60 de estatura pero un gigante de valor.

Y el hombre modelo 40, cómo dice él, cumplió este mes los 50 años como sacerdote. En Buenaventura, la ciudad a la que llegó hace once años, le organizaron un homenaje para agradecerle su trabajo social. No era para menos, por primera vez un cura del puerto había sido exaltado por un papa. Desde Roma, Francisco, el papa revolucionario, como muchos le han llamado, envió una carta en la que felicitó al obispo por su valentía y trabajo con los desamparados y las víctimas.
Epalza se ha convertido en la voz de los habitantes de una de las ciudades más golpeadas por la guerra y la pobreza. Una ciudad en la que, solo en la última década, han asesinado a 1.901 colombianos, han desaparecido a 475 personas y desplazado a 152 mil… Una ciudad que tiene nueve ríos y no tiene agua potable las 24 horas.

Allí, en su oficina junto a la catedral o cuando realiza sus visitas semanales a las parroquias de la ciudad (tiene 21), es rodeado por hombres, mujeres y niños. Unos lo abrazan, otros buscan consuelo. Y así se entera de esa realidad de muertos, desaparecidos y extorsionados. Todos los días celebra una misa en la catedral San Buenaventura y desde el púlpito denuncia los horrores de esta guerra.

En enero pasado, en el aniversario de la muerte del obispo monseñor Gerardo Valencia, precursor del trabajo con las comunidades negras, Héctor Epalza alzó una vez más la voz. “La violencia todo lo destruye. Todo lo acaba. Ahora vienen las elecciones a la Alcaldía, al Concejo, a la Asamblea y a la Gobernación. Buenaventura necesita líderes comprometidos. No esos que dicen aquí vengo por lo mío. Eso no es servir al pueblo sino saquear al pueblo. Por eso les pido no vendan sus votos por dinero”, predicó.
Tomada de pacifista.co
Pero sus denuncias no las ha hecho solo desde el púlpito. Manuel Bedoya, líder de los pescadores artesanales, recuerda cómo monseñor les ha cantado la tabla a diferentes funcionarios del Gobierno, tanto nacional como local.

En uno de esos encuentros, recuerda Manuel, estaban “con la viceministra del Agua, que anunciaba la realización de varias obras para que tuviéramos agua en el plan 24×24 (en 24 meses agua las 24 horas) y monseñor se paró y le dijo: ‘Así no son las cosas, es que no nos han cumplido con los acuerdos’. Nosotros sentimos que mientras monseñor esté aquí el Gobierno va a pensar que nos tiene que respetar. El mes pasado se fue hasta el parlamento de Cataluña a denunciar los proyectos de expansión portuaria”.


“Yo soy servidor de este pueblo. Al Gobierno le ha importado es el puerto y no la ciudad, la gente ha sido un cero a la izquierda (…) Buenaventura sufre, ha sido excluida y marginada. Queremos una inclusión. Las sociedades portuarias aportan al fisco $4 billones y el Ministerio de Trabajo el año pasado le impuso a una de ellas una multa de $1600 millones por no pagarle bien a sus empleados (…) Mientras exista este perverso modelo que ha enriquecido a unos pocos, como lo dijo el Papa Francisco, la pobreza no va a disminuir. No necesitamos migajas para el obrero sino una economía solidaria”, afirmó ante un grupo de diputados de Cataluña, en España.

Manuel Bedoya dice que monseñor continuó con la obra de Gerardo Valencia, muerto hace 40 años y al que llamaron el ‘Obispo Rojo’ o ‘El Hermano Mayor’. El líder de los pescadores lo conoció y recorrió con él los ríos con programas de alfabetización. Ahora, recorre con monseñor Epalza los barrios del puerto y asisten a reuniones del Comité por la Marcha para enterrar la violencia.

En febrero del 2014, diferentes organizaciones sociales se unieron para hacer una marcha y pedirle a Colombia que pusiera sus ojos en Buenaventura. La violencia era cada vez peor. Entre el 2013 y el 2014, según un informe presentado por Human Rights Watch, se encontraron los restos desmembrados de 33 personas. Y aunque el obispo y otros líderes llevaban meses denunciado la existencia de las llamadas ‘casas de pique’ (descuartizamiento), todas las autoridades lo negaban.

“Ese es el dualismo de Buenaventura. Una realidad oficial que es una maravilla y otra realidad, real y dolorosa, que es la del miedo, de las barreras invisibles, la gente confinada, las mafias, la extorsión, el reclutamiento de los niños sicarios para las bandas y la guerrilla. Esa es una realidad que está allí. Yo digo insistentemente que la verdad es la que liberará a Buenaventura de esta situación”, denunció monseñor en el 2013.
Tomada de: evangelizadorasdelosapostoles.files.wordpress.com

El miedo por la violencia de los grupos armados colmó la taza de los bonaverenses. Ese 19 de febrero, una marea vestida de blanco marchó contra los muertos, contra la indiferencia de un país que los ha olvidado, de un país que solo mira al puerto, más no a la ciudad, más no a su gente. Esa marcha, liderada por Epalza, fue el inicio de un proceso de resistencia que hizo que el Gobierno enviara a sus ministros y nombrara un gerente para el Pacífico.

El obispo se ha convertido en la voz de los que no tienen voz. Su voz tiene el tono de resistencia, de la lucha por el territorio. Tan es así que, por una de sus denuncias, presentada en un consejo de seguridad con el entonces presidente Álvaro Uribe, lo amenazaron. Se paró frente al hoy senador y habló de la infiltración del crimen organizado en la Policía. Días después, un hombre llegó a la catedral y le confesó que lo pretendían matar.


Monseñor se fue 25 días de la ciudad pero decidió regresar. A él no lo iban a callar. Dijo que tenía “la claridad de que de pronto le tocaba ser un mártir. Yo creo que podemos morir las personas, pero la verdad no”.

Texto tomado de: http://pacifista.co/el-cura-que-puso-a-buenaventura-en-el-radar-del-papa-francisco/

jueves, 24 de octubre de 2013

Mons. Epalza, de Buenaventura: "Quieren que sea un perro mudo"


Q'hubo Cali - 20 de octubre de 2013 (p. 2-3 y contracarátula)


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Por Yesid Toro, reportero de Q'hubo

“Yo no tengo nada más que decir, ya todo se ha dicho”.

Después de dos días buscándolo para entrevistarlo, después de siete meses de silencio en los medios, el obispo de Buenaventura, monseñor Héctor Epalza Quintero, aceptó hablar.

Su silencio, desde marzo pasado, no es de cobardía. Es rabia, impotencia, dolor. La última vez que levantó públicamente su voz fue para decir que Buenaventura es una vergüenza mundial, que hay barrios donde pican a la gente dentro de las viviendas, que hay grupos armados que se quieren meter a los colegios para reclutar a los niños, que lo del Puerto debe ser considerado un caso especial de lesa humanidad. Entonces, fue nuevamente señalado por algunos como un alarmista.

Pero la gente sabe que cuando 'Moncho', como le llaman cariñosamente los feligreses, alza su voz es porque en ella lleva miles de confesiones y súplicas de quienes no pueden decir nada por temor a que los maten. Otros quizás ya están muertos.

Recientemente a los únicos a los que ha dedicado su tiempo han sido las desconsoladas madres y a los padres, a las esposas y a los hijos, a las viudas que llegan a su despacho trastornadas por las atrocidades vividas: un hijo al que hallaron desmembrado, una hija violada, una esposa enferma de cáncer y de tristeza tras el asesinato de su esposo, una mujer que oyó cómo un hombre suplicaba que no lo mataran en una de esas 'casas de pique' a pocas casas de la suya, un familiar desaparecido.

"EL MEJOR SERVICIO QUE LE PUEDO PRESTAR A LA GENTE ES HABLAR POR ELLOS". Dijo monseñor cuando se le preguntó por sus pronunciamientos contra el gobierno local.

"LA VIOLENCIA HA ENFERMADO A LA GENTE, LE HA HECHO PERDER SUS VALORES".
En este caso monseñor se refirió a los que padecen la violencia, pero también a los que han aprendido a tener connivencia con la corrupción.

Acompañando a un grupo de mujeres víctimas de la desaparición forzada durante un plantón por la paz
Monseñor sale de su oficina en la Diócesis de Buenaventura escoltado por dos hombres. Eso recuerda que aquel santandereano de cabellera blanca y de ojos pequeños es amado por miles y odiado por unos pocos que lo quieren callar, asesinarlo.

En 2006 tuvo que salir de la ciudad. La Nunciatura en Colombia le recomendó abandonar Buenaventura por las amenazas de muerte que recibió tras denunciar la filtración del crimen organizado en la Policía del Puerto.

También ha sido amenazado por la guerrilla, por los paramilitares, por las bandas criminales, y amedrentado muchas veces por sectores oficiales, de las fuerzas armadas y hasta por políticos locales.

Precisamente son los alcaldes los que menos se la han llevado bien con Monseñor. No tuvo buena relación con Saulo Quiñónez, ni con José Félix Ocoró.

Y ahora, en los pasillos del CAM, los amigos del alcalde Bartolo Valencia dicen que monseñor es un "alarmista y un bochinchero". De hecho, el alcalde, la principal autoridad civil de la cuidad, y monseñor Epalza, el máximo representante de la Iglesia Católica, no se hablan mucho.

Monseñor se ha levantado como el vocero de miles de bonaverenses que no sólo sufren por la violencia. La pobreza extrema, el desempleo, la falta de infraestructura y la corrupción son otros males que el jerarca católico quiere ayudar a curar.

- Usted dice que ya no tiene más qué decir. Pero cuando está frente a tantos feligreses que se abrazan en la misa, ¿no cree que vale la pana segur siendo la voz que clame por ellos?

"Claro. La lucha por la verdad sigue. La situación de Buenaventura amerita tener estos soldados de la fe y de la verdad, gente sirviendo y buscando esos caminos de solución. Más que denunciar hay que tocar las puertas de los que tienen en sus manos el poder: el alcalde, el gobernador, el Gobierno Nacional”.

La seguridad de Monseñor ha sido redoblada desde que denunció hace unas semanas que en un colegio de la Comuna 12 varios hombres armados intentaron reclutar a unos estudiantes. Dura situación para un nortesantandereano que nunca imaginó llegar a ser obispo de Buenaventura.

Héctor Epalza vivió de niño en una finca ganadera de su abuelo, en el municipio de Convención, donde su padre era el administrador.

"Era un pueblito sano", recuerda. "Pero la guerrilla acabó con todo. Mi familia era raizal, aunque el apellido Epalza procede del Valle de Orozco en el País Vasco, y creo que por eso hay pocos Epalza”.

Esos años, entre vacas, ovejas y caballos lo conectaron con la naturaleza. Y con algo que todo servidor cristiano debe tener: el pastoreo de sus ovejas. “Hay que estar untados de ovejas, a eso nos mandó el Señor”.

Cuando tenía 15 años, parte de ocurre de su familia migró a Cali. Y el niño que pasaba sus días entre corrales y tardes calurosas del oriente comenzó a ver cómo el destino le mostraba adónde iba a llegar. Ingresó al Seminario Menor de la Arquidiócesis de Cali.

Monseñor lleva 9 años en Buenaventura. Tiene 73 años de edad y 43 años de trabajo pastoral desde que fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1965, para convertirse en el primer sacerdote de la Arquidiócesis de Cali.

La comunidad quiere a mons. Epalza; reconoce su capacidad de escuchar.
Actualmente está al frente de 17 parroquias del área urbana y tres del área rural de Buenaventura. Es el pastor de 400 mil ovejas.

- ¿Qué lo llevó a convertirse en sacerdote?

"Siempre estuve en contacto con la pobreza. En las primeras parroquias de Cali: la de San Alberto Magno y la Santísima Trinidad; en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Robles, Valle. Siempre ha habido injusticias y eso hace que uno se comprometa más”.

A Buenaventura fue por primera vez cuando tenía 17. Guarda con cariño una anécdota con el entonces obispo de esa ciudad, monseñor Gerardo Valencia, en el año 1968. "Aquí mismo donde estamos - la casa cural de la Catedral de San Buenaventura - monseñor Valencia me sirvió el desayuno. ¡Qué iba a imaginar él que le estaba sirviendo al que un día sería su predecesor!".

- Y de esa Buenaventura a la de ahora, ¿qué ha cambiado?

“No mucho. Para mí es motivo de alegría ir a los barrios y que la gente me agradezca por decir la verdad de lo que pasa. Pero lo doloroso es cuando uno ve gente sumida en el miedo. Doloroso porque uno oye por las emisoras la lectura de un comunicado de la ciudadanía en un barrio clamando para que para que cese el reclutamiento. Eso está llenando de miedo a la gente, sobre todo a los padres y a las madres”.

Semana de dolor
Recientemente se realizó la Semana por la Paz en Buenaventura; la celebración la empañaron varios asesinatos, entre ellos el de un hombre cuyo cuerpo fue desmembrado en un barrio donde mons. Epalza celebró una jornada con la comunidad.  Este caso fue denunciado por él.

- Uno recorre los barrios y oye hablar sobra niños que recogen partas de los cuerpos en bajamar, muertos destrozados a machete, golpizas a repartidores de leche por no pagar 'vacuna', sólo por enumerar algunas atrocidades. ¿Qué otras barbaries están ocurriendo?

"Ojalá fueran casos aislados como dicen aquí las autoridades. Pero es una realidad y ocurre en los barrios. A mi despacho llegan sobre todo mujeres enfermas y angustiadas. La gente en Buenaventura está enferma psicológicamente por culpa de la violencia. Esta cadena de barbarie no es un invento, peor es la indiferencia. Ojalá las autoridades se dedicaran a acabar con esta inhumanidad”.

ALGO QUE PASA TODOS LOS DÍAS EN BUENAVENTURA ES EL DESPLAZAMIENTO FORZADO. OCURRE MUCHO EN LA COMUNA DOCE.

- Uno ve mucho dinero en las calles; carros lujosos y gente que toma licor casi todos los días. ¿Por qué esta opulencia en medio de tanta miseria?

“Buenaventura es una ciudad de contrastes. Aquí más de la mitad de la gente es espectadora de la riqueza. Lo que usted vio, esa opulencia, es un lunar en medio de tanta pobreza".

Mons. Epalza sonríe entre 2 mujeres, mientras sus escoltas lo cuidan en la catedral.
- Cuando usted alza la voz todos se molestan. ¿Qué les mandan a decir?

"Hay una molestia muy grande porque aquí hay mucha gente que quiere que yo sea como un perro mudo. Pero seré quien siga ladrando, gritando. No me van a callar. Esos que se molestan viven en una Buenaventura imaginaria, ¡pero que vayan a los barrios donde está la barbarie! ¡Donde está la pobreza! Esa Buenaventura no parece que viviera en el Siglo XXI".

155 homicidios van en Buenaventura en 2013: Medicina Legal.

- ¿Usted no le jala las orejas a sus feligreses por escoger malos gobernantes?

“Un rector de la Universidad Nacional dijo que hay dos cánceres que se comen el Pacífico colombiano: la corrupción y la falta de infraestructura. La gente vende los votos pero olvidan que se cargan un problema para cuatro años. La corrupción se debe acabar, es lo que no deja progresar a un pueblo. En Buenaventura, en los 9 años que llevo nunca se ha hecho una gran obra. Miren nada más la doble calzada Mediacanoa-Buenaventura".

- ¿Habla con el alcalde Bartolo Valencia?

"Muy pocas veces. No hemos conversado mucho”.

Al comienzo de este diálogo usted dijo que no tenía nada más que decir. ¿Está cansado de hablar y que al Gobierno no actúe?

“Uno se fatiga, pero Dios me da la fuera. Los otros obispos me han apoyado, la ONU, y la gente. Así que la gente es lo más importante y hay que luchar por ellos".

Monseñor, mientras responde limpia el sudor de su frente y mira el reloj. Acaba de realizar una misa de dos horas donde pidieron por la beatificación de Luis Amigó, creador de los Terciarios Capuchinos. A su lado, los dos escoltas observan cada movimiento y ojean a cada persona que quiere acercarse en prelado.

Además de las largas filas para recibir la comunión, al final de la ceremonia, los feligreses hacen otra para tomarse una foto con monseñor, para saludarlo o para contarle algún dolor.

No es sólo ese héroe de carne y hueso al que hallan a toda hora, sino que es su pastor, el que habla por ellos y es capaz de contar esas terribles violencias que los fusiles y las pistolas callan.

- ¿Tiene miedo de que lo maten?

"El único dueño de la vida es Dios. Desgraciadamente en esta situación hay gente que cree que puede acabar con la vida de uno. Hay sicarios, actores armados. Yo estoy en peligro, pero en Buenaventura todos estamos en peligro de muerte. Quienes crean que esa es la solución los invito a cambiar; recuerden que Dios los llamará a cuentas. Y como dice la Biblia: el que a hierro mata, a hierro muere”.



lunes, 26 de agosto de 2013

Un afro-sacerdote dedicado a promover el respeto por la diferencia

Los valores de Chocó para el mundo

Emigdio Cuesta nació en una región de Colombia donde no existen fronteras. Sólo se debe cruzar el rio Atrato en panga por cinco minutos y se puede pasar de Chocó a Antioquia y viceversa. De padre chocoano y madre antioqueña, Emigdio Cuesta entraña los valores de una región de Colombia en donde los de aquí y los de allá son uno solo: son primos, amigos, hermanos, familia.

Nacido en 1964 en Bojayá (Chocó), Emigdio Cuesta aprendió desde niño que entre ese municipio y Vigía del Fuerte (Antioquia), solo existía hermandad y el rio atrato como avenida fluvial. “En este sector, los chocoanos y los antioqueños compartimos la cultura negra. No hay frontera departamental. Allá todos somos parientes, familiares, conocidos”, afirma él sin vacilar.

Desde su origen, Emigdio Cuesta entraña también los valores de una región en donde la alegría, el trabajo, el respeto por la naturaleza, la solidaridad, el valor de la palabra y el valor del presente hacen parte de una visión de la vida, de una forma de relacionarse con el mundo. “Para mi ser chocoano y atrateño es una cultura, es un modo de ver el mundo, una manera de entenderse con los otros. Hay muchas cosas ahí que me gustan y que no quiero perder”, asegura con orgullo.

Por eso, a pesar de la unidad y la familiaridad con que se vive en esta región de Colombia, al cumplir 18 años, Emigdio decidió pasar en panga desde Vigía, donde sus padres lo llevaron a vivir desde los 7 años, hasta Bojayá para que en su cédula quedara registrado su origen chocoano. “Yo tengo una identidad chocoana arraigada y quería que eso quedara claro en mi cédula”.

Ese origen que lleva con orgullo a donde vaya, lo aprendió de su padre, Don Porfirio, agricultor y pescador que participaba en cuanta reunión comunitaria se hacía en el pueblo. Desde organizaciones de acción comunal, hasta organizaciones de velorios, novenas, entierros y consultas. Hijo de una familia de 10 hermanos, Emigdio aprendió entre Vigía del Fuerte y Bojayá costumbres como la de “Mano Cambiada”, hacer trabajos compartidos entre vecinos, o el trueque de alimentos, el valor de la palabra, el disfrute de la luna llena en una noche en canoa entre Quibdó y su pueblo, a disfrutar de una fiesta entre vecinos sin violencia, el valor de la solidaridad y el pensamiento colectivo por encima del individual. “De niño recuerdo que varias veces una familia quitaba la madera que separa las habitaciones de sus casas, para aportar para hacer la caja de un difunto, no importaba quién fuera, ni de dónde viniera”.

Esos mismos valores los ha ido llevando en su camino por el mundo como sacerdote, religioso y misionero de la comunidad del Verbo Divino, un camino que eligió a los 18 años cuando salió del colegio, en principio por pura curiosidad y no por llamado divino, como él mismo confiesa: “No hubo nada de llamados especiales ni del espíritu andando…sólo sentí curiosidad, entré y me fui quedando”.



Ser afro dentro de la iglesia, ser afro dentro de la sociedad


El padre Emigdio Cuesta no es sacerdote común y corriente. No tiene parroquia, no usa alba ni cleriman, no impone el evangelio. Prefiere “compartir con otros y otras su experiencia de fe” y cuando celebra misas, en lugar de alba usa túnicas de colores vivos, y en lugar de cantos tradicionales, invita grupos afrodescendientes para que bailen cumbias, abozaos o currulaos, ritmos de la región pacífica y de la región atlántica de Colombia. Él mismo participa de los bailes al final de la misa. Desde su ordenación como sacerdote, decidió vestirse diferente para hacer honor a su origen africano y se ordenó con una túnica que mandó a hacer especialmente para esa ocasión.

“A mí me parece que el reconocimiento y la visibilidad del pueblo afro y de sus valores, de su diferencia comienza por ahí…no es simple excentricismo…digamos, ¿por qué no se puede vestir uno como africano?...además, el negro y el gris son colores aburridos, en cambio, los colores africanos son vida, son fuerza, son alegría y los puedes ver de lejos…”, explica el padre sobre su decisión de vestir con colores alegres dentro y fuera de la Eucaristía. Sin embargo, no han faltado los sacerdotes que se niegan a celebrar con él, por sus túnicas de colores.

Desde su papel como sacerdote católico, el padre Emigdio Cuesta Pino siguió construyendo un mundo donde todos seamos iguales, respetando nuestras diferencias, una apuesta que ha tenido alegrías y dificultades. “Al principio no fue fácil para mí. A los tres meses ya quería devolverme para mi casa porque me sentía raro siendo el diferente del seminario, aunque nadie me discriminara yo sentía que me miraban cómo raro, como que ‘¿De dónde sacaron este espécimen?’”, recuerda entre risas, sobre sus primeros días en el Seminario cuando alcanzó a arrepentirse y a creer que sus padres tenían razón cuando le dijeron que “ser cura era solo para blancos”. Llegó a la iglesia católica en un momento de renovación y la congregación del Verbo Divino fue de las primeras en recibir personas afrodescendientes en sus seminarios.

Gracias a un consejero español entendió que ser el único afro que había en ese momento en el seminario podía ser una oportunidad de trabajar por los de su etnia y desde entonces, ese ha sido el fundamento de su trabajo, la razón de ser de su apostolado. De toda su región, él y otro coterráneo, el padre Óscar Córdoba, son los únicos sacerdotes. “Después de esa crisis empecé a reafirmar poco a poco mi ser afro y después me fue gustando…me fueron gustando las dos cosas: por un lado el ser afro y ahora sí gozándome el ser distinto, y por otro lado, el ser afro dentro de la iglesia, y el ser afro dentro de la sociedad”, asegura el padre.

Desde entonces, el padre Emigdio asumió el trabajo por la dignificación de su etnia como una apuesta. Ha estado siempre vinculado con la Pastoral Afrocolombiana, participa en la Comisión de Vida Religiosa Afro y ha promovido la celebración de las eucaristías afrocolombianas, una celebración que se caracteriza por su alegría, su colorido, la participación y su sentido de hermandad.

Como parte de su búsqueda, decidió realizar su experiencia pastoral en África con la intención de encontrarse con sus raíces. Durante dos años, entre 1991 y 1992, compartió con los habitantes de Botswana donde aprendió que son muy distintos a los colombianos pero tienen un origen común, por eso no duda en afirmar que “De esos momentos felices que uno puede hablar en su vida, es el encuentro con un africano en un país extranjero. El encuentro produce algo aquí adentro como que este y yo somos familia, este y yo nos hemos visto en algún lado, este y yo tenemos algo en común…sentimos que hay empatía”.

A finales de los 90’, durante la época más dura del conflicto armado, fue vicario parroquial en su región, en Vigía del Fuerte, entre 1994 y 1999, y con el párroco de Bojayá, el sacerdote Jorge Luis Mazo (Q.e.p.d), lideró el fortalecimiento de las organizaciones juveniles del medio Atrato y la creación de tiendas comunitarias que garantizaran el autoabastecimiento de los pobladores en una época en donde “los únicos que andaban por el río eran los ‘paras’, los guerrilleros, y los misioneros”, como él mismo recuerda. En 1999 regresó a Bogotá por miedo a perder su vida, luego de que su amigo y colega, el padre Jorge Luis Mazo fuera asesinado llegando a la ciudad de Quibdó en un bote donde él mismo iba a viajar el día anterior.

Aunque muchos cuestionan su forma de ejercer el sacerdocio para él “la iglesia tiene un campo de acción que va más allá de una parroquia”, y recuerda que más allá de evangelizar, quiere transformar la vida de los otros a partir de una actitud de alegría y servicio pues uno de sus postulados reza: “Uno tiene que vivir significativamente para alguien, para poder ser recordado. Ese es el verdadero significado de la resurrección”.



Un cura afro en el movimiento de derechos humanos


Al llegar a Bogotá, el padre Emigdio continuó con su apostolado “mostrando que dentro y fuera de la iglesia lo afro es una gran riqueza”. Al llegar a Bogotá después de los días de guerra en el Atrato, emprendió de nuevo la labor del fortalecimiento de la pastoral afrocolombiana y en el 2005 fue delegado por su comunidad religiosa para hacer parte del movimiento afrocolombiano. En el 2005 fue delegado como secretario ejecutivo de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas – CNOA y desde allí promueve junto con las organizaciones afrocolombianas, procesos de construcción participativos, interlocución e incidencia política.

La apuesta desde la CNOA ha sido hacer incidencia política y visibilizar lo afro en distintos espacios políticos: “Muchas veces asistimos a un espacio simplemente para levantar la mano y decir: ‘Aquí estamos los afro’”.

Como Secretario ejecutivo, ha logrado posicionar la Conferencia como un interlocutor válido para hablar de las necesidades, los aportes y los derechos de la población afrocolombiana. Promovió la inclusión de la CNOA en las plataformas de derechos humanos, convocó a las organizaciones a realizar su plan estratégico, busca recursos y promueve espacios construidos entre todos. “No me interesa que nadie diga ‘Esto lo hizo el padre Emigdio’, me interesa que digan: “Esto lo hicimos entre todos, en la CNOA”.

Su llegada al movimiento de derechos humanos, como defensor de los derechos del pueblo afro, ha sido parte del recorrido que inició cuando empezó su vida sacerdotal en comunidades de base. Como integrante de la Mesa de organizaciones afrocolombianas y de otros espacios a los que asiste para llevar la voz de los afrodescendientes, parte de la base de que “siempre hay otra posibilidad de encuentro. Si no nos entendimos hoy, podemos entendernos mañana” y desde ahí, no duda en afirmar que hoy, la CNOA se ha constituido en un espacio de diálogo, concertación y paz.

Al preguntarle si estaría dispuesto a irse para otro país, el padre Emigdio, el padre chocoano, de túnicas de colores y togo (sombrero africano), no duda de afirmar: “Aquí me quedo. Me gusta Colombia a pesar de sus contradicciones. Tengo suficientes razones para amarla. Espero que algún día podamos sentir que es un país de todas y de todos”.

jueves, 8 de noviembre de 2012

** Obispo de Buenaventura lanza un SOS por la situación de violencia




"Llamamos a un SOS a la opinión nacional e internacional, para que pongan atención a Buenaventura y podamos salir de la crisis". Estas son las palabras de preocupación que expresa Monseñor Héctor Epalza Quintero, Obispo de esta Jurisdicción, ante la grave situación de violencia que se vive en esa región del país.



El prelado manifestó su preocupación por el enfrentamiento que se está dando entre los grupos paramilitares autodenominados "La Empresa y "los Urabeños", quienes se disputan el control del territorio y el dominio de zonas de desarrollo portuario, rutas de narcotráfico, y recursos minerales.


Advirtió que esta situación de violencia está llevando a asesinatos, desapariciones y desplazamientos forzados que la misma Personería del municipio constata.

Según registros oficiales citados, a partir del 6 de octubre se han generado 40 homicidios que se han realizado con barbarie y sevicia, 35 balaceras y 75 desapariciones reportadas desde la Personería local en lo que va corrido del año.

"La Comisión de Vida, Justicia, Solidaridad y Paz de la Diócesis de Buenaventura, a través de un comunicado, hace esta denuncia pública que yo como pastor respaldo totalmente porque creemos que la realidad de Buenaventura, el momento crítico que vive, no sólo es de competencia de las autoridades del distrito de Buenaventura, sino del Departamento y la Nación..., aseguró Monseñor Epalza Quintero.

"Hacemos un llamado urgente al Gobierno Nacional y a las diferentes instancias de investigación y control, al Ministerio Público para que ejerciendo sus obligaciones constitucionales y legales brinden medidas de protección y garantía de sus derechos a las comunidades y el territorio", agrega el comunicado.

El mensaje llama la atención además, para que organismos de derechos humanos nacionales e internacionales conozcan la realidad y ayuden a visibilizar "la situación de barbarie que sufren constantemente los habitantes de la ciudad, en especial de las zonas y barrios de bajamar y comunidades rurales".

"Con dolor en el alma decimos que nos tienen que dar una mano para que precisamente esta realidad de Buenaventura no se trate sólo con la fuerza, sino que nos ayuden a encontrar salidas a estos problemas sociales y estructurales que padece esta ciudad y el puerto de Buenaventura, finalizó el prelado. 

Clic para descargar comunicado

Fuente: http://www.cec.org.co/index.php?option=com_content&view=article

 

jueves, 23 de agosto de 2012

Comunicado público de la Diócesis de Tumaco: más es lo que no se conoce




 
COMUNICADO PÚBLICO DE LA DIÓCESIS DE TUMACO
 
Como Diócesis de Tumaco nos unimos al dolor y al clamor de las personas y comunidades de esta Costa Pacífica Nariñense en donde nos vemos enfrentados a vivir y resistir en un conflicto social y armado que ya perdura por más de diez años y que agobia cada vez más, con sus nuevos atropellos a una vida digna y tranquila.

A nivel nacional se han conocido poco a poco algunos de los hechos más sobresalientes de los últimos días: la voladura de por lo menos ocho torres de energía (los días 10, 16 y 18 de agosto) con la consecuencia de que los cuatro municipios costeros de Barbacoas, Roberto Payán, Magüí Payán y Tumaco, es decir una población de más de 250.000 habitantes quedó sin el fluido eléctrico; el Municipio de Tumaco sufre el apagón ya por 12 días. En los campos minados sembrados alrededor de las torres derribadas en el Resguardo Indígena Awá Inda Sabaleta perdieron la vida cuatro personas civiles y un militar; unas siete personas quedaron gravemente heridas. Los trabajos de reparación de las torres tuvieron que ser suspendidos por falta de seguridad durante varios días y dos comunidades indígenas awá, Pilvicito y Nortal, quedaron confinadas por el peligro de campos minados.

La falta de energía ha agravado más la situación de los servicios de salud y educación que de por sí son débiles: el bombeo de agua en la ciudad de Tumaco colapsó, se declaró la emergencia sanitaria en el sistema hospitalario, los centros educativos suspendieron clases y se adelantaron las vacaciones de octubre. Los precios de la canasta familiar aumentaron.

Se conoció a nivel nacional también la voladura de varios tramos del oleoducto transandino (el día 9 de agosto un tramo en el Municipio de Mallama; en la noche del 18 al 19 de agosto un tramo en el Km 96 de la carretera Tumaco-Pasto y otro tramo en la vereda Ensillada, Municipio de Ricaurte); causaron la contaminación de los ríos Güisa, Guelmambí, Ispí y Saundé, que bañan los municipios de Ricaurte, Barbacoas, Roberto Payán y Tumaco.

Estos hechos públicos lastimosamente sólo son la punta del iceberg de la situación de conflicto y violencia en nuestra región.

Como Diócesis queremos poner en conocimiento además nuestra gran preocupación por la tasa tan alta de homicidios: en el mes de julio se registraron en el Municipio de Tumaco oficialmente 32 muertes violentas. Sin embargo sabemos que sólo en una de las parroquias de la zona carretera los actores armados ilegales asesinaron en un mes entre junio y julio más de 25 personas y tuvieron que desplazarse forzosamente un sinnúmero de pobladores.

Sigue la presión sobre pequeños y grandes comerciantes a través de la extorsión generalizada, lo que ha obligado a muchos a abandonar la zona, por el miedo a que también en su negocio estalle una bomba.

Además, desde el atentado a la estación de policía de Tumaco sufrido en el mes de febrero, han continuado los artefactos explosivos lanzados en contra de las instalaciones de la Fuerza Pública (como el día 17 de agosto contra la Cuarta Brigada), aumentando la zozobra en sus alrededores.

Por la ausencia de la energía eléctrica se incrementó aún más la inseguridad en los barrios y en las veredas de la zona, donde los diferentes actores armados ilegales siguen haciendo su control territorial sangriento.

Este tipo de hechos no son nuevos. Los venimos sufriendo desde gobiernos anteriores. Lo que se evidencia cada vez más es que las soluciones son demasiado ocasionales, inmediatistas y limitadas para salir de las consecutivas emergencias. Este conflicto social y armado no se puede solucionar sólo con respuestas bélicas.

Por lo tanto, AL GOBIERNO NACIONAL le pedimos que sus respuestas se enfoquen a promover procesos sostenidos de desarrollo comunitario, consideren la visión de esta población y permitan recuperar la esperanza en un futuro posible.

A LA GUERRILLA DE LAS FARC-EP le exhortamos que respeten el Derecho Internacional Humanitario y le recordamos que son los más pobres del pueblo quienes más sufren por sus acciones: el pequeño pescador quien está obligado a vender su producto al primer postor y a precios más bajos; la madre cabeza de familia quien se rebusca el diario vivir porque ya no puede vender sus bolos o helados en las puertas de las escuelas; la conchera que no encuentra comprador para su producto con el peligro de que éste se dañe; el campesino o indígena confinado que no puede trabajar en su finca; el contratista de la empresa eléctrica que tiene que exponer su vida en el arreglo de las torres derribadas dejando a su familia angustiada; los niños y niñas que pierden clases y la única comida que algunos reciben en los restaurantes escolares; los empleados de los negocios y la ciudadanía en general quienes tienen que invertir bastante dinero para poner a funcionar una planta eléctrica; la madre de familia enferma que ve postergada su atención médica.

A TODOS LOS ACTORES ARMADOS ILEGALES que, por la lucha por el control territorial y de la economía ilegal, mantienen cautivos a barrios y comunidades enteras, que respeten la convivencia del diario vivir de las comunidades de la Costa Pacífica Nariñense, que no involucren a la población civil y, sobre todo, que respeten la vida, que es sagrada.


Hacemos memoria de las víctimas de la violencia de este mes de agosto en el municipio de Tumaco:

Ago 1: Asesinado con arma de fuego Manuel Antonio Moya Cifuentes, de 37 años.

Ago 8: Asesinado con arma de fuego un hombre sin identificar y heridas dos personas más.

Ago 9: Asesinado con arma de fuego Luis Evaristo Tello, 40 años, padre de cinco hijos.

Ago 9: Asesinado con arma de fuego Junior Jair Angulo Andrade, mototaxista, 22 años.

Ago 10: Asesinado por una mina antipersona José Melandro Pai Pascal, 17 años, indígena awá. Afectados física y psicológicamente: Alberto Pai, Eduardo Pai y Jhon Alexander Pérez Pantoja. Dos comunidades indígenas, Pilvicito y Nortal, confinadas.

Ago 11: Asesinado Eliécer Chalar Cortés, de 16 años.

Ago 12: Muerto por mina antipersona un soldado profesional sin identificar y herido otro soldado.

Ago 14: Asesinado con arma de fuego el estudiante Carlos Isaac España Solís, de 18 años.

Ago 15: Muertos por una mina antipersona 3 trabajadores de Cedenar: Arcelino Chávez Hoyos, 34 años, Ángel Arbey Ordóñez Andrade, 27 años y el indígena Silvio Antidio Loza. Quedan heridas cuatro personas más, entre ellos los indígenas awá Santiago Pascal y Aldinebar Rodríguez.

Ago 16: Asesinada Neysi Maribel García Ramírez, 35 años; heridas de gravedad las mujeres Claudia Teresa Cabezas Quintero, 21 años, y Yureidys Canticús Guevara, 24 años. Asesinada una mujer sin identificar en la Vereda Buchely.

Ago 18: Asesinado Alexis Mina, 29 años.


La palabra de Jesucristo “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10) vale también para estos pueblos afro, indígenas y mestizos de la Costa Pacífica Nariñense y exige a todos esforzarnos en avanzar en esta dirección.


Diócesis de Tumaco, el 22 de agosto de 2012

 

lunes, 16 de abril de 2012

Exposición "velorios y santos vivos" en el convento de la Diócesis de Quibdó


de Diócesis de Quibdó, el Lunes, 16 de abril de 2012 a la(s) 6:03 ·

A Partir del 01 de Mayo de 2012, en el Convento diocesano, ubicado en la Cra 1 No. 26-91, estará abierta al público la exposición itinerante:  “Velorios y Santos Vivos”.

La exposición es el resultado del compartir parte de su conocimiento ancestral por sabias y sabios de 7 comunidades afrocolombianas (San Andrés, Santa Catalina y Providencia; San Basilio de Palenque; San José de Uré; Departamento del Chocó - Quibdó, Istmina, Condoto y Baudó -; zona plana del norte del Cauca; Tumaco,  La Espriella; y Bogotá), que lideraron un trabajo investigativo junto con el Antropólogo  Jaime Arocha y la curadora Cristina Lleras, con el apoyo del Ministerio de Cultura, el Museo Nacional de Colombia, y la facultad de Antropología y el Grupo de Estudios Afrocolombianos del Centro de Estudios Sociales (GEA-CES) de la Universidad Nacional de Colombia.

Se ha escogido como lugar para la exposición el Convento diocesano de Quibdó, Chocó (Colombia), por haber sido declarado Patrimonio Cultural de Colombia, por ser un lugar central y porque en su capilla alberga los registros de más de 900 personas afro, indígenas, mestizos y de1 Vasco, asesinadas durante las dos últimas décadas en la región del Atrato.

Los Velorios y las Fiestas Patronales reflejan cada uno dos extremos de la espiritualidad afrocolombiana:  la máxima expresión colectiva de dolor y la máxima expresión de alegría colectiva, respectivamente;  juntos reflejan dos de los principales momentos en donde nuestros pueblos viven a plenitud la dimensión comunitaria. El velorio tienen entre tantas riquezas, la rendición pública de cuentas, en donde el principal órgano de control es el núcleo familiar del difunto, acompañado de todas las personas que deseen estar (el día que Colombia sepa de que este gran tesoro tiene raíces profundas en las poblaciones afrocolombianas, se acabaría el señalamiento generalizado de corrupto, que pesa sobre todo afro).

Mayo es un mes de contrastes, en donde al mismo tiempo que se recrea la Ancestralidad afrocolombiana,  hacemos memoria de la muerte de Diego Luís Córdoba (1), la masacre de Bojayá (2), el asesinato de Manuel Saturio Valencia (7), el día de la afrocolombianidad (21) y múltiples conmemoraciones que nos llevan a traer a la memoria  la rica espiritualidad afrocolombiana raíz de la resistencia, el exterminio sistemático del cual es objeto histórico la población afrocolombiana, los grandes valores y riquezas de nuestra etnia.

El velorio en donde se canta alabao tiene su ambiente natural en el campo y con el exterminio físico, espiritual y cultural (Documento de Aparecida 90) Gran parte de la población afrochocoana víctima del desplazamiento forzado, vive en Quibdó, así mismo los líderes y lideresas espirituales, se han venido de sus lugares de origen;  muchos de ellos  no han podido velar a sus difuntos porque los actores armados les han prohibido realizarlo, muchos cadáveres reposan en los cementerios del río Atrato y de la Selva chocoana, lo cual agudiza el dolor de sus familiares. Facilitarles el recrear sus prácticas ancestrales, es un aporte significativo para el duelo que no han podido realizar;  así mismo, para las nuevas generaciones se convierte en un ejercicio pedagógico de aprendizaje de parte de la rica herencia cultural.

La exposición estará abierta al público durante todo el mes de Mayo.
Las personas que deseen tener conocimiento más amplio de la memoria, pueden consultar: http://www.museonacional.gov.co/sites/velorios/veloriosexp.html


VICARÍA DE PASTORAL AFRO DIÓCESIS DE QUIBDÓ