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lunes, 10 de agosto de 2015

¿Por qué el Papa Francisco envió una carta al Obispo de Buenaventura - Colombia?

El Centro Afro CAEDI, reproduce a continuación la descripción del trabajo pastoral de monseñor Epalza, obispo de Buenavuentura, realizado por el portal elpacifista.co, con ocasión de la carta enviada por el Papa Francisco en día pasados al obispo colombiano.

Monseñor Héctor Epalza de niño quería ser militar. “Mire como el Señor me cambió la cosa, donde terminé. Cuando niño yo era tan tremendo. Cambiaba una oración que me rezaba mi abuela diciendo ‘llama a los demás pero no me llames a mí’ y vea: fruto de mi invento y de mi petición, no solo resulté sacerdote sino obispo”, dice mientras sonríe en su oficina junto a la catedral.
Tomada de pacifista.co
Ese niño tremendo que nació en Convención, Norte de Santander, y que a los 14 años llegó a Cali a estudiar en el seminario mayor, se convirtió en la voz de Buenaventura. La voz de los negros, de los indios, de los pobres, de las víctimas de una violencia que desde hace décadas parece haberse enquistado en el principal puerto del país. Una voz pausada pero fuerte. Un hombre de 1,60 de estatura pero un gigante de valor.

Y el hombre modelo 40, cómo dice él, cumplió este mes los 50 años como sacerdote. En Buenaventura, la ciudad a la que llegó hace once años, le organizaron un homenaje para agradecerle su trabajo social. No era para menos, por primera vez un cura del puerto había sido exaltado por un papa. Desde Roma, Francisco, el papa revolucionario, como muchos le han llamado, envió una carta en la que felicitó al obispo por su valentía y trabajo con los desamparados y las víctimas.
Epalza se ha convertido en la voz de los habitantes de una de las ciudades más golpeadas por la guerra y la pobreza. Una ciudad en la que, solo en la última década, han asesinado a 1.901 colombianos, han desaparecido a 475 personas y desplazado a 152 mil… Una ciudad que tiene nueve ríos y no tiene agua potable las 24 horas.

Allí, en su oficina junto a la catedral o cuando realiza sus visitas semanales a las parroquias de la ciudad (tiene 21), es rodeado por hombres, mujeres y niños. Unos lo abrazan, otros buscan consuelo. Y así se entera de esa realidad de muertos, desaparecidos y extorsionados. Todos los días celebra una misa en la catedral San Buenaventura y desde el púlpito denuncia los horrores de esta guerra.

En enero pasado, en el aniversario de la muerte del obispo monseñor Gerardo Valencia, precursor del trabajo con las comunidades negras, Héctor Epalza alzó una vez más la voz. “La violencia todo lo destruye. Todo lo acaba. Ahora vienen las elecciones a la Alcaldía, al Concejo, a la Asamblea y a la Gobernación. Buenaventura necesita líderes comprometidos. No esos que dicen aquí vengo por lo mío. Eso no es servir al pueblo sino saquear al pueblo. Por eso les pido no vendan sus votos por dinero”, predicó.
Tomada de pacifista.co
Pero sus denuncias no las ha hecho solo desde el púlpito. Manuel Bedoya, líder de los pescadores artesanales, recuerda cómo monseñor les ha cantado la tabla a diferentes funcionarios del Gobierno, tanto nacional como local.

En uno de esos encuentros, recuerda Manuel, estaban “con la viceministra del Agua, que anunciaba la realización de varias obras para que tuviéramos agua en el plan 24×24 (en 24 meses agua las 24 horas) y monseñor se paró y le dijo: ‘Así no son las cosas, es que no nos han cumplido con los acuerdos’. Nosotros sentimos que mientras monseñor esté aquí el Gobierno va a pensar que nos tiene que respetar. El mes pasado se fue hasta el parlamento de Cataluña a denunciar los proyectos de expansión portuaria”.


“Yo soy servidor de este pueblo. Al Gobierno le ha importado es el puerto y no la ciudad, la gente ha sido un cero a la izquierda (…) Buenaventura sufre, ha sido excluida y marginada. Queremos una inclusión. Las sociedades portuarias aportan al fisco $4 billones y el Ministerio de Trabajo el año pasado le impuso a una de ellas una multa de $1600 millones por no pagarle bien a sus empleados (…) Mientras exista este perverso modelo que ha enriquecido a unos pocos, como lo dijo el Papa Francisco, la pobreza no va a disminuir. No necesitamos migajas para el obrero sino una economía solidaria”, afirmó ante un grupo de diputados de Cataluña, en España.

Manuel Bedoya dice que monseñor continuó con la obra de Gerardo Valencia, muerto hace 40 años y al que llamaron el ‘Obispo Rojo’ o ‘El Hermano Mayor’. El líder de los pescadores lo conoció y recorrió con él los ríos con programas de alfabetización. Ahora, recorre con monseñor Epalza los barrios del puerto y asisten a reuniones del Comité por la Marcha para enterrar la violencia.

En febrero del 2014, diferentes organizaciones sociales se unieron para hacer una marcha y pedirle a Colombia que pusiera sus ojos en Buenaventura. La violencia era cada vez peor. Entre el 2013 y el 2014, según un informe presentado por Human Rights Watch, se encontraron los restos desmembrados de 33 personas. Y aunque el obispo y otros líderes llevaban meses denunciado la existencia de las llamadas ‘casas de pique’ (descuartizamiento), todas las autoridades lo negaban.

“Ese es el dualismo de Buenaventura. Una realidad oficial que es una maravilla y otra realidad, real y dolorosa, que es la del miedo, de las barreras invisibles, la gente confinada, las mafias, la extorsión, el reclutamiento de los niños sicarios para las bandas y la guerrilla. Esa es una realidad que está allí. Yo digo insistentemente que la verdad es la que liberará a Buenaventura de esta situación”, denunció monseñor en el 2013.
Tomada de: evangelizadorasdelosapostoles.files.wordpress.com

El miedo por la violencia de los grupos armados colmó la taza de los bonaverenses. Ese 19 de febrero, una marea vestida de blanco marchó contra los muertos, contra la indiferencia de un país que los ha olvidado, de un país que solo mira al puerto, más no a la ciudad, más no a su gente. Esa marcha, liderada por Epalza, fue el inicio de un proceso de resistencia que hizo que el Gobierno enviara a sus ministros y nombrara un gerente para el Pacífico.

El obispo se ha convertido en la voz de los que no tienen voz. Su voz tiene el tono de resistencia, de la lucha por el territorio. Tan es así que, por una de sus denuncias, presentada en un consejo de seguridad con el entonces presidente Álvaro Uribe, lo amenazaron. Se paró frente al hoy senador y habló de la infiltración del crimen organizado en la Policía. Días después, un hombre llegó a la catedral y le confesó que lo pretendían matar.


Monseñor se fue 25 días de la ciudad pero decidió regresar. A él no lo iban a callar. Dijo que tenía “la claridad de que de pronto le tocaba ser un mártir. Yo creo que podemos morir las personas, pero la verdad no”.

Texto tomado de: http://pacifista.co/el-cura-que-puso-a-buenaventura-en-el-radar-del-papa-francisco/

jueves, 24 de octubre de 2013

Mons. Epalza, de Buenaventura: "Quieren que sea un perro mudo"


Q'hubo Cali - 20 de octubre de 2013 (p. 2-3 y contracarátula)


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Por Yesid Toro, reportero de Q'hubo

“Yo no tengo nada más que decir, ya todo se ha dicho”.

Después de dos días buscándolo para entrevistarlo, después de siete meses de silencio en los medios, el obispo de Buenaventura, monseñor Héctor Epalza Quintero, aceptó hablar.

Su silencio, desde marzo pasado, no es de cobardía. Es rabia, impotencia, dolor. La última vez que levantó públicamente su voz fue para decir que Buenaventura es una vergüenza mundial, que hay barrios donde pican a la gente dentro de las viviendas, que hay grupos armados que se quieren meter a los colegios para reclutar a los niños, que lo del Puerto debe ser considerado un caso especial de lesa humanidad. Entonces, fue nuevamente señalado por algunos como un alarmista.

Pero la gente sabe que cuando 'Moncho', como le llaman cariñosamente los feligreses, alza su voz es porque en ella lleva miles de confesiones y súplicas de quienes no pueden decir nada por temor a que los maten. Otros quizás ya están muertos.

Recientemente a los únicos a los que ha dedicado su tiempo han sido las desconsoladas madres y a los padres, a las esposas y a los hijos, a las viudas que llegan a su despacho trastornadas por las atrocidades vividas: un hijo al que hallaron desmembrado, una hija violada, una esposa enferma de cáncer y de tristeza tras el asesinato de su esposo, una mujer que oyó cómo un hombre suplicaba que no lo mataran en una de esas 'casas de pique' a pocas casas de la suya, un familiar desaparecido.

"EL MEJOR SERVICIO QUE LE PUEDO PRESTAR A LA GENTE ES HABLAR POR ELLOS". Dijo monseñor cuando se le preguntó por sus pronunciamientos contra el gobierno local.

"LA VIOLENCIA HA ENFERMADO A LA GENTE, LE HA HECHO PERDER SUS VALORES".
En este caso monseñor se refirió a los que padecen la violencia, pero también a los que han aprendido a tener connivencia con la corrupción.

Acompañando a un grupo de mujeres víctimas de la desaparición forzada durante un plantón por la paz
Monseñor sale de su oficina en la Diócesis de Buenaventura escoltado por dos hombres. Eso recuerda que aquel santandereano de cabellera blanca y de ojos pequeños es amado por miles y odiado por unos pocos que lo quieren callar, asesinarlo.

En 2006 tuvo que salir de la ciudad. La Nunciatura en Colombia le recomendó abandonar Buenaventura por las amenazas de muerte que recibió tras denunciar la filtración del crimen organizado en la Policía del Puerto.

También ha sido amenazado por la guerrilla, por los paramilitares, por las bandas criminales, y amedrentado muchas veces por sectores oficiales, de las fuerzas armadas y hasta por políticos locales.

Precisamente son los alcaldes los que menos se la han llevado bien con Monseñor. No tuvo buena relación con Saulo Quiñónez, ni con José Félix Ocoró.

Y ahora, en los pasillos del CAM, los amigos del alcalde Bartolo Valencia dicen que monseñor es un "alarmista y un bochinchero". De hecho, el alcalde, la principal autoridad civil de la cuidad, y monseñor Epalza, el máximo representante de la Iglesia Católica, no se hablan mucho.

Monseñor se ha levantado como el vocero de miles de bonaverenses que no sólo sufren por la violencia. La pobreza extrema, el desempleo, la falta de infraestructura y la corrupción son otros males que el jerarca católico quiere ayudar a curar.

- Usted dice que ya no tiene más qué decir. Pero cuando está frente a tantos feligreses que se abrazan en la misa, ¿no cree que vale la pana segur siendo la voz que clame por ellos?

"Claro. La lucha por la verdad sigue. La situación de Buenaventura amerita tener estos soldados de la fe y de la verdad, gente sirviendo y buscando esos caminos de solución. Más que denunciar hay que tocar las puertas de los que tienen en sus manos el poder: el alcalde, el gobernador, el Gobierno Nacional”.

La seguridad de Monseñor ha sido redoblada desde que denunció hace unas semanas que en un colegio de la Comuna 12 varios hombres armados intentaron reclutar a unos estudiantes. Dura situación para un nortesantandereano que nunca imaginó llegar a ser obispo de Buenaventura.

Héctor Epalza vivió de niño en una finca ganadera de su abuelo, en el municipio de Convención, donde su padre era el administrador.

"Era un pueblito sano", recuerda. "Pero la guerrilla acabó con todo. Mi familia era raizal, aunque el apellido Epalza procede del Valle de Orozco en el País Vasco, y creo que por eso hay pocos Epalza”.

Esos años, entre vacas, ovejas y caballos lo conectaron con la naturaleza. Y con algo que todo servidor cristiano debe tener: el pastoreo de sus ovejas. “Hay que estar untados de ovejas, a eso nos mandó el Señor”.

Cuando tenía 15 años, parte de ocurre de su familia migró a Cali. Y el niño que pasaba sus días entre corrales y tardes calurosas del oriente comenzó a ver cómo el destino le mostraba adónde iba a llegar. Ingresó al Seminario Menor de la Arquidiócesis de Cali.

Monseñor lleva 9 años en Buenaventura. Tiene 73 años de edad y 43 años de trabajo pastoral desde que fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1965, para convertirse en el primer sacerdote de la Arquidiócesis de Cali.

La comunidad quiere a mons. Epalza; reconoce su capacidad de escuchar.
Actualmente está al frente de 17 parroquias del área urbana y tres del área rural de Buenaventura. Es el pastor de 400 mil ovejas.

- ¿Qué lo llevó a convertirse en sacerdote?

"Siempre estuve en contacto con la pobreza. En las primeras parroquias de Cali: la de San Alberto Magno y la Santísima Trinidad; en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Robles, Valle. Siempre ha habido injusticias y eso hace que uno se comprometa más”.

A Buenaventura fue por primera vez cuando tenía 17. Guarda con cariño una anécdota con el entonces obispo de esa ciudad, monseñor Gerardo Valencia, en el año 1968. "Aquí mismo donde estamos - la casa cural de la Catedral de San Buenaventura - monseñor Valencia me sirvió el desayuno. ¡Qué iba a imaginar él que le estaba sirviendo al que un día sería su predecesor!".

- Y de esa Buenaventura a la de ahora, ¿qué ha cambiado?

“No mucho. Para mí es motivo de alegría ir a los barrios y que la gente me agradezca por decir la verdad de lo que pasa. Pero lo doloroso es cuando uno ve gente sumida en el miedo. Doloroso porque uno oye por las emisoras la lectura de un comunicado de la ciudadanía en un barrio clamando para que para que cese el reclutamiento. Eso está llenando de miedo a la gente, sobre todo a los padres y a las madres”.

Semana de dolor
Recientemente se realizó la Semana por la Paz en Buenaventura; la celebración la empañaron varios asesinatos, entre ellos el de un hombre cuyo cuerpo fue desmembrado en un barrio donde mons. Epalza celebró una jornada con la comunidad.  Este caso fue denunciado por él.

- Uno recorre los barrios y oye hablar sobra niños que recogen partas de los cuerpos en bajamar, muertos destrozados a machete, golpizas a repartidores de leche por no pagar 'vacuna', sólo por enumerar algunas atrocidades. ¿Qué otras barbaries están ocurriendo?

"Ojalá fueran casos aislados como dicen aquí las autoridades. Pero es una realidad y ocurre en los barrios. A mi despacho llegan sobre todo mujeres enfermas y angustiadas. La gente en Buenaventura está enferma psicológicamente por culpa de la violencia. Esta cadena de barbarie no es un invento, peor es la indiferencia. Ojalá las autoridades se dedicaran a acabar con esta inhumanidad”.

ALGO QUE PASA TODOS LOS DÍAS EN BUENAVENTURA ES EL DESPLAZAMIENTO FORZADO. OCURRE MUCHO EN LA COMUNA DOCE.

- Uno ve mucho dinero en las calles; carros lujosos y gente que toma licor casi todos los días. ¿Por qué esta opulencia en medio de tanta miseria?

“Buenaventura es una ciudad de contrastes. Aquí más de la mitad de la gente es espectadora de la riqueza. Lo que usted vio, esa opulencia, es un lunar en medio de tanta pobreza".

Mons. Epalza sonríe entre 2 mujeres, mientras sus escoltas lo cuidan en la catedral.
- Cuando usted alza la voz todos se molestan. ¿Qué les mandan a decir?

"Hay una molestia muy grande porque aquí hay mucha gente que quiere que yo sea como un perro mudo. Pero seré quien siga ladrando, gritando. No me van a callar. Esos que se molestan viven en una Buenaventura imaginaria, ¡pero que vayan a los barrios donde está la barbarie! ¡Donde está la pobreza! Esa Buenaventura no parece que viviera en el Siglo XXI".

155 homicidios van en Buenaventura en 2013: Medicina Legal.

- ¿Usted no le jala las orejas a sus feligreses por escoger malos gobernantes?

“Un rector de la Universidad Nacional dijo que hay dos cánceres que se comen el Pacífico colombiano: la corrupción y la falta de infraestructura. La gente vende los votos pero olvidan que se cargan un problema para cuatro años. La corrupción se debe acabar, es lo que no deja progresar a un pueblo. En Buenaventura, en los 9 años que llevo nunca se ha hecho una gran obra. Miren nada más la doble calzada Mediacanoa-Buenaventura".

- ¿Habla con el alcalde Bartolo Valencia?

"Muy pocas veces. No hemos conversado mucho”.

Al comienzo de este diálogo usted dijo que no tenía nada más que decir. ¿Está cansado de hablar y que al Gobierno no actúe?

“Uno se fatiga, pero Dios me da la fuera. Los otros obispos me han apoyado, la ONU, y la gente. Así que la gente es lo más importante y hay que luchar por ellos".

Monseñor, mientras responde limpia el sudor de su frente y mira el reloj. Acaba de realizar una misa de dos horas donde pidieron por la beatificación de Luis Amigó, creador de los Terciarios Capuchinos. A su lado, los dos escoltas observan cada movimiento y ojean a cada persona que quiere acercarse en prelado.

Además de las largas filas para recibir la comunión, al final de la ceremonia, los feligreses hacen otra para tomarse una foto con monseñor, para saludarlo o para contarle algún dolor.

No es sólo ese héroe de carne y hueso al que hallan a toda hora, sino que es su pastor, el que habla por ellos y es capaz de contar esas terribles violencias que los fusiles y las pistolas callan.

- ¿Tiene miedo de que lo maten?

"El único dueño de la vida es Dios. Desgraciadamente en esta situación hay gente que cree que puede acabar con la vida de uno. Hay sicarios, actores armados. Yo estoy en peligro, pero en Buenaventura todos estamos en peligro de muerte. Quienes crean que esa es la solución los invito a cambiar; recuerden que Dios los llamará a cuentas. Y como dice la Biblia: el que a hierro mata, a hierro muere”.



jueves, 8 de noviembre de 2012

** Obispo de Buenaventura lanza un SOS por la situación de violencia




"Llamamos a un SOS a la opinión nacional e internacional, para que pongan atención a Buenaventura y podamos salir de la crisis". Estas son las palabras de preocupación que expresa Monseñor Héctor Epalza Quintero, Obispo de esta Jurisdicción, ante la grave situación de violencia que se vive en esa región del país.



El prelado manifestó su preocupación por el enfrentamiento que se está dando entre los grupos paramilitares autodenominados "La Empresa y "los Urabeños", quienes se disputan el control del territorio y el dominio de zonas de desarrollo portuario, rutas de narcotráfico, y recursos minerales.


Advirtió que esta situación de violencia está llevando a asesinatos, desapariciones y desplazamientos forzados que la misma Personería del municipio constata.

Según registros oficiales citados, a partir del 6 de octubre se han generado 40 homicidios que se han realizado con barbarie y sevicia, 35 balaceras y 75 desapariciones reportadas desde la Personería local en lo que va corrido del año.

"La Comisión de Vida, Justicia, Solidaridad y Paz de la Diócesis de Buenaventura, a través de un comunicado, hace esta denuncia pública que yo como pastor respaldo totalmente porque creemos que la realidad de Buenaventura, el momento crítico que vive, no sólo es de competencia de las autoridades del distrito de Buenaventura, sino del Departamento y la Nación..., aseguró Monseñor Epalza Quintero.

"Hacemos un llamado urgente al Gobierno Nacional y a las diferentes instancias de investigación y control, al Ministerio Público para que ejerciendo sus obligaciones constitucionales y legales brinden medidas de protección y garantía de sus derechos a las comunidades y el territorio", agrega el comunicado.

El mensaje llama la atención además, para que organismos de derechos humanos nacionales e internacionales conozcan la realidad y ayuden a visibilizar "la situación de barbarie que sufren constantemente los habitantes de la ciudad, en especial de las zonas y barrios de bajamar y comunidades rurales".

"Con dolor en el alma decimos que nos tienen que dar una mano para que precisamente esta realidad de Buenaventura no se trate sólo con la fuerza, sino que nos ayuden a encontrar salidas a estos problemas sociales y estructurales que padece esta ciudad y el puerto de Buenaventura, finalizó el prelado. 

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Fuente: http://www.cec.org.co/index.php?option=com_content&view=article