jueves, 24 de octubre de 2013

Mons. Epalza, de Buenaventura: "Quieren que sea un perro mudo"


Q'hubo Cali - 20 de octubre de 2013 (p. 2-3 y contracarátula)


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Por Yesid Toro, reportero de Q'hubo

“Yo no tengo nada más que decir, ya todo se ha dicho”.

Después de dos días buscándolo para entrevistarlo, después de siete meses de silencio en los medios, el obispo de Buenaventura, monseñor Héctor Epalza Quintero, aceptó hablar.

Su silencio, desde marzo pasado, no es de cobardía. Es rabia, impotencia, dolor. La última vez que levantó públicamente su voz fue para decir que Buenaventura es una vergüenza mundial, que hay barrios donde pican a la gente dentro de las viviendas, que hay grupos armados que se quieren meter a los colegios para reclutar a los niños, que lo del Puerto debe ser considerado un caso especial de lesa humanidad. Entonces, fue nuevamente señalado por algunos como un alarmista.

Pero la gente sabe que cuando 'Moncho', como le llaman cariñosamente los feligreses, alza su voz es porque en ella lleva miles de confesiones y súplicas de quienes no pueden decir nada por temor a que los maten. Otros quizás ya están muertos.

Recientemente a los únicos a los que ha dedicado su tiempo han sido las desconsoladas madres y a los padres, a las esposas y a los hijos, a las viudas que llegan a su despacho trastornadas por las atrocidades vividas: un hijo al que hallaron desmembrado, una hija violada, una esposa enferma de cáncer y de tristeza tras el asesinato de su esposo, una mujer que oyó cómo un hombre suplicaba que no lo mataran en una de esas 'casas de pique' a pocas casas de la suya, un familiar desaparecido.

"EL MEJOR SERVICIO QUE LE PUEDO PRESTAR A LA GENTE ES HABLAR POR ELLOS". Dijo monseñor cuando se le preguntó por sus pronunciamientos contra el gobierno local.

"LA VIOLENCIA HA ENFERMADO A LA GENTE, LE HA HECHO PERDER SUS VALORES".
En este caso monseñor se refirió a los que padecen la violencia, pero también a los que han aprendido a tener connivencia con la corrupción.

Acompañando a un grupo de mujeres víctimas de la desaparición forzada durante un plantón por la paz
Monseñor sale de su oficina en la Diócesis de Buenaventura escoltado por dos hombres. Eso recuerda que aquel santandereano de cabellera blanca y de ojos pequeños es amado por miles y odiado por unos pocos que lo quieren callar, asesinarlo.

En 2006 tuvo que salir de la ciudad. La Nunciatura en Colombia le recomendó abandonar Buenaventura por las amenazas de muerte que recibió tras denunciar la filtración del crimen organizado en la Policía del Puerto.

También ha sido amenazado por la guerrilla, por los paramilitares, por las bandas criminales, y amedrentado muchas veces por sectores oficiales, de las fuerzas armadas y hasta por políticos locales.

Precisamente son los alcaldes los que menos se la han llevado bien con Monseñor. No tuvo buena relación con Saulo Quiñónez, ni con José Félix Ocoró.

Y ahora, en los pasillos del CAM, los amigos del alcalde Bartolo Valencia dicen que monseñor es un "alarmista y un bochinchero". De hecho, el alcalde, la principal autoridad civil de la cuidad, y monseñor Epalza, el máximo representante de la Iglesia Católica, no se hablan mucho.

Monseñor se ha levantado como el vocero de miles de bonaverenses que no sólo sufren por la violencia. La pobreza extrema, el desempleo, la falta de infraestructura y la corrupción son otros males que el jerarca católico quiere ayudar a curar.

- Usted dice que ya no tiene más qué decir. Pero cuando está frente a tantos feligreses que se abrazan en la misa, ¿no cree que vale la pana segur siendo la voz que clame por ellos?

"Claro. La lucha por la verdad sigue. La situación de Buenaventura amerita tener estos soldados de la fe y de la verdad, gente sirviendo y buscando esos caminos de solución. Más que denunciar hay que tocar las puertas de los que tienen en sus manos el poder: el alcalde, el gobernador, el Gobierno Nacional”.

La seguridad de Monseñor ha sido redoblada desde que denunció hace unas semanas que en un colegio de la Comuna 12 varios hombres armados intentaron reclutar a unos estudiantes. Dura situación para un nortesantandereano que nunca imaginó llegar a ser obispo de Buenaventura.

Héctor Epalza vivió de niño en una finca ganadera de su abuelo, en el municipio de Convención, donde su padre era el administrador.

"Era un pueblito sano", recuerda. "Pero la guerrilla acabó con todo. Mi familia era raizal, aunque el apellido Epalza procede del Valle de Orozco en el País Vasco, y creo que por eso hay pocos Epalza”.

Esos años, entre vacas, ovejas y caballos lo conectaron con la naturaleza. Y con algo que todo servidor cristiano debe tener: el pastoreo de sus ovejas. “Hay que estar untados de ovejas, a eso nos mandó el Señor”.

Cuando tenía 15 años, parte de ocurre de su familia migró a Cali. Y el niño que pasaba sus días entre corrales y tardes calurosas del oriente comenzó a ver cómo el destino le mostraba adónde iba a llegar. Ingresó al Seminario Menor de la Arquidiócesis de Cali.

Monseñor lleva 9 años en Buenaventura. Tiene 73 años de edad y 43 años de trabajo pastoral desde que fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1965, para convertirse en el primer sacerdote de la Arquidiócesis de Cali.

La comunidad quiere a mons. Epalza; reconoce su capacidad de escuchar.
Actualmente está al frente de 17 parroquias del área urbana y tres del área rural de Buenaventura. Es el pastor de 400 mil ovejas.

- ¿Qué lo llevó a convertirse en sacerdote?

"Siempre estuve en contacto con la pobreza. En las primeras parroquias de Cali: la de San Alberto Magno y la Santísima Trinidad; en Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Robles, Valle. Siempre ha habido injusticias y eso hace que uno se comprometa más”.

A Buenaventura fue por primera vez cuando tenía 17. Guarda con cariño una anécdota con el entonces obispo de esa ciudad, monseñor Gerardo Valencia, en el año 1968. "Aquí mismo donde estamos - la casa cural de la Catedral de San Buenaventura - monseñor Valencia me sirvió el desayuno. ¡Qué iba a imaginar él que le estaba sirviendo al que un día sería su predecesor!".

- Y de esa Buenaventura a la de ahora, ¿qué ha cambiado?

“No mucho. Para mí es motivo de alegría ir a los barrios y que la gente me agradezca por decir la verdad de lo que pasa. Pero lo doloroso es cuando uno ve gente sumida en el miedo. Doloroso porque uno oye por las emisoras la lectura de un comunicado de la ciudadanía en un barrio clamando para que para que cese el reclutamiento. Eso está llenando de miedo a la gente, sobre todo a los padres y a las madres”.

Semana de dolor
Recientemente se realizó la Semana por la Paz en Buenaventura; la celebración la empañaron varios asesinatos, entre ellos el de un hombre cuyo cuerpo fue desmembrado en un barrio donde mons. Epalza celebró una jornada con la comunidad.  Este caso fue denunciado por él.

- Uno recorre los barrios y oye hablar sobra niños que recogen partas de los cuerpos en bajamar, muertos destrozados a machete, golpizas a repartidores de leche por no pagar 'vacuna', sólo por enumerar algunas atrocidades. ¿Qué otras barbaries están ocurriendo?

"Ojalá fueran casos aislados como dicen aquí las autoridades. Pero es una realidad y ocurre en los barrios. A mi despacho llegan sobre todo mujeres enfermas y angustiadas. La gente en Buenaventura está enferma psicológicamente por culpa de la violencia. Esta cadena de barbarie no es un invento, peor es la indiferencia. Ojalá las autoridades se dedicaran a acabar con esta inhumanidad”.

ALGO QUE PASA TODOS LOS DÍAS EN BUENAVENTURA ES EL DESPLAZAMIENTO FORZADO. OCURRE MUCHO EN LA COMUNA DOCE.

- Uno ve mucho dinero en las calles; carros lujosos y gente que toma licor casi todos los días. ¿Por qué esta opulencia en medio de tanta miseria?

“Buenaventura es una ciudad de contrastes. Aquí más de la mitad de la gente es espectadora de la riqueza. Lo que usted vio, esa opulencia, es un lunar en medio de tanta pobreza".

Mons. Epalza sonríe entre 2 mujeres, mientras sus escoltas lo cuidan en la catedral.
- Cuando usted alza la voz todos se molestan. ¿Qué les mandan a decir?

"Hay una molestia muy grande porque aquí hay mucha gente que quiere que yo sea como un perro mudo. Pero seré quien siga ladrando, gritando. No me van a callar. Esos que se molestan viven en una Buenaventura imaginaria, ¡pero que vayan a los barrios donde está la barbarie! ¡Donde está la pobreza! Esa Buenaventura no parece que viviera en el Siglo XXI".

155 homicidios van en Buenaventura en 2013: Medicina Legal.

- ¿Usted no le jala las orejas a sus feligreses por escoger malos gobernantes?

“Un rector de la Universidad Nacional dijo que hay dos cánceres que se comen el Pacífico colombiano: la corrupción y la falta de infraestructura. La gente vende los votos pero olvidan que se cargan un problema para cuatro años. La corrupción se debe acabar, es lo que no deja progresar a un pueblo. En Buenaventura, en los 9 años que llevo nunca se ha hecho una gran obra. Miren nada más la doble calzada Mediacanoa-Buenaventura".

- ¿Habla con el alcalde Bartolo Valencia?

"Muy pocas veces. No hemos conversado mucho”.

Al comienzo de este diálogo usted dijo que no tenía nada más que decir. ¿Está cansado de hablar y que al Gobierno no actúe?

“Uno se fatiga, pero Dios me da la fuera. Los otros obispos me han apoyado, la ONU, y la gente. Así que la gente es lo más importante y hay que luchar por ellos".

Monseñor, mientras responde limpia el sudor de su frente y mira el reloj. Acaba de realizar una misa de dos horas donde pidieron por la beatificación de Luis Amigó, creador de los Terciarios Capuchinos. A su lado, los dos escoltas observan cada movimiento y ojean a cada persona que quiere acercarse en prelado.

Además de las largas filas para recibir la comunión, al final de la ceremonia, los feligreses hacen otra para tomarse una foto con monseñor, para saludarlo o para contarle algún dolor.

No es sólo ese héroe de carne y hueso al que hallan a toda hora, sino que es su pastor, el que habla por ellos y es capaz de contar esas terribles violencias que los fusiles y las pistolas callan.

- ¿Tiene miedo de que lo maten?

"El único dueño de la vida es Dios. Desgraciadamente en esta situación hay gente que cree que puede acabar con la vida de uno. Hay sicarios, actores armados. Yo estoy en peligro, pero en Buenaventura todos estamos en peligro de muerte. Quienes crean que esa es la solución los invito a cambiar; recuerden que Dios los llamará a cuentas. Y como dice la Biblia: el que a hierro mata, a hierro muere”.



jueves, 3 de octubre de 2013

¡Se mueve la Escuela Móvil de la Pastoral Afrocaleña!


La Escuela Móvil de transmisión de saberes ancestrales desde el núcleo familiar afro consiste en una serie de talleres y actividades lúdicas, diseñadas pedagógicamente, para transmitir el conocimiento ancestral de generación en generación, entre grupos familiares y comunidades tradicionales afro.

La escuela tiene como objetivo, crear espacios de formación, investigación y transmisión de saberes ancestrales a través de jornadas de convivencia entre niños, jóvenes y adultos mayores para que acepten, valoren y profundicen en el conocimiento de sí mismos, de sus raíces culturales y familiares, y quese puedan proyectar hacia nuevas estrategias de salvaguardar su identidad como pueblo.

En términos formativos, la Escuela gira alrededor de tres ejes fundamentales: El territorio, la oralidad y la identidad.

Se resalta, de manera especial, el papel de los adultos mayores, ellos y ellas son base y fuente de los saberes ancestrales.

La jornada correspondiente a las comunidades rurales de Robles, Quinamayó y Villa Paz (Valle del Cauca, Colombia) se llevó a cabo por las orillas del río Cauca, que atraviesa por las tres comunidades.

A la jornada la marcaron momentos lúdicos, oración, minga de saberes ancestrales, reflexiones y profundización de conceptos… y, por supuesto, la comunión entorno al componente gastronómico.



  1. En un primer momento se generan espacios de integración donde niños, niñas, jóvenes y adultos trabajan por separado para entrar en dinámicas propias, según las posibilidades de cada grupo.
     
  2. Después, cada comunidad conversa sobre la conformación de su territorio. Sigue la construcción del mismo; se da a conocer la historia y la realidad que la caracteriza.
     
  3. La escuela, de forma eventual, nos conduce a las siguientes afirmaciones:

    1. El que tiene control territorial tiene poder.
       
    2. El territorio no es sólo un espacio geográfico, también es una construcción histórica y una práctica cultural.
       
    3. Las tierras y los territorios permiten que los pueblos se puedan organizar en todas sus dimensiones.
       
    4. Sin el territorio no podemos hablar de la soberanía de un pueblo.
       
     
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La Escuela Móvil en el sur del Valle del Cauca




miércoles, 2 de octubre de 2013

Invitación a la ordenación diaconal de Ssimbwa Lawrence en Cali

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"No me eligieron ustedes; Yo los elegí y los destiné a dar fruto, un fruto que permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los concederá" (Jn 15, 16)

Los misioneros de la Consolata región Colombia-Ecuador y la familia de Ssimbwa, tienen el gusto de invitarle a la ordenación diaconal de SSIMBWA LAWRENCE IMC, por la imposición de manos de mons. Joaquín Humberto Pinzón Guiza imc, vicario apostólico de Puerto Leguízamo-Solano (San Vicente del Caguán).

Lugar: Parroquia Cristo Maestro
Dirección: Calle 44 N° 41D-21 (Cali, Colombia)
Fecha: Octubre 20 de 2013
Hora: 10:00 AM

Ssimbwa Lawrence, misionero de la Consolata ugandés, ha trabajado activamente en Bogotá durante años.  Hizo una disertación en el I Encuentro Regional de Pastorales Afro e Indígena - Bogotá, trabajó con jóvenes de la Fundación Cultural Zarakúa y su tesis de Teología, Mujer afro, esperanza de un pueblo, es de las pocas que tiene completa su defensa en un video de la Pastoral Afro*.  Ahora trabaja con la Pastoral Afrocaleña y la alegría de su ordenación la comparten Cali, Bogotá y su familia en Uganda.

* El video se divide en parte 1, parte 2 y parte 3.


Actualización:

Ssimbwa añade su foto a la invitación:

Invitación a la ordenación diaconal de Ssimbwa Lawrence con foto
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jueves, 19 de septiembre de 2013

Galería de ángeles negros (EE. UU.)

BATTLE, Henry Lee.  Heaven sent (male).  Facebook

BATTLE, Henry Lee.  This too shall pass.  Mitchie.

www.mitchie.com

BATTLE, Henry Lee.  He sheltered me.  PhotoBucket.

i300.photobucket.com

BATTLE, Henry Lee.  Heaven sent.  ArtPrints.

www.artprints.com

AFRICAN AMERICAN EXPRESSIONS.  Sound the alarm.  Amazon.

amazon.com

BATTLE, Henry Lee.  Melody from heaven.  FirstArtSource.

www.firstartsource.com

VARNER, Ernest.  Good morning, Lord.  FortuneArt.

www.fortuneart.net

CLAY WRIGHT, Edward.  Angel of Hope and Healing.  DBartee.

www.dbartee.com

SMITH, A. C.  Break away.  Avisca.

www.avisca.com

CLAY WRIGHT, Edward.  Arch Angel.  A Black Thang, 2002.

www.itsablackthang.com

CLAY WRIGHT, Edward.  Illuminate my path.  Exquisiteartgallery.

www.exquisiteartgallery.com

CLAY WRIGHT, Edward.  Come sup with Me.  Art Prints.

www.artprints.com

SPIVEY, F.  Watching over me.  AfroKin.

www.musefinds.com

BATTLE, Henry.  He comforted me.  AfroKin.

www.musefinds.com

Angel crib.  AfroKin.

www.musefinds.com

CLAY WRIGHT, Edward.  Angelic lessons.  AfroKin.

www.musefinds.com

Black angel with rainbow.  AfroKin.

www.musefinds.com

Black cherubs.  AfroKin.

www.musefinds.com

Black guardian angel.  AfroKin.

Black angel.  AfroKin.

www.musefinds.com

Stary angel.  Figurines & such.

www.figurinesandsuch.com

TORTOSO, Glorie.  Heavenly grace.  Imagekind, 2010.

thumbs.imagekind.com

EDE, Kanayo.  Guardian Angel 2.  Pinterest.
 
 
HAILS, Barbara.  Love lesson.  Magicoycelestia.

magicoycelestial.blogspot.com

HAILS, Barbara.  Dress up.  Photobucket.

i1325.photobucket.com
 

Más en:

blackartdepot.com: Heavenly visions figurines



 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Declaración del III Encuentro Latinoamericano de Fe y Política


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Lunes 2 de septiembre de 2013

A 25 años de resurrección de Monseñor Leonidas Proaño

Pachamama, agua, territorio y territorialidad en contextos de capitalismo global y alternativas desde la fe de los pueblos

Animadas y animados por la fuerza espiritual de nuestros mártires y profetas, por la fortaleza de los pueblos aimara, quichua, quechua, nonam, embera y afroamericanos, en el 25 aniversario de la resurrección de monseñor Leonidas Proaño, nos reunimos en Quito, Ecuador, 52 organizaciones indígenas, afrodescendientes, mestizas, teólogas y teólogos, mujeres y hombres solidarias y solidarios del mundo, provenientes de los pueblos de Bolivia, Ecuador, Perú, España, Costa Rica, Cuba, Panamá y Colombia, a ver, juzgar y acordar líneas de acción en torno a la Pachamama, el territorio y la territorialidad en contextos de capitalismo global.

Vimos, escuchamos, sentimos con indignación, pero también con esperanza, las denuncias y la creativa resistencia de las comunidades de Cajamarca, Perú, de Alto Guayabal en Colombia, que resisten a la voracidad de la minería transnacional en sus territorios.   Escuchamos también con perplejidad el avance en Ecuador de monocultivos de brócoli en territorios indígenas en Cotopaxi, el momocultivo de palma aceitera en Esmeraldas y la profunda preocupación por el anuncio de explotación petrolera que afecta la reserva del Yasuní; la expansión del monocultivo de soya en el área fronteriza de Bolivia con Paraguay; la expropiación de comunidades indígenas en Panamá para la extensión ganadera y, en Colombia, la explotación petrolera en la zona de reserva de la Perla Amazónica, la ocupación de tierras para el puerto de Agua Dulce en Bajo Calima, el avance de la palma aceitera, el banano plátano de exportación y la minería extensiva en territorios de las comunidades negras de Curvaradó y Jiguamiandó, el desarrollo inconsulto de obras de infraestructura vial en el Cacarica, por parte de transnacionales y algunos gobiernos, afectando las fuentes de agua, fracturando los procesos comunitarios, amenazando la soberanía alimentaria.

Tomamos conciencia (gracias al acierto metodológico que combinó los testimonios directos de las víctimas resistentes con los análisis locales y globales) que estos casos no son aislados, sino que ilustran la voracidad del capitalismo, que en los últimos diez años pretende resolver su crisis financiera, ambiental, energética, ecológica, alimentaria adquiriendo tierras en todo el mundo para la extracción minera y de petroleo, la producción de agrocombustibles, alimentos para animales, el negocio de la conservación, la explotación de bosques y el negocio de la alimentación.

Esta etapa del acaparamiento de tierra desplaza con violencia a los propietarios verdaderos de las tierras, destruye con sus maquinas lugares sagrados de las comunidades, contamina fuentes de agua e intensifica el desarraigo de niñas, niños, jóvenes que se ven presionados a abandonar el campo y acrecentar los cinturones de miseria en la ciudades.

Estas inversiones del capital están respaldadas por militares que adelantan políticas de consolidación en los territorios, comprendidas dentro las llamadas Iniciativa Regional Andina, Plan Mérida y ahora la Alianza del Pacífico.  Frente a esta presencia militar, apoyada por los Estados Unidos y la Unión Europea, se fortalecen bloques alternativos de integración continental como el Alba, Celac y Unasur, que deben acercarse cada vez más a las organizaciones y movimientos sociales que resisten en nuestros pueblos.

Constatamos también, que las comunidades, ante esta arremetida del capitalismo acaparador, han denunciado su situación y movilizado la solidaridad del mundo, constituyendo formas creativas de organizar el territorio para resistir a los desplazadores y preservar la diversidad de vidas en ellos contenidas.  Se articulan en agremiaciones con otras organizaciones sociales, salen a la calle a mostrarle a sus ciudadanos el valor de la tierra, la amenaza a la soberanía alimentaria y la destrucción ambiental que provocan los tratados del libre comercio.  Así mismo se movilizan para constituir gobiernos que garanticen la vida, la autodeterminación y la dignidad de los pueblos.

Foto:justiciaypazcolombia
Juzgamos, discernimos, oramos que la espiritualidad de la tierra va mas allá de las religiones específicas y que está a la base de las tradiciones indígenas, afrocolombianas y lo más auténtico de las tradiciones religiosas.  Que todas ven la tierra como una herencia que no puede ser mercantilizada, que pertenece a las divinidades dadoras de la vida, que debe ser consentida como madre que ofrenda vida a sus hijos e hijas y posibilita la reproducción de todas las vidas.

En ella se basa la ley de origen de nuestros pueblos, es Pacha Mama en quechua, Machs Amititg en nonam, y Dayira Papa Drua en embera.   Nuestros pueblos originarios viven en la naturaleza, sus ritos nos comunican con lo profundo, la raíz, con la territorialidad que somos: fuego-sol, agua-sangre, viento-aliento, tierra-cuerpo.

En la Biblia es don de Dios, herencia, por eso Nabot no quiso venderla a al Rey Ajab, quien, como todos los acaparadores, se vale de la ley que mata y del engaño de los corruptos para apropiársela a fuerza de crimen.  En Jesús es lugar del pan, del pescado, del vino, alimentos que el Padre Dios entregó a todas sus hijas e hijos en medio de la tensión por la voracidad de otros reinos expropiadores, como ocurrió en su tiempo con el reino de Roma, al que Jesús opuso el Reino de Dios, aquel orden divino que busca garantizar la comida bendita, repartida y donada para todas en el aquí y en el ahora.

Estas plurales espiritualidades nos mueven, en consecuencia, a avanzar en la recuperación y defensa de la tierra como un derecho común de todos los pueblos.  Acción estratégica que, con tanta fuerza y convicción, adelantan las comunidades presentes en nuestro encuentro pero que las trasciende en la tarea global de garantizar la sobrevivencia de las hijas e hijos de Dios Padre y Madre.  Nos invita a ser valientes, a dejar el miedo y mostrarnos como lo que somos, hijas e hijos suyos, de la Madre Tierra, afirmando nuestra espiritualidad y defendiendo los territorios.

Profetas y profetizas nos han precedido en la defensa de los territorios e interceden y por esta causa.  Palabras de monseñor Leonidas Proaño resuenan en el corazón: “busco en todas partes luchadores por la Paz y por la Vida.  Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la invasión y la locura de unos hombres conviertan a nuestro planeta tierra en un luna muerta, en un cementerio del espacio”.  Junto a él Oscar Romero, Dorothy Day, Luis Espinal, Héctor Gallego, Jorge Gerardy, Yolanda Cerón, Camilo Torres, tantas y tantos que se entregaron hasta el último aliento.  Ellas y ellos caminaron antes que nosotros hacia la construcción de una sociedad en la que la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad, la autodeterminación, la vida y la dignidad de los pueblos sean posibles.

Nos motivamos a la acción, a pasar de los dichos a los hechos, en lo micro, reconociendo el papel de la mujer, recuperando las prácticas agroecológicas, la educación intercultural bilingüe, el reciclaje, la recuperación y siembra de semillas propias como quinua, morocho, chuchica, muyoco o aoca, la recuperación de la vestimenta indígena, las artesanías, la musica originaria, las danzas, los tejidos, las hierbas medicinales, las parteras y los médicos tradicionales.  Todas y todos debemos buscar tener nuestro “pedacito” de tierra, así vivamos en ambientes urbanos.

Asumimos la tarea de articulación con otras redes nacionales e internacionales de defensa de los territorios, que construyen alternativas a la globalización del mercado, al acaparamiento de tierras.  Acordamos motivar la movilización social contra la extranjerización, buscando legislaciones en nuestros países que la impidan en la práctica y para exigir inversión en favor del pequeño productor con acceso, control y uso de la tierra desde la autodeterminación de los pueblos, buscando que se cancelen los tratados de libre comercio donde los hay.

Actuamos desde la convicción de que los territorios son lugar articulador de la exigencia de los derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, al trabajo, al medio ambiente sano y a un entorno libre de la militarización.  Acompañaremos, también, acciones directas no violentas de recuperación material del derecho a la tierra y haremos alianzas con quienes trabajan por la justicia agraria, laboral y ambiental.

Nos unimos a las construcciones del movimiento social boliviano apoyado por su presidente indígena en la búsqueda del poder del Estado para campesinos, indígenas y afrodescendientes en el que todas y todos quepamos; en el trabajo por una revolución agraria que garantice la posesión y autodeterminación de nuestros pueblos sobre los territorios como lo dice la Cloc-Vía Campesina.

En este encuentro nos hemos solidarizado con la movilización agraria y popular en Colombia, en la que participan indígenas, afrodescendientes y mestizos campesinos y otros movimientos sociales; también con las aspiraciones de sectores del pueblo ecuatoriano de preservar la Reserva Forestal del Yasuní.

Proponemos a las y los creyentes de la España indignada por el capitalismo, víctima, también, de la burbuja inmobiliaria y otras expresiones de la crisis del capital, que celebremos nuestro 4º Encuentro Fe y Política en su resistente país, como un paso más del trabajo en redes para la articulación de las resistencias de los pueblos victimizados por el modelo.

Suscribimos en Quito, en la Universidad Andina Simón Bolívar, a los 31 días del mes de agosto de 2013

Acción Ecológica - Ecuador
Asociación Cristiana Liberación Imbabura - Ecuador
Asociación de Llamingueros INTIÑAN de Chimborazo -Ecuador
Asociación Sembradores de Paz Inzá, Cauca - Colombia
Asociación de Familias de los Consejos Comunitarios de Curvaradó, Jiguamiandó, Pedeguita y Mansilla y Santa Rosa de El Limón - Colombia
Comisión Ecuménica de Derechos Humanos del Ecuador, CEDHU
Centro Evangelio y Liberación - España
Centro de Auto Liberación Luna Sol - Ecuador
Centro de Formación de Misioneras Indígenas de Ecuador - Ecuador
Centro Kichwa Puka Rumi – Arajuno - Ecuador
Comisión Intereclesial “Justicia y Paz” - Colombia
Comunidades Eclesiales de Base de Quinindé - Ecuador
Comunidades Eclesiales de Base de Ecuador - Ecuador
Comunidades Eclesiales de Base - Bolivia
Comunidades Eclesiales de Base de Bogotá - Colombia
Comunidades Eclesiales de Base de Medellín - Colombia
Comunidad de Vida y Trabajo La Balsita de Dabeiba - Colombia
Comunidades de Autodeterminación, Vida, Dignidad del Cacarica, Cavida - Colombia
Comunidad Santo Tomás Madrid - España
Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos Tupac Katari, Rodolfo Machaca - Bolivia
Confederación Pueblos Kichwa Ecuarani - Ecuador
Consejo Comunitario del Río Naya - Colombia
Contexto - Bolivia
Coordinación Popular de Derechos Humanos de Panamá, Copodehupa - Panamá
Corporación Centro Loja de Promoción y Apoyo a la Mujer - Ecuador
Escuela de Formación Permanente Taita Proaño - Ecuador
Estudiantes Indígenas de Yuracruz Imbabura - Ecuador
Fraternidad Carlos de Foucauld
Fundación Pueblo Indio de Ecuador - Ecuador
Fraternidad Carlos de Foucauld - Ecuador
Guadalupanos - Ecuador
Grupo de Mujeres de Tierra Nueva de Imbabura - Ecuador
Grupo Oscar Arnulfo Romero de Cuba - Cuba
Jambi Huasi - Ecuador
José Arregi, Teólogo - País Vasco
Misioneros Claretianos - Ecuador
Misioneros por la vida de Colombia - Colombia
Movimiento de laicos y laicas de Colombia - Colombia
Movimiento Mons.  Proaño de Loja – Ecuador
Organización de Mujeres Juana Azurduy de Padilla - Bolivia
Organización “Guamán Poma” Cotopaxi – Ecuador
Parroquia San Pedro y San Pablo Limones, Esmeraldas – Ecuador
Parroquia Calderón, Quito – Ecuador
Pastoral Penitenciaria Tulcán - Ecuador
Red Ecuménica del Agua – Consejo Mundial de Iglesias
Resguardo Humanitario Nonam Alto Guayacán Bajo Calima - Colombia
Resguardo Humanitario
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad Oscar Romero
Unión de Organizaciones Campesinas Independientes de Ecuador, UECIPE
Universidad Politécnica Salesiana Quito - Ecuador
Universidad Laica Eloy Alfaro - Ecuador
Vicariato Apostólico de Esmeraldas - Ecuador
Zona de Reserva Campesina de la Perla Amazónica, Putumayo - Colombia


Fuente: http://justiciaypazcolombia.com/Declaracion-3er-Encuentro

Ver también:
Tercer encuentro latinoamericano “Fe y Política” y Fe y política latinoamericanas (Crónica, Ecuador)


miércoles, 28 de agosto de 2013

Martin Luther King, el Gandhi afroamericano


Memorial de Martin Luther King en Washington D. C.
Foto:WFU.edu

La década de 1960 fue un tiempo de grandes transformaciones, de sueños hechos realidad, como la llegada del hombre a la Luna, de utopías juveniles como el mayo francés o la primavera de Praga, pero también de pesadillas como el apartheid, la amenaza nuclear y la crisis de los misiles. Fue la década en que surgieron los hippies y el amor libre, la conciencia ecológica y la música de The Beatles, mientras la televisión se convertía en el medio de masas de la aldea global. En este escenario, se produjo esa extraordinaria cruzada a favor de los derechos civiles de los afroamericanos liderados por un pastor baptista que proclamaba la no violencia, y hablaba de sueños y tierras prometidas.

"Desde muy joven decidí dar mi vida por algo eterno y absoluto.  No por los pequeños dioses que están hoy aquí y mañana se han ido, sino por Dios, que es el mismo ayer, hoy y siempre" (Rediscovering lost values, febrero 28 de 1954).

"Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra en la realidad.  Por eso creo que el bien, temporalmente derrotado, es más fuerte que la maldad triunfante" (Acceptance speech at the Nobel Prize, diciembre 3 de 1964)

"La discriminación es un perro infernal que ladra a los negros en todos los momentos de su vida para recordarles que la mentira sobre su inferioridad es aceptada como verdad en la sociedad que los domina" (discurso en la Southern Christian Leadership Conference, agosto 16 de 1967)


Martin Luther King (1929-1968) era en cierto modo un predestinado. Había nacido en Atlanta, Georgia, en el interior de una familia cristiana, y estuvo desde muy niño imbuido del espíritu religioso de esa iglesia negra sureña, de cánticos y sermones encendidos; sin embargo, también vivió en carne propia la maquinaria de la discriminación en la sociedad de Estados Unidos, donde el mundo había sido partido en dos, entre blancos y negros, entre privilegiados y excluidos.

En 1954, se hizo cargo de una iglesia baptista en Montgomery, Alabama, y ahí inició su prédica por los derechos civiles. Se puso a la cabeza de miles de afroamericanos que boicotearon el sistema de buses de la ciudad debido a un incidente que marcó un antes y un después en la lucha por la igualdad: el arresto de una mujer negra, Rosa Parks, quien se negó a ceder su asiento a un hombre blanco en el autobús, tal como lo mandaba la ley. Durante 382 días, hombres, mujeres y niños afroamericanos caminaron por las calles sin subir al transporte municipal, hasta que la ley segregacionista fue abolida, un triunfo que no estuvo exento de acciones represivas y de atentados contra la casa de Luther King y otros líderes de la resistencia.

A diferencia de personajes como Malcolm X o grupos como las Panteras Negras, que proponían la violencia, el ojo por ojo, como respuesta a la discriminación, Luther King empleó otro tipo de fuerza: la resistencia pacífica. Y lo hizo siguiendo el modelo de Mahatma Gandhi: “Fue la figura que lo inspiró”, dice Mbare Ngom, profesor de la Universidad de Morgan, en Baltimore (Estados Unidos), quien el lunes pasado dio una charla sobre Luther King en el ICPNA de Miraflores (Lima), como parte de las actividades del Mes de la Historia Afroamericana. “Él supo estar ahí y galvanizar toda esa energía, toda esa cólera, llevándola por otro territorio, el de la no violencia. Esto jugó a su favor”, afirma el académico.
Estudiante atacado con perro policía
en Alabama en 1963 (foto:TCC.edu)
“El país se horrorizó cuando vio cómo unos ciudadanos desarmados que solo querían marchar de una ciudad a otra eran golpeados por la policía con una fuerza desproporcionada, perseguidos con gases lacrimógenos y perros”.

“Todo esto despertó a mucha gente que no quería ver el problema de la segregación racial”, agrega Ngom. Un papel trascendental jugó la emergente televisión de los sesenta, que llevó las terribles imágenes a todos los hogares de la clase media estadounidense.

Para 1963, después de numerosos arrestos, atentados y asesinatos contra ciudadanos afroamericanos por parte de la policía y organizaciones extremistas, ya existía plena conciencia en amplios sectores de la sociedad y la política de Estados Unidos de que la discriminación racial debía llegar a su fin.

Fue entonces cuando Luther King encabezó la gran marcha por el trabajo y la libertad a Washington. En las afueras del Capitolio, ante 250 mil personas venidas de distintos estados, pronunció su célebre discurso “Tengo un sueño”. “Era un orfebre de la palabra. Su sueño significaba igualdad, inclusión y eliminación de la pobreza. Él quería ver al hijo del antiguo esclavo y al hijo del antiguo dueño de esclavos sentados juntos en la misma mesa de la hermandad”, afirma Mbare Ngom.

En 1964 le dieron el Premio Nobel de la Paz, pero nunca dejó de ser ese sencillo pastor baptista, hogareño y sensible a los problemas de su comunidad: “Era una persona generosa”.

“El día que lo asesinaron, cuando fue a apoyar a los trabajadores que recogían la basura en Memphis, no tenía que estar ahí, pues estaba enfermo y le habían recomendado quedarse en cama, pero cuando le dijeron que había personas que querían oírlo, se levantó y fue a verlas”, relata Ngom.

Como una premonición, le había dicho a la multitud en el Mason Temple: “He visto la tierra prometida, pero es posible que no llegue ahí con ustedes”.

Horas después, el 4 de abril de 1968, fue asesinado por un francotirador de un disparo en la cabeza. Tenía solo 39 años.

¿Conspiración?

Se ha escrito mucho sobre la muerte de Luther King, sobre si el autor confeso, James Earl Ray, fue el verdadero autor del disparo o si existía detrás una conspiración.

El profesor Ngom señala: “Al principio, hubo sospechas de que el FBI era parte de la conspiración, porque Ray primero confesó y más tarde se desdijo. Hasta ahora no se sabe si fue el acto de un individuo o de alguien que actuaba como parte de una conspiración. A mí no me sorprendería ninguna de las dos posibilidades”.
King por poco no incluye la frase ‘Tengo un sueño’

Clarence Jones, de corbata negra,
detrás de Luther King en 1963 (Foto:NPR)
Clarence Jones estaba a 15 metros de su jefe, Martin Luther King Jr., en un día soleado de 1963 cuando King pronunció el discurso que cambiaría para siempre las relaciones raciales en Estados Unidos. Hoy, 50 años después, Jones recuerda que las palabras “tengo un sueño”, no estaban en el texto que King preparó y comenzó a leer ese día. De repente, King recuperó una frase que había usado antes con poco impacto, según Jones, abogado, confidente y escritor de discursos de King. El discurso fue pronunciado ante 250.000 personas que acudieron a Washington D.C. en una marcha a favor de los derechos civiles, en un momento en que era ilegal que negros y blancos se casaran en muchos estados, y unos meses después de que manifestantes en Alabama fueron atacados con perros de la policía y mangueras de incendios.
Jones contó que los primeros siete párrafos los leyó tal cómo él los escribió y “todo lo que dijo después fue espontáneo”.
Una pieza retórica de poderosos efectos
Uno de los más bellos discursos de la historia lo pronunció aquel líder integracionista negro que desde las gradas del Lincoln Memorial sacudió los cimientos de una nación. Era el 28 de agosto de 1963 y más de 250 mil personas se habían congregado para escuchar las palabras de Martin Luther King. La potente voz de King rugió desde las bases del monumento de Abraham Lincoln: “Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto significó un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia”.
Policías empujan a los manifestantes
en Mississippi, 1966 (Foto:Lipstickalley)
Procuró dar consolación a los asistentes: “Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde, en su búsqueda de libertad, han sido golpeados por la tormenta de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policial”.
La pieza oratoria no hizo concesiones al agotamiento: “Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país”.

No podría ser sino un discurso de reconciliación: “Hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio”.

Luego dijo a toda voz: “Hoy les digo a ustedes que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano”.

Se refería al sueño de la libertad y de las oportunidades, aquel que Thomas Jefferson plasmó en la Declaración de Independencia.

De allí la frase de King: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Desgarra, asimismo, el giro que toca en torno al futuro de sus hijos: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño!”.

Jorge Paredes Laos y Raúl Mendoza
Suplemento El Dominical
EL COMERCIO (Perú) / GDA / REUTERS


Las frases de la presentación de El Tiempo las tomaron de La Tercera (Santiago de Chile)

lunes, 26 de agosto de 2013

Un afro-sacerdote dedicado a promover el respeto por la diferencia

Los valores de Chocó para el mundo

Emigdio Cuesta nació en una región de Colombia donde no existen fronteras. Sólo se debe cruzar el rio Atrato en panga por cinco minutos y se puede pasar de Chocó a Antioquia y viceversa. De padre chocoano y madre antioqueña, Emigdio Cuesta entraña los valores de una región de Colombia en donde los de aquí y los de allá son uno solo: son primos, amigos, hermanos, familia.

Nacido en 1964 en Bojayá (Chocó), Emigdio Cuesta aprendió desde niño que entre ese municipio y Vigía del Fuerte (Antioquia), solo existía hermandad y el rio atrato como avenida fluvial. “En este sector, los chocoanos y los antioqueños compartimos la cultura negra. No hay frontera departamental. Allá todos somos parientes, familiares, conocidos”, afirma él sin vacilar.

Desde su origen, Emigdio Cuesta entraña también los valores de una región en donde la alegría, el trabajo, el respeto por la naturaleza, la solidaridad, el valor de la palabra y el valor del presente hacen parte de una visión de la vida, de una forma de relacionarse con el mundo. “Para mi ser chocoano y atrateño es una cultura, es un modo de ver el mundo, una manera de entenderse con los otros. Hay muchas cosas ahí que me gustan y que no quiero perder”, asegura con orgullo.

Por eso, a pesar de la unidad y la familiaridad con que se vive en esta región de Colombia, al cumplir 18 años, Emigdio decidió pasar en panga desde Vigía, donde sus padres lo llevaron a vivir desde los 7 años, hasta Bojayá para que en su cédula quedara registrado su origen chocoano. “Yo tengo una identidad chocoana arraigada y quería que eso quedara claro en mi cédula”.

Ese origen que lleva con orgullo a donde vaya, lo aprendió de su padre, Don Porfirio, agricultor y pescador que participaba en cuanta reunión comunitaria se hacía en el pueblo. Desde organizaciones de acción comunal, hasta organizaciones de velorios, novenas, entierros y consultas. Hijo de una familia de 10 hermanos, Emigdio aprendió entre Vigía del Fuerte y Bojayá costumbres como la de “Mano Cambiada”, hacer trabajos compartidos entre vecinos, o el trueque de alimentos, el valor de la palabra, el disfrute de la luna llena en una noche en canoa entre Quibdó y su pueblo, a disfrutar de una fiesta entre vecinos sin violencia, el valor de la solidaridad y el pensamiento colectivo por encima del individual. “De niño recuerdo que varias veces una familia quitaba la madera que separa las habitaciones de sus casas, para aportar para hacer la caja de un difunto, no importaba quién fuera, ni de dónde viniera”.

Esos mismos valores los ha ido llevando en su camino por el mundo como sacerdote, religioso y misionero de la comunidad del Verbo Divino, un camino que eligió a los 18 años cuando salió del colegio, en principio por pura curiosidad y no por llamado divino, como él mismo confiesa: “No hubo nada de llamados especiales ni del espíritu andando…sólo sentí curiosidad, entré y me fui quedando”.



Ser afro dentro de la iglesia, ser afro dentro de la sociedad


El padre Emigdio Cuesta no es sacerdote común y corriente. No tiene parroquia, no usa alba ni cleriman, no impone el evangelio. Prefiere “compartir con otros y otras su experiencia de fe” y cuando celebra misas, en lugar de alba usa túnicas de colores vivos, y en lugar de cantos tradicionales, invita grupos afrodescendientes para que bailen cumbias, abozaos o currulaos, ritmos de la región pacífica y de la región atlántica de Colombia. Él mismo participa de los bailes al final de la misa. Desde su ordenación como sacerdote, decidió vestirse diferente para hacer honor a su origen africano y se ordenó con una túnica que mandó a hacer especialmente para esa ocasión.

“A mí me parece que el reconocimiento y la visibilidad del pueblo afro y de sus valores, de su diferencia comienza por ahí…no es simple excentricismo…digamos, ¿por qué no se puede vestir uno como africano?...además, el negro y el gris son colores aburridos, en cambio, los colores africanos son vida, son fuerza, son alegría y los puedes ver de lejos…”, explica el padre sobre su decisión de vestir con colores alegres dentro y fuera de la Eucaristía. Sin embargo, no han faltado los sacerdotes que se niegan a celebrar con él, por sus túnicas de colores.

Desde su papel como sacerdote católico, el padre Emigdio Cuesta Pino siguió construyendo un mundo donde todos seamos iguales, respetando nuestras diferencias, una apuesta que ha tenido alegrías y dificultades. “Al principio no fue fácil para mí. A los tres meses ya quería devolverme para mi casa porque me sentía raro siendo el diferente del seminario, aunque nadie me discriminara yo sentía que me miraban cómo raro, como que ‘¿De dónde sacaron este espécimen?’”, recuerda entre risas, sobre sus primeros días en el Seminario cuando alcanzó a arrepentirse y a creer que sus padres tenían razón cuando le dijeron que “ser cura era solo para blancos”. Llegó a la iglesia católica en un momento de renovación y la congregación del Verbo Divino fue de las primeras en recibir personas afrodescendientes en sus seminarios.

Gracias a un consejero español entendió que ser el único afro que había en ese momento en el seminario podía ser una oportunidad de trabajar por los de su etnia y desde entonces, ese ha sido el fundamento de su trabajo, la razón de ser de su apostolado. De toda su región, él y otro coterráneo, el padre Óscar Córdoba, son los únicos sacerdotes. “Después de esa crisis empecé a reafirmar poco a poco mi ser afro y después me fue gustando…me fueron gustando las dos cosas: por un lado el ser afro y ahora sí gozándome el ser distinto, y por otro lado, el ser afro dentro de la iglesia, y el ser afro dentro de la sociedad”, asegura el padre.

Desde entonces, el padre Emigdio asumió el trabajo por la dignificación de su etnia como una apuesta. Ha estado siempre vinculado con la Pastoral Afrocolombiana, participa en la Comisión de Vida Religiosa Afro y ha promovido la celebración de las eucaristías afrocolombianas, una celebración que se caracteriza por su alegría, su colorido, la participación y su sentido de hermandad.

Como parte de su búsqueda, decidió realizar su experiencia pastoral en África con la intención de encontrarse con sus raíces. Durante dos años, entre 1991 y 1992, compartió con los habitantes de Botswana donde aprendió que son muy distintos a los colombianos pero tienen un origen común, por eso no duda en afirmar que “De esos momentos felices que uno puede hablar en su vida, es el encuentro con un africano en un país extranjero. El encuentro produce algo aquí adentro como que este y yo somos familia, este y yo nos hemos visto en algún lado, este y yo tenemos algo en común…sentimos que hay empatía”.

A finales de los 90’, durante la época más dura del conflicto armado, fue vicario parroquial en su región, en Vigía del Fuerte, entre 1994 y 1999, y con el párroco de Bojayá, el sacerdote Jorge Luis Mazo (Q.e.p.d), lideró el fortalecimiento de las organizaciones juveniles del medio Atrato y la creación de tiendas comunitarias que garantizaran el autoabastecimiento de los pobladores en una época en donde “los únicos que andaban por el río eran los ‘paras’, los guerrilleros, y los misioneros”, como él mismo recuerda. En 1999 regresó a Bogotá por miedo a perder su vida, luego de que su amigo y colega, el padre Jorge Luis Mazo fuera asesinado llegando a la ciudad de Quibdó en un bote donde él mismo iba a viajar el día anterior.

Aunque muchos cuestionan su forma de ejercer el sacerdocio para él “la iglesia tiene un campo de acción que va más allá de una parroquia”, y recuerda que más allá de evangelizar, quiere transformar la vida de los otros a partir de una actitud de alegría y servicio pues uno de sus postulados reza: “Uno tiene que vivir significativamente para alguien, para poder ser recordado. Ese es el verdadero significado de la resurrección”.



Un cura afro en el movimiento de derechos humanos


Al llegar a Bogotá, el padre Emigdio continuó con su apostolado “mostrando que dentro y fuera de la iglesia lo afro es una gran riqueza”. Al llegar a Bogotá después de los días de guerra en el Atrato, emprendió de nuevo la labor del fortalecimiento de la pastoral afrocolombiana y en el 2005 fue delegado por su comunidad religiosa para hacer parte del movimiento afrocolombiano. En el 2005 fue delegado como secretario ejecutivo de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas – CNOA y desde allí promueve junto con las organizaciones afrocolombianas, procesos de construcción participativos, interlocución e incidencia política.

La apuesta desde la CNOA ha sido hacer incidencia política y visibilizar lo afro en distintos espacios políticos: “Muchas veces asistimos a un espacio simplemente para levantar la mano y decir: ‘Aquí estamos los afro’”.

Como Secretario ejecutivo, ha logrado posicionar la Conferencia como un interlocutor válido para hablar de las necesidades, los aportes y los derechos de la población afrocolombiana. Promovió la inclusión de la CNOA en las plataformas de derechos humanos, convocó a las organizaciones a realizar su plan estratégico, busca recursos y promueve espacios construidos entre todos. “No me interesa que nadie diga ‘Esto lo hizo el padre Emigdio’, me interesa que digan: “Esto lo hicimos entre todos, en la CNOA”.

Su llegada al movimiento de derechos humanos, como defensor de los derechos del pueblo afro, ha sido parte del recorrido que inició cuando empezó su vida sacerdotal en comunidades de base. Como integrante de la Mesa de organizaciones afrocolombianas y de otros espacios a los que asiste para llevar la voz de los afrodescendientes, parte de la base de que “siempre hay otra posibilidad de encuentro. Si no nos entendimos hoy, podemos entendernos mañana” y desde ahí, no duda en afirmar que hoy, la CNOA se ha constituido en un espacio de diálogo, concertación y paz.

Al preguntarle si estaría dispuesto a irse para otro país, el padre Emigdio, el padre chocoano, de túnicas de colores y togo (sombrero africano), no duda de afirmar: “Aquí me quedo. Me gusta Colombia a pesar de sus contradicciones. Tengo suficientes razones para amarla. Espero que algún día podamos sentir que es un país de todas y de todos”.