viernes, 18 de mayo de 2012

Boff: Tiempos de crisis - tiempos de cuidado




2012-05-18

El tema del cuidado es un tema recurrente en la reflexión cultural de los últimos tiempos. Primero fue vehiculado a través de la medicina y la enfermería, pues representa la ética natural de estas actividades. Después fue asumido por la educación y hecho paradigma por filósofas y teólogas feministas, principalmente norteamericanas, que ven en él un elemento esencial de la dimensión ánima, presente en el hombre y en la mujer. Produjo y sigue produciendo una continuada y tenaz discusión, especialmente en Estados Unidos, entre la ética de base patriarcal, centrada en el tema de la justicia, y la ética de base matriarcal, articulada por el cuidado esencial.

Adquirió especial fuerza en la discusión ecológica, siendo una pieza central de la Carta de la Tierra. Cuidar del medio ambiente, de los recursos escasos, de la naturaleza y de la Tierra se han vuelto imperativos del nuevo discurso. Por último, el cuidado se ha visto como esencial para la comprensión del ser humano tal como lo aborda Martin Heidegger en Ser y Tiempo, recogiendo una tradición que se remonta a los griegos, a los romanos y a los primeros pensadores cristianos como san Pablo y san Agustín.

Se constata además que la categoría cuidado gana fuerza siempre que se producen situaciones críticas. El cuidado es quien impide que las crisis se transformen en tragedias fatales.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918), desencadenada entre países cristianos, destruyó el ilusorio glamour de la era victoriana y produjo un profundo desamparo metafísico. Fue cuando Martin Heidegger (1889-1976) escribió su genial Ser y Tiempo (1929), cuyos párrafos centrales (§ 39-44) están dedicados al cuidado como ontología del ser humano.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) despuntó la figura del pediatra y psicólogo D. W. Winnicott (1896-1971), encargado por el gobierno inglés de atender a niños huérfanos, víctimas de los horrores de los bombardeos nazis sobre Londres. Desarrolló toda una reflexión y una práctica en torno a los conceptos de cuidado (care), de preocupación por el otro (concern), así como del conjunto de cuidados y apoyos que hay que proporcionar a los niños o a las personas vulnerables (holding), aplicables también a los procesos de crecimiento y educación.

En 1972 el Club de Roma dio la alarma ecológica sobre el estado enfermo de la Tierra. Identificó la causa principal: nuestro modelo de desarrollo, consumista, predatorio, perdulario y sin ningún cuidado ni hacia los recursos escasos ni con la forma como tratamos los residuos, muchos de ellos dañinos y no asimilables por la naturaleza. Después de varios encuentros organizados por la ONU en los años 80 del siglo pasado, se llegó a la propuesta de un desarrollo sostenible como expresión del cuidado humano hacia medio ambiente, pero enfocado principalmente al aspecto económico.

En 1991, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Fondo Mundial para la Naturaleza y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza elaboraron una estrategia minuciosa para el futuro del planeta bajo el lema Cuidando la Tierra (Caring for the Earth 1991). En ella se dice:

La ética del cuidado se aplica tanto a nivel internacional como a nivel nacional e individual; ninguna nación es autosuficiente, todos nos beneficiaremos con la sostenibilidad mundial y todos estaremos amenazados si no conseguimos alcanzarla.

Recogiendo esta línea de pensamiento, después de un trabajo de ocho años a nivel mundial, en marzo de 2000 termina en París la redacción de la Carta de la Tierra. La categoría cuidado y el modo sostenible de vivir constituyen los dos principales ejes articuladores del nuevo discurso ecológico, ético y espiritual propuesto por este documento. En 2003 la UNESCO asume oficialmente la Carta de la Tierra y la presenta como un instrumento pedagógico sustancial para la construcción de la responsabilidad colectiva de la humanidad por nuestro futuro común.

En 2003 los ministros y secretarios de medio ambiente de los países de América Latina y del Caribe elaboraron un notable documento Manifiesto por la vida, por una ética de la sostenibilidad donde se incluye la categoría cuidado en la idea de un desarrollo que sea efectivamente sostenible y radicalmente humano.

El cuidado está especialmente presente en los dos extremos de la vida: en el nacimiento y en la muerte. El niño sin cuidado no puede existir. El moribundo necesita cuidado para salir decentemente de esta vida.

Cuando en algún grupo despunta una crisis generando tensiones y divisiones, la sabiduría del cuidado es el camino más adecuado para oír a las partes, favorecer el diálogo y buscar convergencias. El cuidado se impone cuando aparece una crisis de salud que exige hospitalización. Entonces, se pone en acción el cuidado por parte de los médicos, los enfermeros y enfermeras, que deciden el tratamiento mejor.

El cuidado es absolutamente necesario en prácticamente todas las esferas de la existencia, desde el cuidado del cuerpo, de los alimentos, de la vida intelectual y espiritual, de la conducción general de la vida, hasta para atravesar una calle con mucho movimiento. Como ya observaba el poeta romano Horacio, el cuidado es «como una sombra que siempre nos acompaña y nunca nos abandona porque hemos sido hechos a partir del cuidado».

Hoy, dada la crisis generalizada, ya sea social o ambiental, el cuidado se hace imprescindible para preservar la integridad de la Madre Tierra y salvaguardar la continuidad de nuestra especie y de nuestra civilización.



jueves, 17 de mayo de 2012

Obispos sueñan la paz entre Sudán y Sudán del Sur


Roma, Miércoles, 16 de mayo 2012
 
Los líderes anglicanos y católicos de Sudán del Sur han preparado un mensaje pidiendo el fin de la guerra y restablecer la paz con el Sudán. El mensaje, titulado "Tenemos un sueño de paz, justicia y libertad", fue firmado por 15 obispos de ambas comunidades después de tres días de oración y reflexión en Yei, la semana pasada, para fortalecer los lazos ecuménicos.


Durante la guerra, los líderes religiosos estaban en estrecha comunión, pero en los primeros años de la paz se han retirado al interior de su comunidad; ahora quieren aumentar la cooperación ecuménica. Los obispos escriben que tienes un sueño, una visión y una convicción basada en los valores del Evangelio: el valor profético de la Iglesia sobre la justicia, la paz y la dignidad de todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios.

El documento afirma que el sueño de los obispos católicos y episcopales para la gente de Sudán del Sur y el Sudán es que se puede disfrutar de la democracia y la libertad y que todas las religiones, grupos étnicos, culturas y lenguas tienen los mismos derechos humanos basados en la ciudadanía. Los obispos añaden que el sueño es que las dos naciones tengan paz y cooperen para hacer el mejor uso de los recursos que Dios les ha dado, mediante la promoción de la interacción entre los ciudadanos libres, viviendo uno junto al otro en la solidaridad y el respeto mutuo. 

Los obispos dijeron que habían aceptado la Resolución 2046 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 2 de mayo, que se ocupa de varias cuestiones clave entre los dos Sudán, incluyendo Abyei, sobre el cual pide que las fronteras se delimiten y se cree una zona desmilitarizada para evitar otros enfrentamientos y se reanuden las negociaciones.

Hilde Johnson, jefe de la misión de la ONU en Sudán del Sur, se quedó con los obispos en el encuentro ecuménico para pedirles que notifiquen a los fieles que la ONU no va a abandonar o traicionar al país. El mensaje es seguido por la indignación por la posición de la ONU frente a los últimos enfrentamientos fronterizos. Sudán del Sur acusa a la ONU de favorecer a Sudán y no proteger a la población de los ataques de la fuerza aérea sudanesa.

P. José Vieira, mccj
Sudán del Sur

Sudán y Sudán del Sur


Fuente: http://www.comboni.org//contenuto/view/id/106026
Imagen: http://www.geic.com.ar/

martes, 15 de mayo de 2012

Misssionário da Consolata é ordenado bispo em Salvador


15/05/2012 | Michael Mutinda / revista Missões

Traducción automática al español en http://is.gd/JzfiJD

Na manhã deste final de semana, 13 de maio, um domingo cheio de festas para celebrar: 6º da Páscoa, dia das mães, memória da aparição da Nossa Senhora de Fátima, 50 anos da arquidiocese de Feira de Santana, e ‘mais um', como disse o povo baiano, para alegrar o dia dos missionários da Consolata juntamente com o povo de Deus, o dia da ordenação episcopal de dom Giovanni Crippa, italiano, missionário da Consolata. A celebração eucarística com o rito de ordenação episcopal aconteceu na igreja de Santo Antônio - capuchinhos, da arquidiocese de Feira de Santana, no horário compreendido entre 9h00 e 12h00.

Vídeo: Ordanação de Dom Crippa

Cantando a marcha da Igreja: "reunidos em torno dos nossos pastores, nós iremos a Ti", milhares de fiéis vindos de Feira de Santana, Salvador, Rio de Janeiro e São Paulo, se juntaram com visitas e familiares de dom Giovanni, missionários da Consolata trabalhando no Brasil, cerca de 20 bispos, centenas de padres, diáconos e religiosos, para este grande evento: a ordenação do 17º bispo dos missionários da Consolata.

Novo membro de CNBB e Pastor ‘soteropolitano'

O novo bispo, nomeado pelo papa Bento XVI aos 21 de março de 2012, bispo titular de "Accia" e auxiliar de arquidiocese de São Salvador da Bahia, foi ordenado por dom Itamar Vian, OFM Cap., arcebispo de Feira de Santana, juntamente com os co-ordenantes, dom Murilo Krieger, scj, arcebispo primaz de São Salvador da Bahia, e dom Walmir Alberto Valle, imc, bispo emérito de Joaçaba.

O rito da ordenação episcopal foi iniciado depois do Evangelho com a apresentação do bispo eleito pelo superior regional dos missionários da Consolata, padre Elio Rama, imc; depois a leitura do decreto oficial, e dom Itamar seguiu com a homilia. Lembrando as palavras do Documento de Aparecida, dom Itamar disse que os bispos, como sucessores dos apóstolos, junto com o sumo pontífice e sob a sua autoridade, com fé e esperança aceitam a vocação de servir o povo de Deus, conforme o coração de Cristo bom pastor. Encorajando o novo bispo, dom Itamar disse que a alegria do bom pastor, está no serviço com amor, e tem certeza que dom Giovanni fará isso com muito gosto. Após a homilia, a ordenação seguiu-se com os seus elementos constituintes: invocação do Espírito Santo, diálogo e pronunciamento dos propósitos, ladainha, imposição das mãos, oração consacratória com a Bíblia sobre a cabeça, entrega da sagrada escritura, unção com o óleo na cabeça, e entrega das insígnias do bispo (anel, mitra e báculo).

‘Para edificar o Corpo de Cristo'

Dom Giovanni Crippa nasceu na Itália. Foi ordenado sacerdote em 1985, na congregação dos missionários da Consolata. Depois de trabalhar na sua terra, chegou ao Brasil em 2000, e desde 2001 está em Feira de Santana, na paróquia Santíssima Trindade. Na sua fala ao final da celebração, tendo agradecido a todos que colaboraram na sua ordenação, dom Giovanni disse que está muito contente, e sempre procurou ser um padre feliz. ‘A minha felicidade se encontra mais ainda como pastor na celebração eucarística que é centro e o ápice da vida cristã e deve ser repartida para a salvação de todos, remetendo-me ao meu lema episcopal: ‘in aedificationem corporis Christi', isto é, para edificar o Corpo de Cristo, - Ef 4, 12- que é a Igreja", disse dom Giovanni. Lembrando o seu ardor missionário, dom Giovanni disse que está muito contente por ser um missionário da Consolata, e assim permanecerá, simplesmente, mudando a missão... "Não devemos ter medo de sair para novas missões, o mundo é a nossa pátria", acrescentou.

*Michael Mutinda, diácono e missionário da Consolata, em Salvador.

Fuente: http://www.revistamissoes.org.br/noticias/ler/id/5259


martes, 8 de mayo de 2012

Seminário Estadual da Pastoral Afrobrasileira


Com o tema “Ações afirmativas e políticas públicas para o povo negro”, aconteceu nos dias 5 e 6 de maio o Seminário Estadual da Pastoral Afro do Regional Sul 3 da CNBB (Rio Grande do Sul). O evento aconteceu no Centro de Pastoral da Paróquia Rede de Comunidades São José, em Gravataí (RS) e contou com representantes de diversas dioceses do estado, com a participação do bispo referencial da Pastoral Afrobrasileira, dom Gílio Felício e do bispo auxiliar de Porto Alegre, dom Jaime Spengler.

A temática iniciou com relato de representante da Comissão de Cidadania e Direitos Humanos da Assembléia Legislativa, Rosângela Gafforelli, sobre a ação da Comissão com os imigrantes do Haiti que chegaram ao estado em busca de trabalho. Os haitianos presentes no encontro também fizeram relatos da tragédia que atingiu o país após o terremoto ocorrido em 2010, a busca pela reconstrução, por trabalho e melhores condições de vida em países como o Brasil.
 
A professora Vera Triumpho falou sobre “Pastoral Afro no Rio Grande do Sul: uma história de ações afirmativas” resgatando a caminhada e os desafios da Pastoral Afro no estado. O tema “Trabalho inclusivo nos quilombos: um desafio à Pastoral Afro” foi abordado pela professora Eva Pinheiro e por Joel dos Santos. Outro tema trabalhado foi “Saúde da População Negra: um trabalho árduo e ainda pouco visível”, abordado por Carmem Susana de Lima, Stênio Rodrigues e José Maria Weist. A professora Nilda Alves, ao abordar o tema “Educação Étnica racial no Brasil”, falou de sua experiência como educadora e a prática pedagógica realizada em sala de aula com a educação infantil. Já a professora Adiles Lima, abordou o tema enfatizando a importância da Pastoral Afro para a implementação da Lei 10.639/03, que torna obrigatório nas escolas o ensino sobre História e Cultura Afro-Brasileiras. Sobre ações afirmativas na educação e no mundo do trabalho, a estudante Ana Maria Rodrigues dos Santos e a trabalhadora Tatiane Quirino fizeram relato que emocionou os participantes do encontro e confirmaram a importância de tais ações. No encerramento do Seminário, o coordenador da Pastoral Afro do Regional Sul 3 da CNBB, Olídio Mendes, reafirmou a importância do engajamento e fortalecimento da Pastoral no estado.
 
Impulsionados pelas palavras de dom Gílio, na missa realizada durante o evento, os participantes seguiram para suas dioceses com a missão e o compromisso profético de fortalecimento da caminhada da Pastoral Afro na luta pela construção do Reino de Deus, que quer igualdades de direitos, justiça e felicidade para todos.
 
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Con el tema "Acciones afirmativas y políticas públicas para el pueblo negro", se realizó, los días 5 y 6 de mayo, el Seminario Estadual de Pastoral Afro Región Sur 3 de la CNBB (Rio Grande do Sul). El evento se llevó a cabo en el Centro de la Parroquia red de comunidades de San José en Gravataí y contó con representantes de varias diócesis del estado, la participación del obispo de referencia de la Pastoral Afrobrasileira, msr. Gilio Felicio, y la del obispo auxiliar de Porto Alegre , don Jaime Spengler, vicario episcopal del Vicariato de Gravataí, en la celebración de apertura, y con el párroco, João Carlos Karling.
 La temática comenzó con un informe del representante de la Comisión de Derechos Humanos y Ciudadanía de la Asamblea Legislativa, Rosângela Gafforelli, sobre una acción de la Comisión con los inmigrantes de Haití que llegaron al estado en busca de trabajo. Los haitianos en la reunión también dieron a conocer informes de la tragedia que asoló el país después del terremoto de 2010, la búsqueda de la reconstrucción, de trabajo y mejores condiciones de vida en países como Brasil.
 
La profesora Vera Triunfo habló sobre "La Pastoral Afro en Rio Grande do Sul: una historia de acciones afirmativas", rescató la caminata y los desafíos de la Pastoral Afro en el estado. El tema "Trabajo
inclusivo en los quilombos: un desafío para la Pastoral Afro"lo abordaron la profesora Eva y Joel Pinheiro dos Santos. Otro tema trabajado fue "Salud de la Población Negra: Un trabajo duro y todavía poco visible", abordado por Carmen Susana de Lima,Stenio Rodrigues y ​​José Maria Weist. La profesora Nilda Alves, al abordar el tema "Educación étnica-racial en Brasil", habló de su experiencia como educadora y la práctica pedagógica en el aula de la educación infantil. La profesora Adiles Lima abordó el tema e hizo hincapié en la importancia de la Pastoral Afro en la aplicación de la Ley 10.639/03, que hace obligatoria en las escuelas la enseñanza de la historia y la cultura afrobrasileñas. Sobre acciones afirmativas en la educación y el mundo del trabajo, la estudiante Ana Maria Rodrigues dos Santos y la trabajadora Tatiane Quirino presentaron el informe que emocionó a los participantes de la reunión y confirmó la importancia de este tipo de acciones. En la clausura del seminario, el coordinador de la Pastoral Afro Región Sur 3 de la CNBB, Olídio Mendes, reafirmó la importancia de la participación y el fortalecimiento de la Pastoral en el estado.
 
Impulsados por las palabras de msr. Gilio en la misa inculturada realizada durante el evento, los participantes regresaron a sus diócesis, con la misión y el compromiso
profético de fortalecer la caminata de la Pastoral Afro en la lucha por construir el Reino de Dios, que quiere la igualdad de derechos, la justicia y la felicidad para todos.
 
 
  

viernes, 4 de mayo de 2012

Ayda Orobio Granja: Misionera afrocolombiana con el pueblo afrocolombiano


Texto: Oscar Elizalde Prada
Fotos: MML
Publicado el 27.04.2012



"He fortalecido mi propia identidad como mujer afrocolombiana que se integra, sin dicotomía, a mi opción de vida religiosa laurita".

El 14 de mayo de 1914, tras un largo proceso de gestación, la beata Laura Montoya funda la Congregación Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, más conocidas como Misioneras de la Madre Laura (lauritas). El celo y la osadía de esta mujer antioqueña, nacida en Jericó y maestra de profesión, ayudó a configurar una nueva primavera misionera en Colombia, penetrando selvas, ríos y montañas, para llegar a los más remotos rincones, habitados por pueblos indígenas, afro y mestizos.

Casi un siglo después, la Hna. Ayda Orobio Granja, afrocolombiana, nacida en Buenaventura y Superiora General de las Misioneras de la Madre Laura, continúa animando la obra iniciada por su fundadora. En diálogo con Vida Nueva Colombia, comparte algunos trazos de su itinerario vocacional, estrechamente vinculado al pueblo afrocolombiano.

¿Por qué optó por ser “laurita”?

La piedad de mamá influyó directamente en mi deseo de ser religiosa desde niña; papá me enseñó indirectamente a contemplar la naturaleza, no era amigo de oraciones, ni de la misa, pero atendía con mucha solicitud a las religiosas, los sacerdotes y especialmente a Monseñor Gerardo Valencia Cano, cuando necesitaban transporte por el mar o por los ríos.

¿Sobre la costa del Pacífico?

Así es. Mi padre, Arcesio Orobio, era oriundo del río Micay, y mi mamá, Paula Granja, del río Saija. Por eso mi niñez y juventud están ligadas a los ríos, al mar y a mi cultura afrocolombiana. Disfruté del ambiente campesino y sencillo donde papá nos enseñaba a recrearnos con la naturaleza, a sacar de ella lo necesario para la vida, en armonía y sentimiento de gratitud. Mamá era la encargada del comisariato, la tienda que surtía todas las necesidades de la familia y de los trabajadores. Con su trato amable y su generosidad, se ganaba el cariño de todos los pobladores del sector, que ella aprovechaba para  convocar a  la formación religiosa, sobre todo al rezo del Rosario.

¿Cómo era la vida en familia?

En la costa pacífica hablamos de familias extensas porque los abuelos y los tíos están integrados de forma directa al núcleo familiar. En mi caso la mayor vinculación fue con los abuelos maternos, pues con mamá María y papá Abelardo, como les llamábamos, pasamos varias temporadas de vacaciones. Ellos vivían en Puerto Merizalde, una hermosa población fundada por msr. Bernardo Merizalde, para congregar a los campesinos, afrocolombianos e indígenas de los ríos Naya, Yurumangüi, Cajambre y Micay.

Los abuelos tenían una casa grande de madera. En el primer piso funcionaba el almacén y en el segundo la vivienda, que tenía capacidad para albergar a toda la familia extensa. Cuando la abuela sabía que pasaríamos las vacaciones con ellos, empezaba a recolectar todo lo que sabía  nos gustaba y a separar del almacén los regalos correspondientes. Algunas veces coincidíamos con otros primos. Todos disfrutábamos las provisiones de mamá María: cocos, cangrejos, tortugas, iguanas, gallinas, chontaduro, papachina y demás productos de la región. Ella misma dirigía la cocina para hacer de cada comida una fiesta.

Unido al compartir familiar estaba la formación práctica en la vivencia de la fe, especialmente la celebración del domingo. Desde muy temprano empezaban a llegar las canoas cargadas con los productos para vender, pero no empezaban el comercio hasta no participar en la misa. En la casa de los abuelos, desde que sonaba el primer repique de las campanas, se debían acelerar los arreglos para salir con la ropa apropiada para participar en la misa.

Volvamos a la pregunta inicial, ¿cómo descubrió su vocación?

Cuando estudiaba en Quibdó, las lauritas que venían de Juradó y de Bahía Solano, se hospedaban en la Normal y casi siempre traían niños indígenas, unos para llevarlos al médico y otros para buscarles facilidades de estudio. Varias internas aprovechábamos para dialogar con ellas sobre su estilo de vida y sus ideales, su afán por ayudar a los más necesitados. Así comprendí que mi vida podía ser útil para apoyar a las personas excluidas por la sociedad. Posteriormente encontré en la biblioteca del colegio el libro: “Aventura Misional de Dabeiba”, donde la Madre Laura narra la fundación de la Congregación. Su experiencia me cautivó y desde ese momento decidí terminar la Normal y luego hacerme laurita.

Entonces después de la Normal, ¿continuó su formación con las Lauritas?

En efecto, terminé mis estudios como normalista en el Instituto Femenino Integrado de Quibdó, con las Hermanas de la Presentación. Ya con las Lauritas, realicé el  noviciado en Medellín y posteriormente hice la Licenciatura en Misionología en la Universidad Urbaniana de Roma y estudié Ciencias Religiosas en la Javeriana. Para fortalecer la Pastoral Misionera, realicé el Diplomado para Agentes Multiplicadores de Formación Interétnica, del Centro de Estudios Étnicos, y el Diplomado en Estudios Afrocolombianos en la Universidad del Cauca.

Siendo religiosa, ¿alguna experiencia particular fortaleció su identidad afrocolombiana?

El encuentro que fortaleció mi identidad y compromiso con el pueblo afro, fue la Misión de Noanamá, Chocó, entre los años 1987 y 1993, cuando se empezaba a trabajar con el pueblo negro la defensa del territorio. Las hermanas acompañábamos en el río San Juan el proceso de la Organización Indígena OREWA, y algunos líderes y asesores del movimiento indígena comprendieron que si el pueblo negro no se organizaba sería presa fácil de las multinacionales que empezaban a llegar al Pacífico. Para defender el territorio había que analizar la cultura y las tradiciones. Yo empecé a ver mi historia personal y familiar, reflejada en la historia y la cultura del pueblo que acompañaba. Entonces fue fácil fortalecer los temas de capacitación  al incluirme en el proceso. Recuerdo algunas consignas que proclamábamos: “Defendamos nuestra cultura y nuestro territorio”. “Oiga, mire, vea, métase a la pelea pa’ que el negro  si se vea… ¿y cómo?… ¡Luchando, creando conciencia de pueblo negro!”.

También empecé a participar en la pastoral Afrocolombiana, reforzando mi  experiencia con la de otros agentes de pastoral de Buenaventura, Quibdó, Guapi y  Tumaco, que venían rescatando las expresiones religiosas afrocolombianas: la forma de orar, los cantos (alabaos y arrullos), las reflexiones… Posteriormente participé en el V Encuentro de Pastoral Afroamericana (EPA), que se realizó en Quibdó con el tema de la etnoeducación para el pueblo Negro, allí se amplió mi horizonte y comprendí la urgencia de apoyar el Movimiento Afroamericano.

¿Alguna conquista memorable?

La participación activa en el nacimiento del Consejo Comunitario General del San Juan (ACADESAN) que logró la titulación colectiva de su territorio (683.591 hectáreas), y sigue luchando por la defensa de sus derechos. El fortalecimiento de la Corporación Centro de Pastoral Afrocolombiana (CEPAC), que ha logrado reconocimiento eclesial, social y jurídico, y ha publicado algunos libros como “Historia del pueblo afrocolombiano – perspectiva pastoral”, “Tradiciones religiosas afrocolombianas”, “Sazón del Pacífico – un homenaje a nuestros ancestros africanos”; y desde estos dos espacios, haber participado en el Movimiento Afrocolombiano que logró el Artículo Transitorio 55 en la Constitución Nacional de 1991 y la Ley 70 de 1993.

¿Qué se necesita para trabajar con el pueblo afro en estos tiempos?

Ubicarse bien en la historia del pueblo afro, sin agresividad pero con realismo, pues muchas dificultades personales de hoy son secuelas de las opresiones de ayer. Para los afro lo primero es el proceso de sanación con la  historia y la identidad personal, para los no afro lo esencial es llegar con la metodología de Jesús de Nazaret: acercarse al pueblo afro sin prejuicios, conocerlo, respetarlo, amarlo y, desde dentro, reconocer lo positivo y sugerir lo que se puede mejorar. El pueblo, que es supremamente intuitivo, dará el diploma de aprobación, aceptación e integración, como un miembro querido del grupo.

Por otro lado, para que el aporte sea efectivo, se necesita estar bien informado: conocer la reglamentación existente tanto nacional como internacional, las causas de la violencia en los territorios titulados y los que aun no se han podido titular, los temas actuales que siguen generando desplazamiento y muerte, entre otros la minería, el territorio, la biodiversidad y las carencias en educación, salud, servicios básicos, que impiden las condiciones de vida digna.

¿Qué le ha dejado el trabajo pastoral con las/os afrocolombianas/os?

El fortalecimiento de mi propia identidad como mujer afrocolombiana, que se integra, sin dicotomía, a mi opción de vida religiosa laurita. La satisfacción de poder ayudar a otras personas y a mi pueblo a ponerse de pie para autoreconocerse, asumir la propia historia y buscar alternativas de vida digna.

Y como Superiora General, ¿qué significa ser afrocolombiana?

Significa la apertura que vive la Congregación, la valoración de la diversidad cultural y un gran desafío para apoyar el fortalecimiento de comunidades misioneras, espirituales y fraternas, con capacidad para responder a los retos actuales de la Iglesia y los pueblos indígenas, afro y urbanos marginados. Siento la responsabilidad de apoyar a cada laurita en su proceso personal, concibo la responsabilidad particular de respaldar la caminada de las hermanas indígenas, africanas y afroamericanas.

¿Alguna utopía?

La conformación de una Red que convoque a las organizaciones afrocolombianas y el fortalecimiento de las vocaciones indígenas y afro.


Muestricas del CAEDI



Pierre-Ignace-Liévin Van Alstein, Capitán negrero
Memorias del Instituto Francés de Africa Negra

Uno, el registro desalmado de un negrero.  Un texto en francés, publicado en Dakar, con detalles minuciosos.  Sólo se extraña uno: una manifestación de humanidad hacia las poblaciones que el autor esclavizaba.  Para investigadores de alto nivel.



Cultura afroamericana: De esclavos a ciudadanos
Miguel Rojas Mix, Biblioteca Iberoamericana

Un texto ágil, profundo dentro de los límites de su lenguaje sencillo.  Da cuenta, en sólo 128 páginas, del recorrido del continente africano en la pléyade de sus culturas hijas en América.  Un texto para quien quiera iniciarse en el mundo afro.

Dos muestras muy pequeñas de la riqueza en textos impresos que pueden encontrarse en el CAEDI en Bogotá.



miércoles, 2 de mayo de 2012

Cuatro valerosos desafiaron la muerte en Bojayá



El padre Antún, la hermana María del Carmen, y Domingo y Minelia son cuatro héroes de la tragedia de Bojayá.

El musgo se apoderó de lo que fue la escuela y el hospital, la hierba reventó las tapias y en la cancha en la que se escucharon tantos gritos pueriles de gol, los tubos de las arquerías hoy se caen a pedazos. Pese al olvido, el viejo Bellavista, en Bojayá, es considerado un santuario en el que hace 10 años la muerte quiso hacer ronda para llevarse todo lo que encontrara a su paso. Y casi lo logra, solo que se encontró con cuatro valerosas personas que le hicieron frente.

Las historias del padre Antún
Aquel aciago dos de mayo la iglesia San Pablo Apóstol, en Bojayá, se hallaba atestada de personas que buscaron refugio. Afuera, los enfrentamientos entre los paras del bloque Élmer Cárdenas y los guerrilleros del bloque José María Córdoba, arreciaban. En el templo, el padre Antún Ramos cargó con la responsabilidad de mantener serenas a 400 personas. No tuvo más remedio que orar y contar historias. "Me imaginé la película la Vida es Bella, en la que el padre le enseña al hijo que la guerra es como un juego y quise aplicarlo. Les dije que nos tomáramos de las manos y oráramos. Contamos algunas historias y por momentos, se olvidaron de las balas que cruzaban por encima".

Pero las historias fueron interrumpidas por el estruendo de las pipetas lanzadas desde un extremo del pueblo. La primera cayó a las 10 de la mañana sobre una de las viviendas. El segundo cilindro aterrizó detrás de la escuela, pero no estalló. A fuera, un guerrillero le advirtió a alias "Silver", comandante encargado de realizar el ataque, que los paramilitares se movían y que había gente en la iglesia. Pero "Silver" hizo caso omiso y dio la orden de que tiraran la otra pipeta. A las 11 a.m., el artefacto entró por el techo de la iglesia y se detonó, asesinando a 78 personas, de las cuales 48 eran niños.

Todos se llenó de humo negro y polvo anaranjado. Un terrible olor a pólvora invadió el templo. El cielo se oscureció. Sin brazos ni piernas y con un rostro de indignación quedó el Cristo que aún hoy se conserva. "En ese momento yo les dije que saliéramos porque nos iban a matar a todos. Una señora me dijo que ellos salían si yo iba adelante, entonces yo saqué una bandera blanca y me fui de primero", recuerda Antún. Salieron gritando que eran civiles y que les respetaran la vida. Fue así como el padre Antún distrajo a su pueblo de la guerra.

La valiente María del Carmen
Los guerrilleros lanzaron un cuarto cilindro que cayó detrás de la casa de las hermanas Agustinas Misioneras, la misma a la que los paramilitares trataron de entrar. De su cuerpo menudo y sus pequeños brazos, la hermana María del Carmen Garzón sacó fuerzas de donde no tenía y se apostó en la puerta junto con las otras hermanas. Desde adentró le dijeron a los paramilitares que no podían meterse allí "porque teníamos 130 civiles que no hacían parte del conflicto y que quedarían en peligro". Al volverse al corredor, encontró los cuerpos de varias personas agonizantes. "Comenzamos a atenderlos. Se hacía lo que podía porque la gente corría de un lado para otro buscando esquivar los disparos que seguían en el aire. Fue muy duro. Sentíamos impotencia al saber que tanta gente necesitaba ayuda".

Minelia, la auxiliadora
En el nuevo Bellavista dicen que a Minelia "le falta un tornillo". Ella se la pasa sentada en su vivienda de madera acabada por el agua y el sol, hablando de los muertos que vio en Bojayá y que dice fallecieron ahogados. Lo que no recuerda en su oscuridad mental es que ella fue una de las pocas personas que se dedicó a salvar vidas. A Minelia no le importaron los riesgos, tal vez en parte porque no tenía la conciencia tan diáfana. Después de la explosión de la pipeta en la iglesia, preparó agua con sal y se las dio a los heridos, aún en medio del fuego entre paras y guerrilla. Ella no recuerda su acto heroico, pero en Bojayá todo el mundo lo sabe y se lo agradece.

Domingo el cantante
A Domingo Valencia , diez años después, nadie en Bojayá le ha agradecido por enterrar a las víctimas. Y no le importa, porque, "las gracias de los muertos valen más que la plata que dan los ricos", dice. Tres días después de la tragedia, Domingo fue hasta su pueblo a cantarle a los muertos, desafiando incluso a los guerrilleros que ya se habían tomado el caserío. Cuando llegó no tuvo fuerzas para ver "toda esa 'carnazón' pegada de las paredes" y por eso le pidió un aguardiente a su acompañante para levantar los cadáveres que comenzaban a descomponerse.

Como pudo, cogía manos y pies y los ponía junto a los cuerpos a los que creía que le pertenecían. "Tuve que sacarlos en bolsas negras y ponerlos en un barco para irlos a enterrar. La gente no pudo llorarlos, pero yo lo hice por ellos y les canté los alabaos", recuerda el Cantante, como es conocido Domingo. Los muertos de Bojayá terminaron en una fosa común. Pero hasta en esa última morada estuvo Domingo.
  • 78 personas murieron en Bojayá el 2 de mayo de 2002, de los cuales 48 eran menores.

ANTECEDENTES

LAS PROMESAS NO CUMPLIDAS
Hoy hace 10 años que guerrilleros de las Farc en su afán por acabar con los paramilitares lanzaron cuatro cilindros cargados de metralla y explosivos en el pueblo de Bojayá. Para la conmemoración, los bojayaseños invitaron a una comisión del Gobierno Nacional para discutir las promesas que les hicieron años después y que no se han cumplido. Ante la ausencia de este, habitantes de Bojayá y Vigía del Fuerte se declararon en asamblea permanente y permanecerán en el coliseo del municipio hasta que haga presencia un representante con poder de decisión.