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viernes, 4 de mayo de 2012

Ayda Orobio Granja: Misionera afrocolombiana con el pueblo afrocolombiano


Texto: Oscar Elizalde Prada
Fotos: MML
Publicado el 27.04.2012



"He fortalecido mi propia identidad como mujer afrocolombiana que se integra, sin dicotomía, a mi opción de vida religiosa laurita".

El 14 de mayo de 1914, tras un largo proceso de gestación, la beata Laura Montoya funda la Congregación Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, más conocidas como Misioneras de la Madre Laura (lauritas). El celo y la osadía de esta mujer antioqueña, nacida en Jericó y maestra de profesión, ayudó a configurar una nueva primavera misionera en Colombia, penetrando selvas, ríos y montañas, para llegar a los más remotos rincones, habitados por pueblos indígenas, afro y mestizos.

Casi un siglo después, la Hna. Ayda Orobio Granja, afrocolombiana, nacida en Buenaventura y Superiora General de las Misioneras de la Madre Laura, continúa animando la obra iniciada por su fundadora. En diálogo con Vida Nueva Colombia, comparte algunos trazos de su itinerario vocacional, estrechamente vinculado al pueblo afrocolombiano.

¿Por qué optó por ser “laurita”?

La piedad de mamá influyó directamente en mi deseo de ser religiosa desde niña; papá me enseñó indirectamente a contemplar la naturaleza, no era amigo de oraciones, ni de la misa, pero atendía con mucha solicitud a las religiosas, los sacerdotes y especialmente a Monseñor Gerardo Valencia Cano, cuando necesitaban transporte por el mar o por los ríos.

¿Sobre la costa del Pacífico?

Así es. Mi padre, Arcesio Orobio, era oriundo del río Micay, y mi mamá, Paula Granja, del río Saija. Por eso mi niñez y juventud están ligadas a los ríos, al mar y a mi cultura afrocolombiana. Disfruté del ambiente campesino y sencillo donde papá nos enseñaba a recrearnos con la naturaleza, a sacar de ella lo necesario para la vida, en armonía y sentimiento de gratitud. Mamá era la encargada del comisariato, la tienda que surtía todas las necesidades de la familia y de los trabajadores. Con su trato amable y su generosidad, se ganaba el cariño de todos los pobladores del sector, que ella aprovechaba para  convocar a  la formación religiosa, sobre todo al rezo del Rosario.

¿Cómo era la vida en familia?

En la costa pacífica hablamos de familias extensas porque los abuelos y los tíos están integrados de forma directa al núcleo familiar. En mi caso la mayor vinculación fue con los abuelos maternos, pues con mamá María y papá Abelardo, como les llamábamos, pasamos varias temporadas de vacaciones. Ellos vivían en Puerto Merizalde, una hermosa población fundada por msr. Bernardo Merizalde, para congregar a los campesinos, afrocolombianos e indígenas de los ríos Naya, Yurumangüi, Cajambre y Micay.

Los abuelos tenían una casa grande de madera. En el primer piso funcionaba el almacén y en el segundo la vivienda, que tenía capacidad para albergar a toda la familia extensa. Cuando la abuela sabía que pasaríamos las vacaciones con ellos, empezaba a recolectar todo lo que sabía  nos gustaba y a separar del almacén los regalos correspondientes. Algunas veces coincidíamos con otros primos. Todos disfrutábamos las provisiones de mamá María: cocos, cangrejos, tortugas, iguanas, gallinas, chontaduro, papachina y demás productos de la región. Ella misma dirigía la cocina para hacer de cada comida una fiesta.

Unido al compartir familiar estaba la formación práctica en la vivencia de la fe, especialmente la celebración del domingo. Desde muy temprano empezaban a llegar las canoas cargadas con los productos para vender, pero no empezaban el comercio hasta no participar en la misa. En la casa de los abuelos, desde que sonaba el primer repique de las campanas, se debían acelerar los arreglos para salir con la ropa apropiada para participar en la misa.

Volvamos a la pregunta inicial, ¿cómo descubrió su vocación?

Cuando estudiaba en Quibdó, las lauritas que venían de Juradó y de Bahía Solano, se hospedaban en la Normal y casi siempre traían niños indígenas, unos para llevarlos al médico y otros para buscarles facilidades de estudio. Varias internas aprovechábamos para dialogar con ellas sobre su estilo de vida y sus ideales, su afán por ayudar a los más necesitados. Así comprendí que mi vida podía ser útil para apoyar a las personas excluidas por la sociedad. Posteriormente encontré en la biblioteca del colegio el libro: “Aventura Misional de Dabeiba”, donde la Madre Laura narra la fundación de la Congregación. Su experiencia me cautivó y desde ese momento decidí terminar la Normal y luego hacerme laurita.

Entonces después de la Normal, ¿continuó su formación con las Lauritas?

En efecto, terminé mis estudios como normalista en el Instituto Femenino Integrado de Quibdó, con las Hermanas de la Presentación. Ya con las Lauritas, realicé el  noviciado en Medellín y posteriormente hice la Licenciatura en Misionología en la Universidad Urbaniana de Roma y estudié Ciencias Religiosas en la Javeriana. Para fortalecer la Pastoral Misionera, realicé el Diplomado para Agentes Multiplicadores de Formación Interétnica, del Centro de Estudios Étnicos, y el Diplomado en Estudios Afrocolombianos en la Universidad del Cauca.

Siendo religiosa, ¿alguna experiencia particular fortaleció su identidad afrocolombiana?

El encuentro que fortaleció mi identidad y compromiso con el pueblo afro, fue la Misión de Noanamá, Chocó, entre los años 1987 y 1993, cuando se empezaba a trabajar con el pueblo negro la defensa del territorio. Las hermanas acompañábamos en el río San Juan el proceso de la Organización Indígena OREWA, y algunos líderes y asesores del movimiento indígena comprendieron que si el pueblo negro no se organizaba sería presa fácil de las multinacionales que empezaban a llegar al Pacífico. Para defender el territorio había que analizar la cultura y las tradiciones. Yo empecé a ver mi historia personal y familiar, reflejada en la historia y la cultura del pueblo que acompañaba. Entonces fue fácil fortalecer los temas de capacitación  al incluirme en el proceso. Recuerdo algunas consignas que proclamábamos: “Defendamos nuestra cultura y nuestro territorio”. “Oiga, mire, vea, métase a la pelea pa’ que el negro  si se vea… ¿y cómo?… ¡Luchando, creando conciencia de pueblo negro!”.

También empecé a participar en la pastoral Afrocolombiana, reforzando mi  experiencia con la de otros agentes de pastoral de Buenaventura, Quibdó, Guapi y  Tumaco, que venían rescatando las expresiones religiosas afrocolombianas: la forma de orar, los cantos (alabaos y arrullos), las reflexiones… Posteriormente participé en el V Encuentro de Pastoral Afroamericana (EPA), que se realizó en Quibdó con el tema de la etnoeducación para el pueblo Negro, allí se amplió mi horizonte y comprendí la urgencia de apoyar el Movimiento Afroamericano.

¿Alguna conquista memorable?

La participación activa en el nacimiento del Consejo Comunitario General del San Juan (ACADESAN) que logró la titulación colectiva de su territorio (683.591 hectáreas), y sigue luchando por la defensa de sus derechos. El fortalecimiento de la Corporación Centro de Pastoral Afrocolombiana (CEPAC), que ha logrado reconocimiento eclesial, social y jurídico, y ha publicado algunos libros como “Historia del pueblo afrocolombiano – perspectiva pastoral”, “Tradiciones religiosas afrocolombianas”, “Sazón del Pacífico – un homenaje a nuestros ancestros africanos”; y desde estos dos espacios, haber participado en el Movimiento Afrocolombiano que logró el Artículo Transitorio 55 en la Constitución Nacional de 1991 y la Ley 70 de 1993.

¿Qué se necesita para trabajar con el pueblo afro en estos tiempos?

Ubicarse bien en la historia del pueblo afro, sin agresividad pero con realismo, pues muchas dificultades personales de hoy son secuelas de las opresiones de ayer. Para los afro lo primero es el proceso de sanación con la  historia y la identidad personal, para los no afro lo esencial es llegar con la metodología de Jesús de Nazaret: acercarse al pueblo afro sin prejuicios, conocerlo, respetarlo, amarlo y, desde dentro, reconocer lo positivo y sugerir lo que se puede mejorar. El pueblo, que es supremamente intuitivo, dará el diploma de aprobación, aceptación e integración, como un miembro querido del grupo.

Por otro lado, para que el aporte sea efectivo, se necesita estar bien informado: conocer la reglamentación existente tanto nacional como internacional, las causas de la violencia en los territorios titulados y los que aun no se han podido titular, los temas actuales que siguen generando desplazamiento y muerte, entre otros la minería, el territorio, la biodiversidad y las carencias en educación, salud, servicios básicos, que impiden las condiciones de vida digna.

¿Qué le ha dejado el trabajo pastoral con las/os afrocolombianas/os?

El fortalecimiento de mi propia identidad como mujer afrocolombiana, que se integra, sin dicotomía, a mi opción de vida religiosa laurita. La satisfacción de poder ayudar a otras personas y a mi pueblo a ponerse de pie para autoreconocerse, asumir la propia historia y buscar alternativas de vida digna.

Y como Superiora General, ¿qué significa ser afrocolombiana?

Significa la apertura que vive la Congregación, la valoración de la diversidad cultural y un gran desafío para apoyar el fortalecimiento de comunidades misioneras, espirituales y fraternas, con capacidad para responder a los retos actuales de la Iglesia y los pueblos indígenas, afro y urbanos marginados. Siento la responsabilidad de apoyar a cada laurita en su proceso personal, concibo la responsabilidad particular de respaldar la caminada de las hermanas indígenas, africanas y afroamericanas.

¿Alguna utopía?

La conformación de una Red que convoque a las organizaciones afrocolombianas y el fortalecimiento de las vocaciones indígenas y afro.


lunes, 30 de abril de 2012

Ecuador: pueblos afro e indígenas reafirmaron su fe en Dios



IBARRA. Los pueblos afro e indígenas, con ritos propios de su cultura, participaron el domingo en las eucaristías que por el Año Jubilar realizó la Diócesis de Ibarra. Con estas demostraciones de fe reafirmaron su compromiso con Dios.

Ritual indígena. Pasadas las 08:00, el parque Simón Bolívar en el Ejido de Ibarra, poco a poco se fue llenando de indígenas; para esta ocasión especial los hombres vestían sus ponchos azules, pantalón y camisa blanca, mientras que las mujeres lucían sus camisas bordadas.

Antes de iniciar la peregrinación hacia la Iglesia Catedral, frente al santuario Jesús del Gran Poder, realizaron un altar; con plátanos formaron un círculo que significa el mundo, en su interior colocaron frutas, flores, verduras, plantas medicinales que con la gracia de Dios produce la tierra. No faltaron los elementos indispensables para la vida del ser humano, el agua, el fuego y la tierra. El taita mayor Santos Muñoz fue el encargado de realizar la ceremonia y la “oración inculturada”.

A este ritual propio de los indígenas se unió el Obispo de Ibarra, monseñor Valter Maggi.

Juan Marcelo Diaguillo de la comunidad de El Morlán de la parroquia de Imantag en Cotacachi, llegó con la imagen de la Virgen de Guadalupe y las guioneras para participar en la caminata hacia la Iglesia Catedral.
 
Moradores de las comunidades de Otavalo, Cotacachi, Antonio Ante, Urcuquí e Ibarra, participaron en esta celebración.

Cristo Negro. Al medio día, cuando el sol estaba en todo su esplendor, decenas de afrodescendientes se agolparon al ingreso a la Iglesia Jesús del Gran Poder donde fueron testigos de la entrega de un Cristo Negro por parte del Gobierno Municipal de Ibarra y fue bendecido por monseñor Iván Minda, el primer obispo negro, quien cumple la función de obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guayaquil. Danzas y música alegraron este acto de gran significado para el pueblo afro.

Luego de este acontecimiento inició la peregrinación con el Cristo Negro de más de un metro de altura que estaba sobre una anda con finos tallados.

Pasadas las 13:00 llegó la caminata donde la municipalidad entregó el Cristo a la comunidad afro y a la iglesia. Los feligreses ingresaron a la iglesia, con el Cristo Negro en su presencia participaron de la misa presidida por Monseñor Iván Minda.

Año Jubilar. El 29 de diciembre del 2012 la Diócesis de Ibarra cumplió 150 años de vida al servicio de la Iglesia y de la Patria. Entre sus pastores se cuentan figuras consagradas por la historia, como msr. Federico González Suárez, luego Arzobispo de Quito y el Obispo de Riobamba, msr. Leonidas Proaño, originario de San Antonio de Ibarra. Fue el Beato Papa Pío IX, quien erigió la Diócesis de Ibarra, por petición de las autoridades eclesiásticas y del apoyo especial del entonces presidente de la República, el doctor Gabriel García Moreno.

Monseñor Valter Maggi, menciona que para revelarse, entrar en diálogo con los hombres e invitarlos a la salvación, Dios se ha escogido, de entre el amplio abanico de las culturas milenarias nacidas del genio humano, un pueblo, cuya cultura originaria él la ha penetrado, purificado y fecundado.

Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad. Se trata también de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación, preocupación de la Iglesia asumida de forma continúa.

Monseñor Iván Minda, sostiene que la imagen del Cristo Negro es un símbolo de identidad, esto demuestra que la pastoral afro se consolida y gana su espacio en la vida y la misión de la iglesia.

Para cumplir los 25 años de la Pastoral Afro uno de los eventos más importantes será el encuentro de Pastoral Afro Continental que se realizará en Guayaquil del 16 al 20 de junio con la presencia de 15 países de Latinoamérica.



domingo, 2 de enero de 2011

La descendencia africana en Colombia

Lunes, 2 ene 2011 (RV).- (Audio)   Desde la óptica de la Iglesia en Colombia, hoy conversamos con el fraile franciscano Mario Rafael Toro, director del Área de Etnias y del Departamento de Promoción de la Unidad y el Diálogo de la Conferencia Episcopal de Colombia.  El nos habla de la población afrocolombiana, palpitante en aquella porción del Continente de la Esperanza. Radio Vaticano agradece su disponibilidad para conversar con nuestro auditorio sobre la situación de aquellos pueblos, y compartir las iniciativas que desde la Iglesia se están implementando para su promoción. 

ENTREVISTA COMPLETA AUDIO RealAudio   MP3

Producción: Patricia L. Jáuregui Romero



lunes, 10 de mayo de 2010

XIX EPA Colombia: recuerdos y compromisos



Las delegaciones de las regiones afro del país se encontraron el 4 de mayo 2010 en la grande catedral de Barranquilla, para la apertura del XIX Encuentro de Pastoral Afrocolombiana convocado por el Sección de Etnias de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC). A las 4 de la tarde inició la solemne celebración de la misa afro, presidida por el auxiliar msr. Ruiseco, que dio la bienvenida a nombre del arzobispo y  presidente de la CEC, msr. Rubén Salazar, que por causas imprevista estaba ausente. Alrededor de 250 delegados llenaron la inmensa catedral de cantos acompañados por el ritmo de los tambores. Uno de los momentos mas emotivos fue la procesión de la Palabra con danzas y ovaciones.

En los patios contiguos se presentó un acto cultural en que se dramatizaron los sufrimientos y opresión de la esclavitud, revelando la esperanza de un pueblo que ha sabido superar las trabas y dar un aporte fundamental a la costrucción de la Patria, retomando el tema central del EPA: “Afrocolombianas y afrocolombianos en el bicentenario: Iglesia y Estado”.

El 5 de mayo los asistentes se reunieron en la sede de “Lazos de Amor Mariano”, un coliseo cerrado con todo lo esencial para el desarrollo del evento. El doctor Fabio Teodolindo Perea pronunció la ponencia iluminadora del día: “Presencia y aportes del pueblo afrocolombiano en la histroia de Colombia”, insitiendo en el cimarronaje historico-colonial, republicano y actual como pensamiento afro.

Fue un sintetico recorrido a traves de personalidades afro o relacionadas con su historia, desde Domingo Benkos Biohó, de la Costa Atlántica, el rey Barule, que fundó el primer palenque en la costa pacifica (1727), y los cimarrones de Cartago y Pereira (1785), hasta al cimarrón Carlos Quinto Abadía que en la zona del Baudó enfrentó y le ganó a varias expediciones españolas. Resaltó el aporte afro en la independencia desde los primeros pasos de la revolucion bolivariana en Venezuela, al apoyo del general Petión de Haití, la ley de libertad de vientres, hasta la manumisión definitiva en 1851 por el general José Hilario López.  Subrayó que los ‘nuevos’ ciudadanos fueron utilizados por liberales y conservadores hasta en sus luchas internas.  Cuando la esclavitud se volvió poco rentable, denunció el hecho de que con la libertad fueron indemnizados los esclavizadores, que lanzaron a la calle los esclavizados sin nada, siendo considerados ciudadanos de segunda categoría.

A pesar de todo marcaron el pensamiento colombiano; es suficiente recordar a poetas como Candelario Obeso (+1874), o políticos como Luis Antonio Robles Suárez, primer afro en el parlamento, nacido en La Guajira. Cuando le gritaron ‘Se oscureció el Congreso”, contestó bravamente “pero se iluminan las mentes”. Otros grandes se destacaron en la educación, como Diego Luis Córdoba, o Pambelé en el deporte. Resaltó sobre todo el pensamiento actual del cimarronismo contemporáneo, las luchas por la nueva Constitución y la Ley 70, hasta las organizaciones afro que hacen presencia a todo nivel. Pero la realidad de los afrocolombianos todavía es de marginación y exclusión. En 2009 el informe de la ONU sobre discriminación racial en Colombia afirma constantemente la grave situación de las comunidades afro.

Celebrar el bicentenario para los afro es reclamar reconocimeinto con acciones positivas. Los grupos de trabajo profundizaron el tema a lo largo del dia.

El 6 de mayo se realizó un foro sobre la realidad afro y propuestas. La profesora Betty Ruth Lozano, de la Universidad del Valle, cuestionó la acción del estado colombiano y de la Iglesia, reconociendo los pasos dados, pero solicitando que, por lo menos, se llegue a nombrar una comisión para las reparaciones a un pueblo que fue explotado y todavía en su mayoría vive marginado y excluido.

El p. Neil Quejada Mena, por su parte, el 7 de mayo lanzó el tema de la solidaridad en las mismas comunidades afro, recordando lo que se dijo en el encuentro de Panamá (2009): la Pastoral Afro no es tanto una actividad, sino un camino de experiencia de Jesús, que está con el pueblo, vive su vida y lo llama a un compromiso solidario. En concreto solicitó el aporte para Haití de parte de cada delegación.  Presentó las actividades realizadas por CEPAC y las gestiones que realizan, sobre todo en el campo educacional, con miras a un centro de estudios étnicos.

En el encuentro se dio mucho espacio a la oración de la mañana, muy creativa y alegre, en particular en las eucaristías, que cada delegacion animó con especial esmero y sabor afro.

El XIX EPA Nacional despertó interés por la historia de los afro, en particular en lo regional; invitó a profundizar en los acontecimientos protagonizados por las figuras afro. Reanimó a los delegados para un nuevo empuje de la Pastoral Afrocolombiana para el bien de la Iglesia y de la sociedad; concretó iniciativas en el bicentenario, en particular durante el mes de mayo dedicado a la Afrocolombianidad.

RS