martes, 17 de abril de 2012

Arocha: El Ecce Homo y el canal interoceánico


Escribo desde el plan de raspadura, a veinte minutos de Istmina, dentro del distrito minero del río San Juan.

Me acompaña Yasaira Sánchez, hija del pueblo y miembro del equipo que estudia la espiritualidad de la gente afrocolombiana y raizal. Para 2013, nos proponemos montar en el Museo Nacional de Colombia una exposición que además de enseñar hechos desconocidos acerca de la religiosidad de la gente de ascendencia africana, los compare con sus equivalentes afroperuanos.

Documentamos los ritos alrededor de un oleo colonial que representa al Ecce Homo. Según Rafael ‘Pica’, hacia 1802, la minera María de la Paz Salamandra se lo quiso comprar al esclavista payanés Juan José Mosquera por media libra de oro. Como él insistía en venderla por dos libras más, los esclavizados le pidieron que les dejara disponer de la ‘raspadura’ diaria, hasta completar la cantidad exigida. El primer milagro fue el de la abolición. Otro ocurrió en 1949 por el aguacero que le concedió a Heriberto Orejuela, a quien le urgía lavar un oro que le permitiera celebrarle a su hija Francisca el grado de maestra. Al suceso lo reconocen como el origen de la fiesta que, con el nombre de Cuasimodo, hoy se sigue celebrando una semana después del domingo de ‘Resucitó’. Al principio, los chocoanos componían la afluencia excepcional de peregrinos que vienen a pagarle al santo sus ‘mandas’. Hoy, también proliferan los ‘paisas’ del Valle, Risaralda, Caldas y Antioquia, quienes compiten con los locales por cargar las andas de nazarenos, vírgenes y santos que desfilan desde la semana santa.

Además de la vitela sagrada, esta es una región de médicos raiceros y de parteras. Recorren ‘montes bravos’ recogiendo yerbas y raíces para los baños que parte de la feligresía, pide para el Jueves Santo o para las botellas rezadas o ‘balsámicas’ que curan picaduras de culebra, impotencia, esterilidad y depresión, entre otras enfermedades. Pese a que estos servicios han convertido a Raspadura en epicentro de la medicina tradicional de matriz africana, no se asoman las generaciones de relevo porque la ortodoxia católica no ve con buenos ojos que estas curaciones refuercen a las que realiza el santo patrono.

Por si fuera poco, según Rogerio Velásquez, hacia 1788, el padre Gabriel Arratachagui inauguró el primer canal interoceánico del país. Conectaba la quebrada Raspadura, afluente del San Juan, con la de Perico, tributaria del Atrato. Fue necesario porque el gobierno colonial había prohibido el comercio por el río Citará, bautizado A-trato por la medida que buscaba frenar el contrabando de mercancías, cautivos y cautivas que a lo largo del siglo XVIII practicaban los ingleses. Por su parte, la de Martín Juancho era una de las pilas que alimentaba las exclusas de madera y cobre, además de servirles a los mineros artesanales del área. Canal y pilas podrían ser sitios de la memoria esclava, dentro de los respectivos inventarios que elabora Unesco. Sin embargo, hoy retroexcavadoras y potentes bombas de agua los reducen a montones de cascajo gris, rodeados de los pozos azules de aguas estancadas que reciben los venenos para separar el oro de la jagua. Ojalá la locomotora de la minería no llegue a requerir el traslado de la catedral en construcción que alberga la santa vitela.



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I write from Raspadura plan, twenty minutes of Istmina within the mining district of San Juan River.

I am with Yasaira Sanchez, daughter of the town and member of the team who studies Afro-Colombian and Raizal* people spirituality. For 2013, we plan to mount in Colombia's National Museum an exhibition that, besides teaching unknown facts about the religion of people of African descent, it compares them with their Afro-Peruvian equivalents.

We documented the rituals around a colonial oil representing the Ecce Homo. According to Rafael 'Pica', about 1802, the Our Lady of Peace Salamandra mining corp. wanted to buy it to the slave owner from Popayán Juan José Mosquera for half a pound of gold. As he insisted on selling it for two pounds, the enslaved asked him to let them have the daily 'raspadura' (scratch), to complete the required amount. The first miracle was the abolition. Another occurred in 1949 by the downpour that was granted to Heriberto Orejuela, who was urged to wash a gold amount that lets him celebrate the graduation of his daughter Francisca as teacher. The event is recognized as the origin of the feast, with the name of Quasimodo, today is still held one week after the Sunday of 'He revived'. Initially the Chocoanos integrated the exceptional influx of pilgrims who come to pay the saint their 'mandas' (demands). Today, also proliferate the 'paisas' from Valle del Cauca, Risaralda, Caldas and Antioquia, who compete with locals for loading the litter of Nazarenes, virgins and saints from those parade in the Holy Week.

Besides the sacred parchment, this is a region of doctors raiceros and midwives. They walk 'brave jungles' collecting herbs and roots for bathrooms that part of the parish assembly asks for Holy Thursday or for prayed bottles or 'balsamic' those cure snake bites, impotence, infertility and depression, among other diseases. Although these services have made Raspadura in epicenter of African traditional medicine, not overlook relay generations because the Catholic orthodoxy doesn't welcomed that these healings strengthen those performed by the patron saint.

What's more, according Rogerio Velásquez, near 1788, Father Gabriel Arratachagui opened the first inter-oceanic canal in the country. It connected the Raspadura creek, tributary of San Juan, with the Perico, tributary of the Atrato. It was necessary because the colonial government had banned trade through the Citará river, batized A-trato (no treatment) by the measure that sought to stop the smuggling of goods, men and women captives throughout the XVIIIth century by the British. For his part, Martin Juancho was a battery that powered the locks of wood and copper, besides serving artisanal miners in the area. Canal and batteries may be sites of slave memory, within the respective inventories made by Unesco. Today, however, backhoes and powerful water pumps reduce them to piles of gray rubble, surrounded by the blue stagnant water puddles receiving the poisons used to separate the gold from the jagua**. Hopefully the mining locomotive would not require the relocation of the cathedral under construction that houses the holy cloth.



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